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La Niña no quiere irse

Neuquén viene golpeada por una sequía que la agobia hace más de una década. ¿Cambiará la suerte?

Que el fenómeno de la Niña se tendría que haber ido, que el fenómeno del Niño tendría que haber ingresado, que es el calentamiento global, que nunca hizo tanto calor como ahora…

El dato objetivo es que Neuquén parece estar amenazada a otro año de sequía severa, igual que gran parte el centro y norte del país, de acuerdo a los registros que se vienen repitiendo en los primeros meses del año que recién comienza.

La seguidilla de temperaturas muy altas y la falta de lluvias en la cordillera son un coctel explosivo que podría complicar no solo la generación eléctrica (como ya está ocurriendo), sino que podría poner en jaque otras variables que tienen que ver con el desarrollo y la calidad de vida de las personas.

La falta de lluvias en varias provincias de todo el país provocó una intensificación de la sequía y generó que el 2022 se ubique entre los 14 años más secos desde 1961 en Argentina, de acuerdo al informe anual presentado en enero por el Servicio Meteorológico Nacional.

No obstante, existe la posibilidad que este combo climático amenazante se vaya debilitando con la llegada del otoño.

“De acuerdo a los modelos dinámicos y estadísticos, en promedio, en el trimestre febrero-marzo-abril 2023 (FMA), hay 73% de probabilidad de transición a una fase neutral, con lo cual se espera que la Niña continúe su debilitamiento durante el próximo trimestre”, dice el informe del SMN. En síntesis, mayores precipitaciones, más reserva de aguas en las represas y disponibilidad de un recurso que es cada vez más esquivo y más necesario para la vida.

No deja de ser un dato alentador, aunque, por ahora, es solo una proyección.

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