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PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar
“El intelectual debe salir a la calle a enfrentar la injusticia”, me dijo en una entrevista ese eterno luchador que es (me niego a escribir “fue” sabiendo de su muerte) Osvaldo Bayer. Ese “rebelde esperanzado” -como lo definió el periodista Germán Ferrari, autor de una biografía del autor de “La Patagonia Rebelde”-, sostenía que no hay democracia donde hay pobreza, hambre, desocupación. Y le reclamaba a la sociedad buscar en la historia a los verdaderos ejemplos “benefactores de la sociedad” y no a esos héroes fabricados por los poderes.
Y le pedía al intelectual salir, sumergirse en la calle, hablar con las mujeres en el mercado, con los adolescentes, y en los colectivos con los seres aislados y silenciosos.
Su obra siempre tuvo como premisa la búsqueda constante, buscando la verdad histórica, el reflejo de las diversas sociedades en sus diferentes éticas. Y precisamente usó la palabra ética cuando se refería a las Madres de Plaza de Mayo de la filial Neuquén y Alto Valle. Ellas, les dijo Bayer mirando a los ojos a Lolín Rigoni e Inés Ragni (y también recordando a Beba Mujica y a tantas otras con sus pañuelos blancos en sus cabezas) han sembrado ideales en las nuevas generaciones. “Las Madres son el triunfo de la ética”, afirmó.
En aquella charla que mantuve con Bayer en “El Tugurio” como se llamaba su casa en Arcos y Monroe, del barrio de Belgrano, confesó que su padre socialista fue quien le abrió las puertas del universo intelectual. “Me incitó a leer, para así aprender a navegar con la literatura y entusiasmarse con la ciencia”. Y fue en esa infancia que compartió en el barrio de Belgrano con los alemanes exiliados. Paradojas de la vida, en 1974 amenazado de muerte por la Triple A, Bayer tuvo que huir de la Argentina exiliándose en Alemania.
“En eso pensé cuando viajaba en avión hacia el destierro. Lo que habrán pensado esos alemanes que debían dejar su patria por oponerse a la dictadura brutal del nazismo. Cuando me vi expulsado de mi propio país me invadió una profunda tristeza por la injusticia. Me sentí humillado ante aquella “condena a muerte” de la Triple A”. Pero también agradeció a la suerte haber salvado la vida de su mujer y sus cuatro hijos, mientras sus queridos amigos, Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti, fueron asesinados por la dictadura militar o perdieron sus hijos, como David Viñas o el poeta Juan Gelman.
Después de estudiar Medicina, Filosofía e Historia, Bayer se volcó al periodismo con la intención de lograr un estilo claro “fiel a la realidad y no a las ideologías”. Y agregaba para que el pueblo fuera comprendiendo “la verdad de la realidad vivida”.
Su sueño, su mundo ideal fue siempre lograr la paz eterna entre los pueblos. “Que los niños que hoy vacían los tachos de basura en mi barrio de Belgrano pasen alguna vez disfrazados de magos y toquen música y canten canciones con risas y rostros rozagantes”, sintetizó.
Osvaldo Bayer es un hombre que decidió caminar las calles con rebeldía y esperanza, y como pocos ha iluminado la historia.
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