El balneario de Centenario lleva meses seco por la obra del puente en la isla El Porvenir. Prometen que el agua volverá, pero sin fecha concreta.
La pasarela que conecta la costa con una pequeña isla en el medio del cauce también está intacta. Pero el agua que debería correr debajo ya no está. El lecho del río Neuquén es ahora un extenso campo de piedras humedecidas, interrumpido apenas por algún charco aislado que refleja el cielo gris.
Ese es el panorama que encuentra hoy quien visita el balneario municipal de Centenario, ubicado sobre un brazo del río, en el sector conocido como Paseo Costero, entre la ciudad y Cinco Saltos.
El lugar, inaugurado en 2018, en la primera gestión del actual intendente Esteban Cimolai, rápidamente se convirtió en uno de los puntos de encuentro más queridos de la zona. Familias enteras llegaban a hacer asados bajo los árboles casi todo el año, y en verano el agua poco profunda que rodeaba la islita era el lugar preferido de los chicos para jugar y refrescarse. Esa postal hoy parece lejana, y con una promesa de que vuelva.
Es que desde hace varios meses, el caudal que alimentaba este brazo del río se redujo drásticamente. La causa está río arriba: la construcción del nuevo puente sobre la calle 7, que unirá el sector de chacras con la Isla El Porvenir.
Para llevar adelante la obra, fue necesaria una intervención hidráulica que modificó el curso del río y recortó el volumen de agua que llegaba al balneario. Es decir, cortar el agua del río, de manera provisoria, en medio de una baja de caudales en general, no sólo de ese pequeño brazo.
La isla El Porvenir tiene décadas de historia. Durante años, su único acceso fue un puente construido por los propios chacareros de la zona, una obra precaria que terminó siendo arrasada por las crecidas, especialmente la de junio de 2023. Tras eso, el Ejército instaló un puente Bailey provisorio que quedó en pie durante un tiempo como solución de emergencia.
La isla volvió a quedar sepultada bajo el agua durante las inundaciones, de ese año y mostró la peor cara: la fragilidad de su infraestructura y la urgencia de una solución definitiva para los vecinos de la isla.
A eso se suma otra complejidad. En la isla existe un condominio que lleva muchos años sin regularizar, una situación que agrega una disputa social y urbanística a una que históricamente quedó al margen del desarrollo formal de Centenario, por ser parte de la "zona inundable".
El nuevo puente viene a cambiar esa realidad. Fue adjudicado a la firma Limayser SRL por un monto de $1.017.234.780, calculado a valores de noviembre de 2024, y formalizado mediante el decreto provincial 703/25. El contrato incluye un anticipo financiero de $305.170.434 —el 30% del total— para garantizar el inicio sin demoras.
La estructura fue diseñada para soportar caudales de hasta 1.100 metros cúbicos por segundo, lo que apunta a eliminar de una vez la histórica vulnerabilidad de la isla frente a crecidas extraordinarias. El proyecto contempla además una intervención sobre el brazo norte del río para modificar su curso y morigerar el impacto de futuras inundaciones.
Pero esa misma intervención hidráulica es la que explica, en buena medida, la situación actual del balneario. El intendente Esteban Cimolai y el subsecretario de Recursos Hídricos, Horacio Carvahlo, recorrieron parte de la obra en los últimos días.
Ambos funcionarios reconocieron el impacto y aseguraron que el caudal volverá a la normalidad una vez que se libere el agua en ese sector del río. Sin embargo, no precisaron plazos. Mientras tanto, las pasarelas del balneario dan a un cauce seco, y la islita donde jugaban los chicos espera, entre piedras, que el río vuelva.
En paralelo, vecinos del sector de Avenida Cavalli, al norte de Centenario, denunciaron en los últimos días que el agua de red llegaba turbia, con un color que algunos compararon con el del petróleo. En buena medida informaron que se debe a la bajante del río Neuquén, y el exceso de barros. De todas maneras, se llevaron unas muestras para analizar.
Sin embargo, análisis realizados por la Municipalidad, según se pudo conocer, descartaron cualquier contaminación: las muestras arrojaron una turbidez de 1,8 NTU (unidad de turbidez) en las viviendas relevadas, mientras que el río registraba 8,8 NTU, valores dentro de los parámetros aceptables.