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La pandemia y los tapabocas: una oportunidad para emprender

Dos emprendedoras neuquinas tenían talleres de costuras y cambiaron los artículos de siempre por tapabocas. Cuentan cuáles son los más pedidos y cómo es su rutina de trabajo.

Comenzó como un recaudo de los más precavidos pero, a medida que avanzó la pandemia por coronavirus, el uso de tapabocas se expandió con rapidez. Más tarde, cuando se decretó su uso obligatorio y una multa a los que no cumplieran la medida, el barbijo cobró un protagonismo absoluto en la ciudad y se tradujo también en una oportunidad para las emprendedoras.

Malvina de Frettas y Luciana Barrera son dos neuquinas que desde hace varios tienen sus propios talleres de costura. En ambos casos, su actividad se redujo de modo notable con el inicio de la pandemia, por lo que casi sin querer decidieron dedicarse la confección y venta de tapabocas.

“La idea surgió a fines de marzo, por suerte tengo mi taller de costura en casa, yo diseño desde el 2009 y mi marca se llama MalviMalvi hago bolsos materos, bolsas de compras eco, cartucheras y accesorios varios, entonces tenía cintas, elástico y muchas telas, y al ver que no iba a poder vender en las ferias por un largo tiempo, comencé a hacer diferentes patrones de tapabocas hasta dar con el diseño más cómodo”, señaló Malvina.

Por su parte, Luciana inició su actividad luego de que la panadería del barrio le encargara una tanda de tapabocas. “En ese momento no le dimos mucha importancia”, dijo y agregó: “Como veíamos que el tapabocas comenzaba a ser parte de la vida diaria, se nos ocurrió hacer unas pruebas, como veíamos en internet, con el aerosol, y comprobamos que no pasaba para el otro lado. Ese video lo subimos a Facebook y nos llovieron las consultas”.

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Aunque muchas personas elaboraron sus propios barbijos con pañuelos o remeras viejas al inicio de la pandemia, la extensión de su uso motivó a muchos a adquirir tapabocas mejor confeccionados. Existen quienes adquieren más de uno para poder lavarlos o incluso para combinar distintos colores y estampados con el atuendo del día.

Luciana trabaja junto a sus hijos de 16 y 19 años. Suelen encargar las telas que le llegan a su taller y desde allí envían los pedidos de tapabocas que se mantienen en aumento. En especial, la mayoría compra los modelos lisos de color negro y los de animal print.

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Luciana y sus hijos encontraron en los tapabocas una alternativa.

Malvina, por su parte, afirmó que la demanda no bajó desde que comenzó la pandemia. “Desde abril por suerte la demanda siempre fue muy buena, de entre 50 y 90 por semana”, afirmó. Ella trabaja junto a su hija de 16 años, que se lleva un porcentaje de la recaudación, y también encargas las telas a través de Whatsapp para que le lleguen a su casa.

En la actualidad, los locales de telas ya abren sus puertas al público. Sin embargo, Luciana afirmó que prefiere ir sola a comprar para tomar los recaudos necesarios para evitar los contagios. Así, adquiere más materia prima para satisfacer la alta demanda. Desde que comenzó su emprendimiento, ya vendió cerca de 1500 tapabocas entre los neuquinos.

La necesidad las llevó a mantener el caudal de ventas con escasa publicidad. En muchos casos llegan nuevos clientes a través de las recomendaciones de conocidos, que esparcen la voz sobre la calidad de sus productos. Otras veces, las redes sociales funcionan como su vidriera. Con el avance de la pandemia, cada vez más gente se acostumbró a comprar online y recibir los pedidos en casa.

Los tapabocas de sus emprendimientos tienen un costo que oscila entre los 100 y los 220 pesos. Se pueden encargar distintos colores, estampados o incluso con estampas sublimadas. También los confeccionan en distintos tamaños para que se adapten al rostro de los niños, hombres o mujeres.

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