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Juan José “Juanito” Vázquez se reconoce como “el personaje” de la esquina de San Martín y Combate de San Lorenzo/Cornelio Saavedra, donde todos los días desde hace 21 años ofrece los diarios a quienes transitan. Aún con pandemia, el trabajo del canillita no tuvo freno aunque reconoce que las ventas bajaron hasta un 30%.
Un día en la vida de Juanito es muy distinto al de la mayoría de la gente. Su día no empieza con el desayuno sino con la cena, cuando se despierta a las 22. A las 2 de la madrugada empieza su jornada laboral. Con su bicicleta negra, impecable y reluciente, bautizada como “La morocha”, Juanito busca los diarios a las 3 de la madrugada y a las 4 ya está en la esquina preparado para vender. Termina alrededor de las 11 y pega la vuelta a su casa, en el barrio Bouquet Roldán, cuando recién prueba el primer bocado del día. Entre venta y venta, siempre lo acompañan los mates. Almuerza y se acuesta a dormir hasta la noche. En ese mismo lugar vive solo hace 16 años, aunque tiene cuatro hijos.
La rutina de Juanito lo obliga a conocer una ciudad de Neuquén que poca gente conoce. Esa que de noche es silenciosa, oscura y tranquila. “A mí me gusta la tranquilidad que hay en este sector, pero cuando llega todo el movimiento, hay que moverse de allá para acá”, afirmó. El momento de tranquilidad que más disfruta es desde que llega hasta las 5.30 o 6, cuando empieza el movimiento de vehículos. Otro de los momentos “pico” de circulación es entre las 7 y las 7.15.
Durante la charla con LM Neuquén, son varios los vehículos que transitan y saludan con un bocinazo a Juanito. La escena demuestra lo que el hombre de 57 años reconoce: sus amigos están en la calle. “Lo que más me gusta es la amistad que tengo aquí en este lugar de trabajo. Me conoce todo el barrio, remiseros, taxistas, patrulleros, hay gente que pasa todos los días y me saluda”, afirma.
Esa es la gente que en distintos momentos difíciles de su vida lo ayudó. En el 2018, por ejemplo, sufrió un grave accidente al ser atropellado por un auto, lo que le provocó heridas en sus piernas que hasta el momento mantiene y lo obligan a caminar con dificultad.
“Me chocó un Audi en San Martín y Rufino Ortega y estuve postrado dos meses en el hospital con las piernas arriba. He venido muy mal a vender diarios y no puedo correr como antes, no me recuperé, pero tengo que salir adelante”, contó. Cuando le dieron al alta, Juanito tuvo que volver a su trabajo y muchos taxistas lo ayudaron llevándolo hasta su casa ya que no podía movilizarse solo.
Ahora, su vehículo -fundamental para su vida- es “La morocha”, cuya llegada un par de años atrás también esconde un gran gesto de bondad por parte de la gente que lo conoce. “Un hombre me regaló el cuadro de la bicicleta, así que la arreglé y la mantengo así, reluciente. Apenas llego a la esquina la limpio, la tengo que cuidar porque es mi herramienta de trabajo”, expresó con sensatez.
Entro otras dificultades que tuvo que superar también se encuentran hechos de inseguridad con algunos robos a mano armada, aunque nunca entregó la recaudación.
Desde el inicio de la cuarentena, los medios de comunicación fueron considerados servicios esenciales y, a pesar de la baja en la circulación de la gente en la calle, la impresión del diario no se detuvo. Aunque -como en todos los rubros- se notó la merma de las ventas, la actividad de los canillitas se sostuvo con firmeza, como todos los días, con lluvia, viento y hasta nieve. “El diario sigue saliendo pero en esta esquina la venta ha decaído un poquito más del 30%”, afirmó Juanito.
“Tuvimos altibajos, la venta ha venido decayendo por la pandemia pero hay que tener un poco de consideración con los lectores porque hay que saber que hay gente que no le alcanza la plata para comprar el diario. Por eso hay gente que se lo lleva y después me paga”, confió el canillita, y valoró que por estos años pudo hacerse de “clientes honestos, que son buenos pagadores”. “Trato de atender lo mejor posible a los clientes porque son los que nos fortalecen y yo fortalezco a los clientes”, reconoció.
Aún con las dificultades en las ventas, contó que durante la pandemia sumó nuevos clientes. “He hecho clientes nuevos, a pesar de la pandemia, que me han ayudado”, afirmó. Por este motivo, sus ingresos económicos -como los de muchos- se vieron afectados y, aunque no se las pudo rebuscar de otra forma, recibió ayuda de la gente que lo conoce. “Me ayudó la gente de la casa de la esquina y también de la iglesia, pero salí adelante vendiendo el diario nomás”, indicó.
Antes de ser canillita, Juanito también trabajó como ayudante de albañil y en una panadería. Empezó a vender diarios “cuando no estaba ni el asfalto” y, a pesar de las adversidades, sigue eligiendo este trabajo, que no cambia por nada. “Me quedó gustando más la venta de diarios porque hay más movimiento y tengo todas las amistades en esta esquina. Lo que más me gusta es que acá tengo mis amigos”.