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Ni fritos ni revueltos: cómo cocinar los huevos para no arruinar sus nutrientes

Aunque los huevos se pueden cocinar de numerosas maneras, uno de los métodos no altera su perfil nutricional ni suma grasas innecesarias.

Versátiles y nutritivos, los huevos se convirtieron en parte clave de la dieta de millones de personas. Presentes en el desayuno, la merienda y la cena, se pueden preparar de numerosas maneras. Sin embargo, cada método impacta de forma distinta en su perfil nutricional. De hecho, solo una de ellas permite conservar sus propiedades y evita sumar grasas innecesarias.

De acuerdo a los especialistas, hervir el huevo es la alternativa más sencilla y saludable. Según precisan, la cocción en agua permite obtener un alimento nutritivo sin necesidad de incorporar aceite, manteca u otras grasas durante la cocción, alterando la estructura de las proteínas y aumentando sin justificación el aporte calórico. Además, el huevo hervido es práctico, económico, fácil de transportar y puede conservarse durante varios días en la heladera una vez cocido.

Los beneficios de cocinar el huevo hervido

Una de las principales ventajas del huevo hervido es que no necesita aceite, manteca o alguna otra materia grasa, como sí sucede cuando se lo hace frito. Aunque estas grasas pueden formar parte de una alimentación saludable en cantidades moderadas, agregan calorías al plato. Al hervirlo, se cocina directamente en agua. De esta manera, sus calorías proceden esencialmente del propio huevo y no de ingredientes adicionales.

Al hervirlos, los huevos no pierden sus nutrientes ni se le agregan grasas innecesarias.

Otra ventaja es la practicidad. Una vez hervidos, los huevos pueden guardarse en la heladera y utilizarse posteriormente en ensaladas, sándwiches, comidas rápidas o como acompañamiento. También son una alternativa sencilla para incorporar proteínas a una comida sin recurrir a preparaciones elaboradas.

Desde el punto de vista digestivo, el huevo hervido también suele ser mejor tolerado. Su textura firme pero suave facilita la digestión, especialmente cuando la yema está cocida pero no demasiado seca. Esto lo convierte en una opción ideal para personas con estómagos sensibles o para etapas de recuperación física.

Por qué el huevo hervido es mejor que el frito o revuelto

La principal diferencia no está en el huevo en sí, sino en lo que ocurre durante su preparación. Un huevo frito puede absorber parte de la grasa utilizada para cocinarlo, especialmente cuando se emplea una cantidad considerable de aceite. Por eso, una preparación que comienza con un alimento nutricionalmente equilibrado puede terminar teniendo un aporte energético mayor.

Este método de cocción permite que se mantengan por más tiempo en la heladera.

En los huevos revueltos ocurre algo similar. La preparación puede ser perfectamente saludable, pero muchas recetas incorporan manteca, crema, quesos grasos o cantidades importantes de aceite. Por lo tanto, las características nutricionales finales dependen de los ingredientes utilizados.

El huevo hervido, en cambio, ofrece una preparación más simple. No requiere ningún ingrediente adicional para cocinarse y permite conservar la estructura básica del alimento. Para quienes buscan una opción sencilla y moderada en calorías, puede ser una de las mejores alternativas.

Cómo hervir correctamente un huevo

El procedimiento es sencillo, pero respetar los tiempos permite conseguir el resultado deseado. Lo primero es colocar los huevos en una olla y cubrirlos completamente con agua. Se recomienda que haya suficiente cantidad de agua para que los huevos permanezcan sumergidos durante toda la cocción.

Luego de hervirlos, se recomienda pasar los huevos por agua fría para detener la cocción y facilitar el pelado.

Luego se lleva la olla al fuego. Una vez que el agua comienza a hervir, se puede reducir ligeramente la intensidad para mantener una ebullición constante pero no excesivamente violenta. A partir de ese momento, el tiempo depende del punto buscado. Para una yema más cremosa, alcanzará entre 6 y 7 minutos. Para obtener un huevo duro con la yema firme, el tiempo puede extenderse hasta unos 9 a 12 minutos. Una vez cocidos, se colocan en agua fría para detener la cocción y facilitar el pelado.

Es importante evitar un error frecuente: pensar que hervir el huevo durante mucho tiempo lo vuelve necesariamente más saludable. Una cocción excesiva provoca cambios de textura y un característico tono verdoso alrededor de la yema. Ese color aparece por una reacción entre compuestos de la clara y la yema y, aunque puede resultar poco atractivo, no significa que el huevo se haya vuelto tóxico.

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