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La vicepresidenta de Estados Unidos y candidata demócrata se ubica en un escenario muy distinto al de Joe Biden. Ventajas y desventajas ante su rival.
Kamala Harris, de 59 años, logró imponerse con solidez en la Convención Nacional Demócrata como la nueva candidata presidencial del partido, revirtiendo así todas las dudas que había internamente sobre su capacidad para postularse al cargo de presidenta de Estados Unidos.
No sólo fue ovacionada en el encuentro por muchos que antes la habían desestimado, sino también logró el consenso necesario con el apoyo más importante que necesitaba: el de Barack Obama. “Kamala Harris está lista para ese trabajo. Ella Puede”, afirmó el expresidente.
También obtuvo el apoyo de Bill Clinton, entre otras grandes figuras demócratas. Hay una euforia palpable entre los demócratas con este reemplazo de Kamala por Joe Biden.
Hasta hace sólo un mes los demócratas pensaban que perdían frente a un dominante Donald Trump, que había calado muy profundo en la simpatía estadounidense debido al fallido atentado del 13 de julio. Ahora el escenario es distinto.
Kamala disparó el respaldo popular y su imagen creció entre los estadounidenses. Esto lo reflejan las encuestas y la recaudación de fondos para la campaña, que ya superó los 500.000 millones de dólares.
Pero los sondeos también anticipan unas elecciones muy parejas con el magnate inmobiliario, con estados claves aún en duda.
Hay una valoración favorable de Harris en Estados Unidos, que viene creciendo en forma constante. De junio a agosto se incrementó 13 puntos, lo que representa un salto significativo.
También el índice de aprobación del trabajo de la vicepresidenta llega al 47%, siete puntos por encima del registro anterior de diciembre de 2023.
En cuanto a la carrera concreta hacia los comicios nacionales del 5 de noviembre próximo, el escenario sigue siendo muy reñido, aunque con una ligera ventaja a Harris y su compañero de fórmula, el gobernador Tim Walz.
La diferencia más significativa entre todos los sondeos es la que ofrece la nueva encuesta publicada por ABC News/Washington Post/Ipsos.
Según esa encuesta, la candidata demócrata tiene una ventaja de 50% de apoyo frente al 45% que recibe Trump en general, con un punto porcentual menor (49%-45%) entre los votantes registrados.
Los últimos números que maneja FiveThirtyEight, un sitio estadounidense dedicado al análisis político y encuestas, muestran que Harris adelanta a Trump por un margen de 3,5 puntos porcentuales: 47,2% frente al 43,7%.
El tercer sondeo, publicado por The Hill/Decision Desk, ubica a Harris con un estrecho 1,8% por encima de Trump, a nivel nacional: 49% para la demócrata, frente al 47% del republicano.
Si bien Harris logró redibujar el mapa electoral, que antes favorecía indudablemente a Trump, aún nada está definido en las elecciones estadounidenses.
Las presidenciales en Estados Unidos se realizan mediante un sistema de elección de delegados estado a estado. Cuando los electores depositan sus votos por un candidato determinado, en realidad están indicándole al elector de su estado por quién tienen que votar como presidente y vicepresidente y son ellos los que elegirán al presidente en otra votación en diciembre.
Solo una decena de estados están inclinados significativamente hacia alguno de los partidos. Los demás aún están en duda.
Además, el ganador depende siempre de un puñado de estados. Los analistas señalan que son siete los estados determinantes en los comicios: Nevada, Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Carolina del Norte y Georgia.
Los llaman “swing states” (estados cambiantes), porque los resultados suelen ser muy ajustados y puede modificarse de un partido a otro en cada elección.
En tres de esos estados, Pensilvania, Wisconsin y Míchigan, los sondeos de la cadena de televisión CBS muestran que Trump y Harris están empatados hasta el momento.
Kamala está en alza, pero los datos confirman que de todas maneras serán unas elecciones muy reñidas.