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La promotora del evento ofreció entradas gratis, el gimnasio Alexis Argüello lució con poco público, ocupándose apenas entre un 10 y 15% sus asientos, ya que se respetaron las distancias recomendadas. La capacidad del gimnasio es de 8.000 personas. Los organizadores no informaron de inmediato el número de asistentes. Los comentaristas de la televisión oficial proclamaban con orgullo que esta es “la única cartelera en vivo a nivel mundial”.
Hubo medidas sanitarias antes y durante el evento en el que se guardó un minuto de silencio por las víctimas de COVID-19 en el mundo. En la pelea estelar, Robin Zamora se impuso por puntos frente a Ramiro Blanco por decisión unánime, y entre los presentes estuvo el tetracampeón mundial Román Chocolatito González.
Casi todos los boxeadores desfilaron desde los vestuarios hacia el cuadrilátero con barbijos en sus rostros, y solamente se las quitaron cuando iniciaban los combates, algo inédito en el boxeo internacional.
Las mascarillas también fueron utilizadas en todo momento por los asistentes de los púgiles, quienes además cubrieron sus manos con guantes de látex. La mayoría de los árbitros, así como el presentador, también subieron al ring con sus barbijos.
Previo al inicio de la velada, cada persona que ingresó al Polideportivo Alexis Argüello, en Managua, lo hizo con un barbijo y debió desinfectar las suelas de sus zapatos en una alfombra con cloro, así como sus manos con alcohol. Las personas que registraron temperaturas corporales sobre los 37 grados fueron rechazadas.
Adicionalmente, los visitantes fueron obligados a mantener el distanciamiento social de al menos un metro y medio, incluso en las butacas, tal como había anunciado el promotor de la velada, el exbicampeón mundial de boxeo Rosendo Álvarez.
El Covid-19 es un tema que causa controversia en Nicaragua, ya que el Gobierno únicamente reconoce 12 casos confirmados de la enfermedad, con tres muertos, y sin transmisión local comunitaria, pese a que ignora las recomendaciones de la OMS.
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