El sábado por la mañana, cuando fueron a entrenar, se dieron cuenta de que faltaba la mitad del alambrado. Los ladrones se lo habían llevado, sin que nadie haya visto nada, en un "trabajo" de por lo menos una hora.
"Acá nadie se compromete con nada. ¿Nadie vio cómo se robaron 800 metros de alambrado? Sentimos impotencia, damos quince pasos para adelante y veinte para atrás", expresó Luis "Pelusa" Barrios, entrenador del club Juventud Unida.
Esta institución se formó hace unos años y si bien juega en Lifune, hay muchos vecinos comprometidos con un proyecto que viene "desde abajo". Nunca tuvo una cancha y estaban empezando a construir la primera con enorme esfuerzo.
Las dos hectáreas que tiene la cancha estaban en el medio de un basural.
Desde hace unos meses, con la ayuda del Municipio y de algunas empresas, comenzaron a limpiarla para poder tener un lugar donde jugar al
fútbol, en uno de los barrios más alejados de la ciudad.
Bronca e impotencia
"Para mí fue fuerte porque el esfuerzo lo hicimos entre todos. Yo arranqué en este club y voy a seguir hasta donde dure", dijo Sebastián Reydett, uno de los jugadores, que dijo estar asombrado por el "cachetazo" que recibió la entidad y el barrio por el destrozo que hicieron en la cancha.
"A todos nos cuesta aportar algo, sentí mucha impotencia", dijo Milton Lillo, otro de los chicos que entrena en el club. "De a poco el club quería crecer, pero esto duele. Porque no sólo le sirve al club sino al barrio, que tiene que estar más comprometido con lo que pasó", expresó Milton, profundamente conmovido .