Fue condenada luego de estar durante casi 10 años engañando a varias familias y el Estado, para que la cuidaran. Los detalles de un engaño de película.
Según comprobó la Justicia de Santa Catarina, la mujer engañó de manera sistemática a familias, vecinos y organismos del Estado haciéndoles creer que era una niña de apenas 12 años sin amparo familiar y que atravesó diversas situaciones de extrema vulnerabilidad.
Para sostener su mentira, la acusada adoptaba identidades ficticias, modulaba una voz infantil, recurría al uso de mamaderas o chupetes y apelaba a relatos desgarradores sobre agresiones, abandono y padecimientos de salud para conmover a sus víctimas.
La mujer identificada como Amanda María Souza de Oliveira. Su maniobra más reciente salió a la luz en junio de este año en la localidad de Joinville, cuando un grupo familiar descubrió que la supuesta adolescente que albergaba en su casa era en realidad una persona adulta.
"Admite que inventó una identidad", remarcó el abogado Lúcio Sousa al medio brasileño O Globo y lamentó: "Fue la manera que encontró para sobrevivir".
La historia comenzó a descubrirse cuando la mujer, bajo el falso nombre de Gabriele, se acercó a una familia de Joinville a través de un pastor de una iglesia local.
Allí dijo tener 18 años y experiencia en panadería, y pidió ayuda para conseguir trabajo. Con el tiempo, relató graves problemas de salud y una situación económica desesperante, lo que sensibilizó a la familia, que terminó invitándola a vivir en su casa.
Al llegar, la mujer confesó que en realidad tenía 12 años y que era víctima de abusos. El delegado Rodrigo Bueno Gusso, a cargo de la investigación, explicó que la mujer "consiguió secuestrar emocionalmente a la familia" y llevó una “vida de adolescente muy buena” durante el tiempo que vivió con ellos.
Durante más de un año, la familia se hizo cargo de su alimentación, medicamentos y otros gastos personales. Amanda tuvo una habitación decorada especialmente para ella, juguetes y una fiesta de cumpleaños.
Ante las dudas sobre su rasgo físico, la mujer justificaba su apariencia afirmando que había sido sometida de manera forzada a tratamientos hormonales en sus primeros años.
El engaño se mantuvo hasta que una tía de la familia, que nunca creyó la historia, empezó a investigar por su cuenta. Buscando en internet, encontró un caso idéntico en Río de Janeiro, con el mismo modus operandi y el mismo nombre. Así, alertó al padre adoptivo, que decidió denunciar la situación a la policía.
La detención de Amanda se produjo la semana pasada. Ahora, permanece a disposición de la Justicia, con prisión preventiva, mientras se le realiza un examen de salud mental para determinar su estado psíquico.
La farsa comenzó a desmoronarse y tras la denuncia, la Policía Civil de Santa Catarina arrestó a la implicada, quien terminó reconociendo el uso de identidades falsas.
Finalmente, el pasado 20 de agosto los tribunales dictaminaron su responsabilidad en los delitos de fraude y usurpación de identidad.
A pesar de que pericias psiquiátricas previas indicaron la presencia de trastornos de personalidad, la Justicia de Santa Catarina determinó una condena a un año de prisión en régimen semiabierto, fallo que será apelado por la defensa de la imputada.