Durante su recorrida por Casavalle, el Sumo Pontífice escuchó a los vecinos y advirtió sobre la violencia, la pobreza y las dificultades que atraviesan las familias.
En medio de calles atravesadas por las dificultades sociales y económicas, el Papa León XIV llegó este sábado al barrio Casavalle, en Montevideo, Uruguay, para encontrarse con una comunidad que convive diariamente con la pobreza, la violencia y la exclusión. Durante su visita, dejó un mensaje centrado en la solidaridad y la necesidad de construir una sociedad más justa.
El Pontífice fue recibido en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, donde compartió un encuentro con los vecinos y conoció algunas de las iniciativas que lleva adelante la comunidad. Su paso por uno de los sectores más postergados de la capital uruguaya estuvo marcado por un fuerte discurso social, en el que llamó a no permanecer indiferentes frente al sufrimiento de las personas más vulnerables.
León XIV recorrió las calles del barrio, escuchó testimonios y destacó el trabajo de quienes, desde distintas instituciones, buscan mejorar las condiciones de vida de las familias. También reconoció el esfuerzo de la parroquia para impulsar la construcción de viviendas destinadas a personas de escasos recursos, un proyecto que recibió el apoyo de benefactores de la Papal Foundation.
Durante su intervención, el Papa hizo referencia a las situaciones de violencia e inseguridad que afectan a la comunidad y advirtió especialmente sobre las consecuencias que tienen para los niños y las familias.
"No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos", expresó.
En ese sentido, también manifestó su preocupación por las personas que atraviesan situaciones de soledad y vulnerabilidad. Para el Pontífice, estas realidades requieren una respuesta colectiva que no se limite a las palabras, sino que se traduzca en acciones concretas.
Para transmitir ese mensaje, recurrió a la parábola del buen samaritano, un relato bíblico que utilizó como ejemplo de solidaridad frente al sufrimiento ajeno. Recordó la historia de un hombre que fue atacado por bandidos y abandonado en el camino, hasta que otra persona decidió detenerse para ayudarlo.
A partir de esa enseñanza, convocó a los presentes a acercarse a quienes necesitan ayuda y a dejar de lado la indiferencia. También destacó el trabajo de las instituciones y de las personas que colaboran para atender las necesidades de los sectores más vulnerables.
En otro tramo de su discurso, León XIV destacó el papel de las parroquias como espacios de acompañamiento y contención. Señaló que su misión debe ser ofrecer ayuda espiritual, pero también estar cerca de quienes atraviesan dificultades concretas.
En ese marco, valoró el proyecto habitacional impulsado por la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, que contempla la construcción de varias viviendas para familias de escasos recursos.
El Papa agradeció especialmente a quienes hicieron posible la iniciativa y remarcó que la Iglesia debe trabajar de manera conjunta con la sociedad civil y el Estado para responder a las necesidades de la población.
"En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos", sostuvo.
Finalmente, llamó a unir esfuerzos para construir una sociedad en la que las personas más vulnerables no queden relegadas y en la que la solidaridad se convierta en una práctica cotidiana.