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Aunque dibuja desde que tiene uso de razón, nunca tomó una clase infantil de ilustración. Milagros San Martín era como todas las nenas de Neuquén, que se ponían a dibujar sobre la mesa para matar un poco el tiempo. Y ahí le salían unos diseños tribales, como mandalas de su propia impronta, que replica todavía hoy en Nee Visual Catarsis, su emprendimiento de ilustraciones para todas las superficies.
Cuando terminó el colegio secundario, y sin una vocación demasiado clara, se decidió a estudiar Publicidad. Sin embargo, la carrera no estaba disponible cerca de Neuquén capital, su ciudad natal, por lo que decantó por la carrera de Diseño Gráfico en una universidad privada de la zona. Hoy se alegra de haberla elegido: "Ahora digo qué suerte que no estudié Publicidad", dice entre risas.
Es que un germen artístico latía siempre adentro de Milagros. Como un impulso secreto que la llevaba a estampar sus diseños en todo lo que veía. "Cada vez que encontraba algo liso, o algo pintado de blanco, yo lo quería intervenir, y creo que todos mis amigos deben tener algo rayado por mí", explica.
En su paso por la carrera, la joven de 31 años logró combinar lo mejor de los dos mundos. Ese instinto artístico que se le desbordaba de las manos con una base de formación sólida para darle orden a su pasión. Así aprendió acerca de composición de la imagen, de formas, texturas, uso de los espacios y paletas de colores: una caja de herramientas para lanzarse a dibujar.
Milagros comenzó primero como diseñadora gráfica independiente. Hacía flyers en su computadora y aceptó un trabajo fijo en un organismo del Estado, en el área de comunicación interna. Pero todavía le faltaba canalizar ese espíritu creativo que inclinaba su balanza siempre hacia el lado del arte. Y así nació Nee Visual Catarsis, como una forma de bautizar esas ganas que tenía de rayarlo todo.
Su primera experiencia fue con un mural. Le pidió a una amiga muralista que la acompañara y dejaron su huella en Río Grande, el barrio donde vive. En cada pincelada, el sello de Milagros se hacía notar. Y pronto, su propia impronta fue ganando fanáticos.
"Yo creo que la carrera me dio una base enorme, pero siempre tenés que seguir formándote. Y aprendo mucho del contacto con otra gente que ya ha tenido este tipo de experiencias. Cuando pintamos juntos, me dan consejos sobre una herramienta, cómo usar una escalera o cómo mezclar un color. Yo sigo aprendiendo", detalla la emprendedora.
Así, su proyecto sumó cada vez más hazañas. Las más cotidianas, que incluyen pintar macetas o las tapas de madera de las mesas de luz. Y las más extravagantes, como le tocó en Uruguay, cuando la convocaron a intervenir una heladera gigante y en desuso que ellos usaban como librería. "Era muy tridimensional, había que pensar en todas las caras", recuerda.
Milagros dice que el proceso que queda entre la idea y la pieza ya pintada es largo. "Hay veces que pinto un mural por encargo, y ahí la temática la fijan otros, y otras veces, cuando pinto objetos, me van saliendo cosas a mí", dice y agrega que, cada vez que deja su pincel libre, le salen, casi por instinto, esos diseños casi tribales que tiene guardados en el subconsciente.
"Cuando me dan un tema libre, pinto diseños florales que son un poco abstractos", asegura. Y se le anima a todas las superficies. Pinta paredes pero también mates, macetas, zapatillas y hasta bicicletas. En cada soporte hace una traducción: usa pinturas agresivas con solvente para el metal y otras más amables, al agua, para las paredes. Algunas telas las interviene sólo con marcador. Una superficie, un nuevo reto.
Aunque sabe que su sueño es vivir viajando y pintar en donde el destino la encuentre, por mucho tiempo pensó que vivir de su murales era algo imposible. Hasta que atravesó un proceso de incubación en el COPADE, a donde llegó por la recomendación de una amiga.
"Me anoté y la primera vez el proyecto estaba mucho más desarmado, no quedé adentro de la incubadora pero me dejaron asistir a las capacitaciones", dice. Así se animó a delinear más su trabajo y presentarse de nuevo. Quedó en la versión 2021 y sacó provecho de todas las herramientas.
"No es sólo definir cuál es tu producto y cómo venderlo, es también un acompañamiento emocional, donde los tutores descubren qué es lo que te gusta hacer y cómo es la forma en que querés trabajar", dice. "A mí me daban miles de opciones pero era yo la que decidía lo que quería hacer. Me proponían, por ejemplo, hacer agendas, pero eso tiene que ver más con mi trabajo de diseñadora free lance que con este proyecto", detalla.
En un proceso de tres meses, con capacitaciones semanales y espacios de mentoría que siempre se prolongaban por encima de la hora semanal que estaba propuesta, Milagros le fue dando forma a su emprendimiento y ganando la confianza necesaria para animarse a más. También se nutrió de ideas que, de otra forma, nunca hubieran aparecido en la cabeza.
"Me decía que si hacía un mural, podía hacer una maceta con ese diseño y sortearla, y así fue creciendo mi página", dice sobre Nee Visual Catarsis, que todavía tiene un grupo selecto de seguidores en Instagram. "Entendí que siempre hay que estar en movimiento y produciendo, y esa es la forma de crecer", agrega.
Si bien las tutorías duraron apenas tres meses, la diseñadora siguió en contacto con sus tutores, que se involucraron en gran medida con su proyecto. "Es mucho más que una capacitación, son profesionales de primer nivel que se suman a tu proyecto y empujan por un rato con vos", expresa.
Milagros también entendió cómo interpretar su producto como algo mucho más grande. "A veces pensamos que vendemos un mural, pero en realidad vendemos la calidez de un espacio", dice la joven, que ha intervenido las paredes de distintos locales para crear ambientes atractivos y acordes a cada actividad.
Aunque la incubadora del COPADE le brindó herramientas para convertir su amor por el dibujo en un negocio, ella no se olvida del disfrute cada vez que agarra un pincel. Y ahora, aunque busque consolidar una actividad rentable, todavía es la nena que se sienta en la mesa a pintar para matar el tiempo, y todavía le salen esos tribales abstractos que sólo existen en su imaginación.
Sin embargo, reconoce que ese espacio de formación le dio las herramientas para canalizar sus ansias creativas en un proyecto más serio. Y también la confianza para animarse con un futuro diferente, donde el arte sea su principal motor y también las alas para salir a explorar el mundo, armada de su pincel y sus ganas de dibujar.