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"La desaparición de Flor Penacchi fue un golpe y un despertar"

Agustina Paz Frontera es periodista y escritora, fundadora y activista de Ni Una Menos y co- directora de la agencia de noticias feminista LatFem. Creció en Neuquén y era amiga de Florencia Penacchi.

Por Paula Bistagnino - Especial

Agustina Paz Frontera nació en Buenos Aires pero su familia se mudó a Neuquén cuando ella tenía sólo 4 años en busca de una vida mejor. Es periodista, escritora –de ensayos, poesías, literatura y cine-, productora audiovisual, y fundadora y activista de Ni Una Menos. Hoy co-dirige la agencia de noticias feminista LatFem, es editora en El Cohete a la luna y además de publicar varios libros, dirigir un documental y varias cosas más, y fue ganadora del premio Lola Mora como periodista digital por su labor en 2018 y 2019. Tiene 38 años y es una de las referentes del feminismo.

"Estamos en un momento histórico que nos supera a todas y en el que todos los días pasan cosas nuevas y estamos repensando cómo llevar adelante esta lucha, que ya no es sólo de las mujeres. El feminismo hoy es un prisma desde el que se pueden ver todas las opresiones y creo que el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer ya debería llamarse el día de lucha contra el patriarcado", dijo Frontera (Paz es su segundo nombre) en una entrevista con LM Neuquén.

-Es imposible no empezar por acá: ¿cuáles son tus primeras impresiones de la denuncia contra el ex gobernador y senador electo José Alperovich?

-Espero que él se brinde a la justicia y enfrente el proceso judicial por el que está demandado como cualquier persona, y si es necesario dar un paso al costado como funcionario lo haga. Es un caso de alguna manera arquetípico, porque está encarnado en un personaje con mucho poder en una provincia muy conservadora en términos políticos y con mucho poder de las iglesias en su territorio. Pero a la vez es un caso más: estamos en un momento de transición en el que se están rompiendo un montón de viejas estructuras, se termina el silencio y existe la oportunidad de hablar, pero mucha gente no sabe cómo reaccionar. Me refiero a las mujeres victimizadas. Porque siempre la ruptura del silencio es difícil para la mujer víctima, sino también para un montón de gente, porque no hay herramientas para hacer ese proceso de forma “armoniosa”. El abuso de poder, el abuso sexual, la subordinación de la mujer, todo eso estaba muy naturalizado hasta hoy y entonces vamos viendo cómo hacerlo.

-¿Cuál es la importancia de la denuncia en la justicia en estos casos?

-Creo que la lucha feminista va también por lograr cambios en la justicia también. Por feminizarlo. Porque nosotras podemos considerar que es un sistema añejo, que es patriarcal, que nos expulsa y nos revictimiza, pero me parece que tenemos que dar la pelea ahí adentro. Porque hay leyes, que son conquistas de compañeras y compañeros para que sea menos patriarcal. Esa es mi posición. Hay también una posición en el feminismo contemporáneo que propone hacer una justicia alternativa, pero un caso así requiere una denuncia en un sistema formal.

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-¿Cómo te posicionás frente a los “escraches” hoy? ¿Es una herramienta válida cuando no hay posibilidad de ir a la justicia?

-Creo que es una herramienta más, que hay que usar con mucho cuidado porque es peligrosa también y hay que usarla en cada contexto. Porque cuando hay un escrache muchas veces la víctima se expone. Entonces hay riesgos. Porque como te decía recién, nadie sabe muy bien qué hacer y para qué lo hacemos.

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-¿Qué herramientas son imprescindibles para la erradicación de la violencia contra las mujeres y las feminidades?

-La Educación Sexual Integral, que es la apuesta al cambio cultural de fondo y a largo plazo, y que va junto con la batalla por el Aborto Legal Seguro y Gratuito. Porque no tiene sólo que ver con la prevención de embarazos y enfermedades sino con la construcción identitaria, de la afectividad y de los vínculos; la educación desde la infancia es la única que puede transformar esta forma machista, patriarcal que es la que hace creer a los tipos que para satisfacer su deseo pueden hacer cualquier cosa. Sólo con una educación en este sentido se puede ir en el camino de erradicar la violencia contra la mujer. Por supuesto también hay herramientas legales para la equidad y la justicia. Pero la clave es la educación.

-¿En qué momento entendiste cómo funcionaba el mundo?

-En mi casa en la infancia no hubo una desigualdad. Éramos dos mujeres y dos varones y siempre fue todo bastante parejo. Mis viejos eran ateos, así que por suerte no tuve ninguna de esas malformaciones. Creo que la diferencia aparece en la adolescencia y en el espacio público: una vez me acuerdo que en una pared de la escuela alguien había escrito “Agus Frontera puta” y fue terrible. Había algo en ese mensaje que era muy claro en el límite ¿no? En el límite de lo que podías hacer y ser como mujer. Claramente para los varones no había ese tipo de insultos.

