Más de 20 personas de distintas edades murieron en la semana producto de la ingesta de cocaína envenenada en el conurbano bonaerense. Casi un centenar fueron internadas y se presume que, con el paso de los días, se conocerán otros casos similares.
En el medio apareció un particular mensaje del ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, el multifacético Sergio Berni, en el que recomendaba no consumir la droga de color rosa para evitar la muerte por intoxicación. Sus palabras también fueron replicadas por las autoridades sanitarias.
El polémico mensaje fue cuestionado por la Iglesia, sectores de la oposición y aquellos que a diario pelean contra un flagelo y un negocio, al mismo tiempo, amparado por distintos protagonistas relacionados con el poder.
Sin políticas públicas serias, el flagelo de la droga no se terminará, ya que es una gran “industria” que mueve la rueda del dinero. Pero, al mismo tiempo, deja a miles de hombres y mujeres inmersos en una enfermedad que no parece tener salida. Es tan así que hubo casos de jóvenes que se salvaron de la droga adulterada y, luego de recibir el alta, siguieron consumiendo hasta morir.
La visibilidad del flagelo que observamos esta semana en partidos como Tres de Febrero o Hurlingham se repite en gran o menor escala en distintas ciudades del país, y Neuquén, tristemente, no escapa a esa realidad. No es que la droga sea mala pero no tan mala, como pareció transmitir el polémico mensaje. Siempre es mala, siempre mata. Es hora de ponerse los pantalones en la lucha contra los narcos y dejar de amparar o hacer negocios.