La flamante consorte de Haakon VIII no pudo acompañar a su marido en la jura. Un perfil de la mujer más polémica de la realeza europea actual.
Pocas veces una reina llegó al trono con tanto peso sobre sus hombros. Mette-Marit de Noruega, la flamante consorte del rey Haakon VIII, atraviesa el momento más desafiante de su vida precisamente cuando debería estar celebrando su nuevo rol.
En junio pasado se sometió a un trasplante de pulmón por la fibrosis pulmonar que le diagnosticaron en 2018 y todavía continúa recuperándose. Tan así que no pudo acompañar a su marido cuando juró como nuevo monarca ante el Parlamento noruego. Su lugar lo ocupó su hija, la princesa Ingrid Alexandra.
A esa fragilidad física se suman dos frentes que sacuden a la familia real con fuerza propia. El primero es la situación judicial de su hijo mayor, Marius Borg Høiby, que cumple prisión domiciliaria con tobillera electrónica en el Palacio de Skaugum tras ser declarado culpable de 34 delitos, entre ellos dos cargos de violación.
El segundo es el renovado interés en su antigua amistad con Jeffrey Epstein: aunque Mette-Marit ya había pedido disculpas públicamente en 2019, debió volver a hacerlo a principios de 2026 después de que surgieran nuevos documentos que la vinculaban con el financista condenado por abuso sexual.
Mette-Marit Tjessem Høiby nació el 19 de agosto de 1973 en Kristiansand, en el sur de Noruega. Hija de un periodista y de una empleada bancaria, tuvo una infancia marcada por la separación de sus padres a sus 11 años y por el alcoholismo de su padre, algo que ella misma reconoció públicamente.
A los 16 años hizo un intercambio escolar en Australia y, a su vuelta, comenzó una etapa caótica que incluyó fiestas, alcohol, drogas y relaciones complicadas. "Tenía tanto dolor que necesitaba salir y lo hacía con rabia y tristeza", recordó años después.
De esa época difícil surgió su vínculo con Morten Borg, un DJ que había estado preso por tráfico de drogas. Fue un romance breve que dejó como resultado a Marius, nacido en 1997, a quien Mette-Marit crió sola. Poco después, el destino la cruzó con el amor de su vida durante el Festival Quart, el mayor evento de rock de Noruega, donde conoció al entonces príncipe Haakon.
La relación no fue fácil: la opinión pública noruega se mostró implacable con el pasado de la futura princesa. Haakon pidió "comprensión" públicamente y ella pidió perdón por su vida anterior. "Yo estaba en un ambiente donde se rompen muchos esquemas y, la verdad, lo siento", declaró.
El 25 de agosto de 2001, la pareja se casó en la Catedral de Oslo en lo que se convirtió en la primera boda real del siglo XXI. Marius, de apenas cuatro años, participó como paje y acompañó a los recién casados al balcón del palacio para saludar al público, dejando una imagen inédita para la realeza europea. Juntos tuvieron dos hijos más: la princesa heredera Ingrid Alexandra en 2004 y Sverre Magnus en 2005.
Durante dos décadas, Mette-Marit se construyó una imagen de princesa moderna, comprometida con causas sociales y apasionada por la literatura. Pero la vida no dejó de ponerle obstáculos.
El diagnóstico de fibrosis pulmonar en 2018 fue un golpe duro que limitó su actividad oficial. La condena de Marius en 2026 fue otro. Y el trasplante de junio la dejó fuera de escena en el momento más simbólico: la coronación de su marido como rey de Noruega.
"Me vio. Me entendió. Y me abrazó", dijo Mette-Marit sobre Haakon al recordar los inicios de su historia. Con esa misma convicción llega ahora al trono, en su momento más difícil.