-¿Y en qué momento te asumiste feminista y decidiste luchar para cambiarlo?

-Siempre tuve una posición crítica sobre el mundo, el sistema capitalista y la injusticia. Mi abuelo era comunista y siempre lo seguí mucho. Yo iba a una escuela privada en los '90 y ahí me separé de esa cosa del consumo y de la marca que en ese momento estaba tan de moda. Y era bastante crítica, casi medio dark. Después en la facultad me alimenté siempre también de las teorías más críticas y primero, si pudiera llamarlo activismo, colaboré en varios emprendimientos de comunicación de mapuches y pueblos originarios –escribió el libro Una excursión a los mapunkies-. Y llegué al feminismo en 2015, con el Ni Una Menos.

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-¿Creés que el feminismo es hoy el lugar desde el que se puede luchar contra las desigualdades del mundo hoy?

-Sí, sí, yo creo que el feminismo hoy es un prisma desde el que se pueden ver todas las opresiones: todas las que antes veíamos sin la pata del género, que era como subsidiaria del dispositivo de clase o de raza. Y ahora desde el feminismo podemos pensar estas tiras de la trenza un poco más entrelazadas. Yo quiero un feminismo que piensa clase, raza, género, sexo entrelazados y no un feminismo que piensa todo en términos de sexo o de género. No esos discursos que dicen que la mujer porque tiene útero… Yo no comulgo con ese “mujerismo” que implica desplazar del centro de la escena a otras identidades como las personas trans, no binarias, gays y lesbianas. Porque aunque tengamos nuestras particularidades, a todes el patriarcado nos imprime su violencia.

-¿Cómo llegás al feminismo y al Ni Una Menos?

-Para hablar de eso tengo que hablar de Flor Penacchi y su desaparición. Flor era mi compañera de colegio en el Jean Piaget y cuando vinimos a estudiar a Buenos Aires, en 1999/2000 vivíamos en el mismo edificio, en el mismo piso. Después yo me mudé y ella en 2005 desapareció. Para mí, mis amigas y amigos, fue como un golpe muy durísimo. No entendíamos nada. La sensación era que se la había comido la tierra y lo único que se sabía era la información que circulaba la policía en los diarios, y lo que decían era confuso, un día decían que se había ido porque quería, otro día la habían visto jugando al pool en Brasil, otro día que ella era consumidora de cocaína y después que listo, que no se la buscaba más. Aunque había indicios de que se trataba de un secuestro de una red de tratas con fines de explotación sexual. Nunca se trabajó mucho en esa hipótesis. Fue todo muy doloroso y a la vez un despertar: mis amigas neuquinas organizaron un colectivo que se llama “Sin cautivas” para conseguir justicia para Flor y memoria, además de luchar contra esto. Yo me quedé con esta sensación de que no había podido hacer nada o no había hecho todo lo que podía hacer y cuando empieza Ni Una Menos yo fui con eso: además de los femicidios está pasando esto: una mujer desaparece y no pasa nada.

-Dirigís una agencia de noticias feminista. ¿Por qué es necesario un medio feminista y cómo los medios contribuyen a la violencia contra las mujeres?

-Ni Una Menos hizo visible, por lo impresionante de la convocatoria, que los medios estaban escritos por tipos, que mostraban las fotos y tenía una mirada que no contaba lo que estaba pasando. Que frente a un femicidio o una desaparición como la de Flor, ponían el foco en la víctima, tergiversaban, eran funcionales al discurso del patriarcado. Pero también que nosotras mujeres periodistas, yo en ese momento estaba 24 horas en el Ni Una Menos porque me habían echado de CN23, no teníamos dónde escribir pero además necesitábamos un medio orgánico al movimiento. Y creo que logramos bajar la tolerancia a la violencia machista y tener una mirada más crítica sobre cómo opera en los discursos. Aunque en una investigación que hicimos con LatFem nos dio que si bien hay un reconocimiento mayor de la violencia, eso no quiere decir que haya menos prácticas machistas.

-¿Qué relación tenés hoy con Neuquén?

-Adoro Neuquén y voy todo el tiempo porque mi pareja tiene su familia allá. Están mis amigas más queridas allá y yo, aunque nací en Buenos Aires, me siento neuquina. Tengo un vínculo muy fuerte y ahora también estoy activando con mis amigas y con la organización La Revuelta, con las que voy a publicar una investigación que hicieron las socorristas de allá sobre cómo distintos agentes del sector de la salud articulan con ellas para garantizar la Interrupción Legal del Embarazo (ILE). Y yo lo que hice, porque era un informe muy duro, fue escribirlo de forma novelada: son un montón de entrevistas a todas las personas que trabajan en el sistema de salud público sobre cómo a veces hacen abortos y cómo a veces no pueden aunque sea legal. Se llama “Lila y el aborto” y acaba de salir de imprenta. Así que seguro que voy a ir a presentarlo.

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