El prófugo tenía quemado el 36% de su cuerpo y como en la U11, donde estaba preso, no contaba con la atención médica necesaria, el juez Mauricio Zabala revió la prisión preventiva y le otorgó la prisión domiciliaria.
Dos de las condiciones para cumplir con este requisito eran continuar su tratamiento semanalmente y los rondines policiales.
Otro de los puntos que había advertido la fiscalía contra la prisión domiciliaria (en febrero de este año) era el entorpecimiento de la investigación, debido a que la testigo del homicidio es la hija de la víctima, que quedó sola, y corre riesgo al estar el hombre libre.
Enterada de lo sucedido, la fiscal Soledad Rangone solicitó el pedido de captura internacional de Méndez.