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Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar
Carolina Alac se ríe frente a una fotografía en la que aparece su padre, Antonio, al lado de un policía, que lo dobla en estatura, que se lo lleva detenido durante la huelga obrera en la central hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados, desarrollada entre el 23 de febrero y el 14 de marzo de 1970, en plena dictadura militar de Juan Carlos Onganía.
Nacido en 1938 en la localidad rionegrina de General Conesa, Antonio Alac fue uno de los principales dirigentes, junto a Armando Olivares y Edgardo Torres, de la histórica huelga en la que participaron más de 4 mil obreros en reclamo de mejores condiciones de vida y laboral. "Mi viejo era alto, medía 1,82 metros, pero el policía que lo lleva detenido medía más de dos metros. En la foto mi viejo tiene un gesto como diciendo ‘Mirá lo que me mandaron para agarrarme’. A partir de ahí, pasó a ser otra la historia y ya no vuelven más a El Chocón", cuenta Carolina, quien nació en 1976, seis años después del momento en que las fuerzas represivas pusieron punto final a una de las protestas sociales más contundentes de la historia argentina.
Alac ya estaba afiliado al Partido Comunista cuando apareció el proyecto de la represa y entró a la obra de El Chocón como obrero especializado porque tenía experiencia en el manejo de maquinaria, de los camiones Terex, de gran porte.
La primera huelga se originó cuando Alac, Olivares y Torres no fueron reconocidos por la Uocra a pesar de que fueron elegidos por votación en la asamblea de obreros. Además, la empresa constructora los despidió y llamó a la Policía para que los detuviera.
Durante la huelga, Alac, quien murió en 2004, organizó las guardias obreras encargadas de vigilar el campamento y también las barricadas para impedir el ingreso de las fuerzas policiales y militares.
A 50 años de los hechos que escuchó siempre de boca de familiares, amigos y compañeros de militancia del padre, Carolina destaca: "Lograron, por un lado, algo inédito como la unión de las bases y del peronismo, el partido comunista y la Iglesia para la reivindicación de los derechos de los trabajadores y, por el otro, una valentía para enfrentarse a la dictadura, a más de 70 kilómetros de la ciudad de Neuquén, en plena estepa patagónica".
Dice que creció escuchando en su casa la palabra Choconazo, "como un lugar donde pasó algo muy importante". Con el tiempo se fue enterando de los hechos por el relato de los demás. "Mi padre era muy humilde y nunca lo escuché decir: ‘Yo lideré tal lucha’. Siempre fue la cuestión colectiva, el ‘nosotros’, y nunca lo individual. Él siempre hablaba de un proceso de lucha. Puedo afirmar que mi entendimiento siempre fue más desde la emoción que desde la cuestión política", explica.
Recuerda haber escuchado de su padre una anécdota que al relatarla le hace sentir su presencia. "Habían colocado dinamita en unos cajones debajo de un colectivo, pero estaban más vacíos que llenos, era para impedir que ingresaran los policías. Lo hacían para amedrentarlos y la Policía no se animaba a bajar del micro en el que habían venido. ¡Estuvieron como 12 horas dentro del colectivo!".
Desea que estos 50 años sirvan "para recuperar la historia del Choconazo porque en El Chocón no hay rastros de lo que pasó, como que los dinosaurios se comieron a los hombres".