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Murió Luis Almarza, uno de los detenidos en el Operativo Cutral Co durante la dictadura

Murió a los 70 años. Tras su detención en junio de 1976 fue trasladado a numerosos centros clandestinos de la región donde fue salvajemente torturado. En 1980 se exilió en Bélgica. Volvió a la Argentina en 1984 y en 2012 brindó testimonio en el segundo juicio contra represores en Neuquén.

PABLO MONTANARO - montanarop@lmneuquen.com.ar

“El exilio fue como seguir preso, pero de otra manera”, dijo en una entrevista con este periodista Luis Guillermo Almarza, quien tras permanecer detenido desde junio de 1976 en diversos centros clandestinos de detención de Neuquén durante la última dictadura militar pudo exiliarse en Bruselas como refugiado político y salvar su vida. Almarza fue salvajemente torturado por las fuerzas represivas desde su detención el 14 de junio de 1976 en su casa de Plaza Huincul.

Sara Mansilla, titular de la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén (APDH) confirmó la muerte de Almarza a quien recordó como “un luchador, detenido y muy torturado en Cutral Co y Plaza Huincul y durante sus traslados, hasta que consiguió su salida del país. Vivió con los tantos exiliados en Belgica hasta su soñado retorno al país en 1984. Se insertó de inmediato en el ámbito artístico, educacional y en los medios de comunicación. Dio un valiente testimonio en el juicio Escuelita II ante el Tribunal en 2012. Era un militante de la vida”.

Almarza había nacido en octubre de 1949 en Valdivia, Chile, se consideró siempre un militante social que le tocó atravesar “los episodios más terribles de mi vida”, afirmaba, recordando a aquel joven de 26 años, empleado en la municipalidad de Cutral Co y que quería una sociedad más justa, un mundo mejor.

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Luego de ser detenido, Almarza fue trasladado a la Unidad Penitenciaria 9 de la ciudad de Neuquén. Allí estuvo detenido tres meses y así recordó ese tiempo de torturas físicas y psicológicas en el penal. “Enseguida después del golpe, llenaron las celdas de castigo de la U9 con presos políticos. Nos sacaban muy periódicamente para interrogarnos en distintos lugares, el Comando, la Policía Federal. Eran largos interrogatorios con torturas indescriptibles durante varias horas. Cuando nos reintegraban a la U9 llegábamos muy lastimados. El que traía y llevaba detenidos era Raúl Guglielminetti”.

Un tiempo después fue trasladado a la U6 de Rawson, momento que jamás olvidará por la ferocidad de sus captores. “Fueron 57 bastonazos que recibí desde la nuca hasta el coxis”, afirmó sobre ese traslado al penal de Rawson. Esos golpes, más las torturas con picana eléctrica que recibió en los centros clandestinos de detención le dejaron la columna destrozada y por ello durante varios años solo pudo trasladarse en silla de ruedas.

Enseguida después del golpe, llenaron las celdas de castigo de la U9 con presos políticos. Nos sacaban muy periódicamente para interrogarnos en distintos lugares, el Comando, la Policía Federal. Eran largos interrogatorios con torturas indescriptibles durante varias horas. Cuando nos reintegraban a la U9 llegábamos muy lastimados. El que traía y llevaba detenidos era Raúl Guglielminetti

En septiembre de 1979, Almarza fue trasladado a la U9 de La Plata. En este penal pudo declarar ante la Cruz Roja Internacional y denunció las condiciones de detención. Un año después ratificó sus dichos ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA.

En diciembre de 1979 le informaron que le permitirían salir del país como exiliado político gracias a las gestiones realizadas por el cónsul belga en Buenos Aires Willy Leeman. Finalmente, el 18 de enero de 1980 llegó a Bruselas. Un toallón raído, dentro del que había puesto una muda de ropa interior y un par de zapatos que le compró Leeman en Ezeiza fue todo su equipaje.

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Los años de su exilio en Bruselas están detallados en el libro “Historias de exilio”, en el que Marta Ronga y Angela Beaufays reunieron testimonios de militantes sociales y políticos que amenazados, perseguidos y detenidos se refugiaron en ese país europeo. En el libro Almarza relata su experiencia como refugiado político, la recepción que le dio Nicole Staes, una mujer sexagenaria que colaboraba recibiendo exiliados políticos, y que lo alojó un tiempo en su casa; el aprendizaje de un idioma que no conocía, sus trabajos como plomero y electricista para poder solventar sus gastos, y su vinculación con las artes gráficas y fotografía, actividades que aprendió en el Centro Integral de Artes Gráficas de Bruselas y que desplegó en diarios y editoriales de la región una vez que regresó a la Argentina, en diciembre de 1984. Afirmó que desde que llegó a Bruselas se había formado la idea de que a partir de ese momento “comenzaría la cuenta regresiva” para su objetivo: volver al país.

"Mucha gente toma el exilio como algo que te viene de arriba. Lograr insertarte plenamente era una tarea prácticamente imposible", dijo.

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Caminando con gran esfuerzo y apoyado en un bastón como consecuencia de las torturas sufridas en la zona cervical y lumbar, Almarza se presentó en mayo de 2012 para brindar su testimonio en una de las audiencias del segundo juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolló en Neuquén donde se juzgó y condenó a represores acusados de violaciones a los derechos humanos. El testimonio de Almarza dejó en claro que la Comisaría 14 de Cutral Co funcionó como lugar de torturas y tormentos. Almarza recordó que en esa dependencia policial a cargo del comisario Héctor Mendoza lo tiraron al piso, boca abajo, le pisaron la espalda, le saltaron encima y por último lo dieron vuelta para continuar golpeándolo en la parte frontal de su cuerpo. Ese fue el inicio de su derrotero carcelario ya que luego lo trasladaron al distrito militar que funcionaba en la esquina de Perito Moreno y Olascoaga, a la U9, al Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña y, en varias oportunidades, a la Policía Federal. También a la U6 de Rawson y a la U9 de La Plata hasta conseguir la libertad en.

Almarza fue uno de los últimos en ver con vida a Osvaldo Cancio, Javier Seminario, Miguel Ángel Pincheira y Sergio Méndez, detenidos en la comarca petrolera, que continúan desaparecidos. Recordó que un día de noviembre de 1976, los detenidos fueron sacados de sus celdas en Rawson en medio de un gran movimiento. Después escuchó que los diarios habían publicado que los habían dejado en libertad.

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Desde Londres, Inglaterra, donde vive, Pedro Justo Rodríguez, otra de las víctimas de la represión en la región y que compartió la prisión con Almarza lo recordó con estas palabras: "Compartimos Rawson y nos vimos cuando estuve en Bruselas. Siempre me escribió cuando llegó a Argentina y el tiempo y la distancia fue disolviendo las cartas, pero no la memoria. Lo recordaremos siempre, como el buen hombre y gran militante que fue".

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