Un libro revela mensajes inéditos sobre Cristina Kirchner y Javier Milei, entre otros contenidos privados.
El 21 de abril del 2025 marco un hito en la historia del mundo, ese día partió el Papa Francisco a los 88 años. A un año de su muerte, se multiplican los recuerdos, mensajes y objetos que dejó. Uno de los que mayor repercusión ha tenido es la difusión de un libro con su correspondencia privada, que reúne 600 cartas y mensajes privados.
El material fue compilado por Gustavo Vera, bajo el título "La amistad no se negocia", donde se exponen opiniones, advertencias y gestos del pontífice a lo largo de más de una década.
En ese intercambio, Francisco dejó una mirada constante sobre la política argentina, con críticas, preocupaciones sociales y posicionamientos frente a decisiones de poder. Lejos de un rol neutral, sus palabras muestran un seguimiento atento del rumbo del país y de sus dirigentes.
El contenido del libro permite reconstruir cómo el pontífice interpretaba distintos momentos de la política local. En varios pasajes, aparece una preocupación marcada por el impacto social de las medidas económicas y por el debilitamiento de ciertos equilibrios institucionales.
En el tramo final de su vida, las cartas reflejan una mirada crítica sobre el gobierno de Javier Milei. En abril de 2024, el papa se refirió a la situación social y cuestionó la “ola de despidos”, a la que vinculó con una afectación directa a la justicia social.
Meses después, en otro intercambio, volvió sobre el tema y dejó entrever su inquietud por el panorama general. En ese contexto, sus mensajes pasaron de un tono más moderado a una postura de mayor distancia frente a las decisiones del Ejecutivo.
Entre las situaciones más llamativas aparece un hecho ocurrido en 2014, durante un encuentro con Cristina Fernández de Kirchner en la residencia de Santa Marta. La reunión estaba prevista como un mano a mano, pero la entonces presidenta llegó acompañada por una delegación de 33 personas.
El grupo incluía dirigentes políticos y sindicales, lo que alteró completamente el formato del encuentro. Según el relato, Francisco se encontró con la comitiva al momento de recibirla y optó por incluir a todos en la reunión y en el almuerzo.
El episodio dejó en evidencia una relación con matices. Si bien el pontífice valoraba algunas políticas orientadas a sectores vulnerables, también mantenía distancia frente a decisiones o prácticas que consideraba problemáticas.
Las cartas también incluyen referencias al posicionamiento internacional del gobierno argentino. En uno de los últimos intercambios, Francisco utilizó la expresión “pasos de baile cipayo” para describir ciertas reacciones en política exterior, en una crítica indirecta al alineamiento con otros países.
Otra de las advertencias que aparecen en la correspondencia apunta al riesgo de una “mexicanización” de la Argentina, en relación con el avance del narcotráfico. El pontífice planteó esta preocupación tras dialogar con obispos mexicanos y alertó sobre la necesidad de evitar ese escenario.
A lo largo de los años, su postura mantuvo una línea clara: defensa de la institucionalidad, promoción del diálogo político y rechazo a cualquier forma de ruptura democrática. En ese sentido, sostuvo el mismo criterio frente a distintos gobiernos, sin alinearse de manera directa con ningún espacio.
El libro de cartas ofrece una mirada íntima y sin intermediarios sobre el pensamiento de Francisco. En esas páginas, la política argentina aparece atravesada por su preocupación social y por la necesidad de sostener reglas claras, en un contexto que consideraba cada vez más desafiante.