El fallo es de un juicio unipersonal -con un solo magistrado- que estuvo a cargo del juez Alberto Ortolani, del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1, y culminó el 24 de mayo con la condena.
Pilar: Esa zona de Buenos Aires era el radio de acción del Gaucho.
10 años
El fiscal de Pilar Carlos Washington Palacios, quien no sólo llevó adelante la acusación en el debate sino que también había hecho la instrucción, pidió en su alegato una pena de 10 años para Tigua, mientras que la defensa había solicitado la absolución. Los hechos por los que fue juzgado y condenado ocurrieron entre la noche del 10 y la madrugada del 11 de febrero de 2014 en dos campos vecinos a las canchas de la Asociación Argentina de Polo en Pilar, uno ubicado sobre la calle 203 y 64, y el otro en 199 y 64.
Del primer establecimiento rural se llevaron cinco caballos, entre ellos una yegua valuada en 3000 dólares y dos potrillos purasangres, cuyos embriones le costaron al productor damnificado unos 2500 dólares cada uno.
Además robaron un electrificador de cercos, riendas y medicamentos veterinarios.
En el otro campo, en tanto, cortaron un alambrado y robaron una yegua zaina criolla que pudo ser recuperada por el damnificado cuando la vio en la calle en un carro botellero, en poder de un hombre que se la había comprado a cambio de 1500 pesos y cuatro lechones a Tigua, quien fue el principal sospechoso desde el inicio de la investigación.
Hernán Agustín Ruiz, uno de los productores damnificados por los robos, dijo en el juicio que en la época en la que él sufrió el robo de su yegua y hasta que Tigua fue detenido "robaron 80 caballos en todas las quintas" de la zona de Pilar, y que "desde que está preso no robaron más caballos".
También desmantelaba automóviles
Las pruebas principales que incriminaron al Gaucho Tigua fueron los elementos encontrados en el allanamiento que la Policía hizo en el predio donde el condenado vivía y era empleado, una obra en construcción parada de viviendas sociales, ubicada en las calles Brugetti y Lima del Barrio Frino, de José C. Paz.
Algunos testigos contaron en el juicio que allí el Gaucho se manejaba como el dueño del lugar, que solía vérselo armado y que allí llevaba caballos "para faenar" y a veces "autos que desmantelaba".
Al mencionar el lugar del allanamiento, el otro damnificado por los robos, Claudio Ramón Vergara, lo describió como "una carnicería".
"Vimos sangre en el piso, una enorme cantidad de herraduras, sierras grandes de carnicería, cuchillos, chairas, mesa para carnear", dijo uno de los testigos del juicio.