La mujer, de 56 años y denominada “la Paciente de Buenos Aires”, fue diagnosticada de su enfermedad en 1996, en el Hospital Naval. Su cuadro era avanzado: el recuento de linfocitos CD4, actores claves del sistema inmunológico, era muy bajo. En consecuencia, inició un tratamiento antirretroviral (TARV) con tres drogas y evolucionó favorablemente, tras lo cual obtuvo el alta. No obstante, con el transcurso de los años, los remedios suministrados provocaron efectos adversos, como la lipodistrofia (un trastorno de la distribución de la grasa) y la dislipemia (colesterol y triglicéridos elevados). Por ello, en 2007, los especialistas decidieron hacer una suspensión programada de la medicación. Cabe resaltar que actualmente, esa determinación no se recomienda.
“La suspensión no está recomendada porque enseguida hay rebote, sube la carga viral, los virus se replican, impacta en el sistema inmune, las defensas bajan y puede haber complicaciones clínicas”, explicó la infectóloga Isabel Cassetti, quien junto a Analía Urueña llevan el caso. “Después, aprendimos que los pacientes que suspenden la medicación con el tiempo pueden reaccionar peor. Pero en ese momento, lo hicimos y sorprendentemente, ella no tuvo un rebote”, agregó. El virus prácticamente era inhallable: las pruebas de anticuerpos daban negativas y tampoco se encontraba ADN del virus. “Parecía una persona que nunca había tenido VIH”, enfatizó.
En 2014, Urueña presentó el caso en un congreso internacional y entre los asistentes, la escuchaba Clifford Lane, director de Investigación Clínica y Proyectos Especiales del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés), que integra los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH). quien les sugirió realizar allí estudios de mayor complejidad. La afectada viajó acompañada por sus dos médicas en dos oportunidades, en 2015 y 2017, a la sede de los NIH, en Washington, y se sometió a biopsias de ganglios linfáticos, 30 de intestino, leucoféresis y punción lumbar para la obtención líquido cefalorraquídeo, con el objetivo de buscar reservorios del virus. Los análisis encontraron fragmentos de virus en la biopsia de cerebro, en el ganglio linfático y respuesta celular T a los antígenos del VIH. Eso documenta que la paciente estuvo infectada, pese a que el testeo da negativo. Los expertos concluyeron que “la Paciente de Buenos Aires” es un caso excepcional: es una persona con enfermedad avanzada con remisión virológica sostenida sin medicación antirretroviral durante 14 años, además de la pérdida de anticuerpos.