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Héroe: cadete de la Policía salvó a un bebé de un año

Sofía Sandoval

ssandoval@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Alex Cabello conocía poco a sus vecinos. Reconocía apenas sus rostros y los saludaba con un gesto cuando se cruzaban en el barrio Primeros Pobladores de Centenario, sin sospechar que un episodio difícil iba a unirlos para siempre, luego de que salvara al pequeño Benicio de un destino trágico.

El domingo por la tarde, Alex ya tenía el bolso listo para regresar a la Escuela de Cadetes de la Policía Adalberto Staub, donde pasa internado toda la semana en su formación para integrar las fuerzas de seguridad. En su último rato libre optó por regar las plantas de su jardín, pero un grito desgarrador lo hizo descuidar el riego y ponerse en alerta. Siguiendo su oído, enfocó la vista en la casa de al lado y apenas pudo divisar unos gestos desesperados. “Dejé todo lo que estaba haciendo y fui a verlos”, explicó Alex.

Allí se encontró con Lorena, su vecina, que gritaba con su hijo de un año en los brazos. Sus bracitos le caían como un peso muerto y su vientre estático no se abultaba con la respiración. Al verlo, Alex recordó de inmediato sus clases en la Escuela de Cadetes y le pidió a Lorena que le entregara al chiquito. Mientras le practicaba reanimación cardiopulmonar (RCP), el joven de 23 años se preguntaba si lo que había aprendido en la teoría funcionaba en la práctica.

Alex mantenía la concentración y un rostro impasible. No podía preocupar aún más a los padres, por lo que alternaba los primeros auxilios con frases tranquilizantes y preguntas para saber cómo se había desvanecido el bebé.

“Cuando me dijo que estaba comiendo, le presioné el estómago”, explicó el cadete y aclaró que entonces la sangre que el bebé tenía en la boca se mezcló con el puré de manzana que logró expulsar. Enseguida, el aire entró otra vez en sus pulmones y sus ojos se abrieron con timidez, mientras hacía sin fuerza sus primeros movimientos.

Paola y el bebé se fundieron en un abrazo de júbilo y Diego Pamich, el papá del chiquito, alistó el auto para llevarlo al hospital de Centenario. Allí, los derivaron a una clínica privada de la ciudad de Neuquén, donde quedó internado para que los médicos lo observaran por el golpe en la cabeza.

Alex aprendió un poco sobre los vecinos al día siguiente, cuando la escuela le otorgó permiso para visitar al niño en la clínica. Supo que Benicio tenía un año y que ya caminaba con destreza, lo que lo llevó a resbalarse con el suelo mojado. En el encuentro, recibió también el abrazo infantil del chiquito y el agradecimiento infinito de los padres.

Después del susto y la proeza, la vida volvió a la normalidad para los protagonistas de esta historia con final feliz. Alex seguirá cursando su último año en la Escuela de Cadetes y la familia regresará a su casa. Sólo que en el próximo franco, cuando vuelvan a cruzarse en la vereda, se saludarán con un gesto especial.

“Benicio es hiperactivo, desde los diez meses que aprendió a caminar. El domingo sentí una gran desesperación pero por suerte fue sólo un susto que ya pasó”.Lorena Di Paola. Mamá de Benicio

“Todo lo que hice lo pude hacer porque lo aprendí en la Escuela de Cadetes. Me sentí orgulloso de poder ayudar a una familia por haber tenido la materia de primeros auxilios”. Alex Cabello. Cadete de la Policía

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