El piloto Valentín Yankelevich reapareció en redes sociales con una emotiva foto familiar junto a su hermano y su abuelo, tras denunciar violencia de su padre.
Valentín Yankelevich, nieto de Gustavo Yankelevich y segundo hijo de Romina Yan, reapareció en sus redes sociales con una publicación emotiva tras haber contado públicamente que sufrió violencia física y psicológica durante su infancia, principalmente de parte de su padre, Darío Giordano.
El joven de 23 años compartió una fotografía familiar en su cuenta de Instagram junto a su abuelo Gustavo Yankelevich y su hermano Franco, a quienes dedicó un mensaje de unión.
La publicación se dio luego de varios días de ausencia en las redes y tras la repercusión que generó su testimonio en una entrevista días atrás. “Siempre juntos”, escribió el protagonista junto a la imagen en la que se los ve sonrientes, reforzando el lazo familiar en medio de la delicada situación personal que atraviesa.
El piloto de TC2000 buscó así transmitir fortaleza y el respaldo que recibe de su entorno más cercano.
En la entrevista donde rompió el silencio, el joven relató el infierno que vivió en su casa, describiendo episodios de violencia física y psicológica desde los 9 o 10 años por parte de su padre, Darío Giordano.
Afirmó que fue su abuelo Gustavo Yankelevich quien los escuchó y ayudó a él y a su hermano Franco a salir de esa situación, obteniendo luego la tenencia de ambos tras un proceso judicial.
El testimonio del piloto conmocionó a raíz de su desgarradora descripción sobre la convivencia familiar tras el fallecimiento de su madre, Romina Yan. Aseguró que el distanciamiento con su padre biológico se profundizó con el tiempo y destacó el rol fundamental de su abuelo, a quien considera como un padre, por el amor y la contención que le brindó.
Por su parte, Darío Giordano emitió un comunicado rechazando las acusaciones y asegurando que esos hechos nunca ocurrieron y que fue sobreseído en una causa judicial en 2018.
Sin embargo, el reconocido productor cuestionó esa versión, señalando que la causa se cerró por razones procesales y no por inexistencia de culpabilidad, y que los niños le temían a su progenitor.