Aluminé celebra su 111° aniversario con cerveza artesanal, sabores regionales y emprendimientos que nacen de la tierra

El festival cervecero reunió a productores, emprendedores y representantes de comunidades que compartieron sus sabores, saberes ancestrales y propuestas locales.

Aluminé celebra su 111 aniversario con cerveza artesanal, sabores regionales y emprendimientos que nacen de la tierra.

Aluminé tiene mucho más para ofrecer que sus paisajes de montaña, sus ríos y sus bosques. Su identidad también se descubre en los sabores que nacen de la tierra, en los emprendimientos familiares que crecen con esfuerzo y en las tradiciones que pasan de generación en generación. Durante los festejos por un nuevo aniversario, esas historias encontraron un lugar para mostrarse y compartir con visitantes y vecinos.

En el marco del 111º aniversario de la localidad y de la 13° edición del Festival Provincial de la Cerveza Artesanal, productores cerveceros, apicultores, horticultores y emprendedores gastronómicos participaron de una propuesta que combinó cultura, producción y turismo. La feria permitió conocer de cerca el trabajo de quienes elaboran productos regionales y construyen, desde sus propios proyectos, una parte de la identidad de Aluminé.

La celebración también tuvo como protagonista a la producción cervecera regional, con una premiación que reconoció distintas variedades elaboradas por los participantes. Entre degustaciones, puestos gastronómicos y productos locales, el encuentro ofreció una oportunidad para descubrir qué hay detrás de cada propuesta: años de experiencia, nuevas ideas, conocimientos heredados y el deseo de generar trabajo en la localidad.

Premiación y reconocimiento para las cervecerías de la región

Uno de los momentos destacados de la jornada fue la premiación de las cervecerías participantes del concurso, que permitió distinguir las elaboraciones presentadas en el marco del festival. Los reconocimientos pusieron en valor el trabajo de los productores artesanales y la diversidad de estilos que se desarrollan en la región.

Entre los cerveceros premiados estuvo Alejandro, de la cervecería Fantasma, un emprendimiento radicado en Aluminé que obtuvo cuatro distinciones. Entre ellas, recibió el reconocimiento a la mejor Golden Ale Pampa, además de diplomas por sus variedades Golden Ale Pampa, Irish Red e IPA Argenta.

Alejandro contó a LM Neuquén que vive en Aluminé desde hace 27 años y encontró en la elaboración artesanal una actividad que comenzó como una curiosidad y terminó convirtiéndose en una forma de vida. Su historia se parece a la de muchos cerveceros: primero apareció el interés por probar una cerveza diferente y después, la inquietud por conocer cómo se hacía. La posibilidad de experimentar en casa y descubrir que el proceso estaba al alcance de la mano fue el punto de partida para avanzar hacia una producción más grande.

Con el tiempo, aquella experiencia doméstica se transformó en un proyecto laboral. Hoy Alejandro se dedica a elaborar cerveza y comercializa sus productos en el patio cervecero de Aluminé. Durante la temporada alta, también lleva sus variedades a Villa Pehuenia y Moquehue, dos destinos turísticos de la región que reciben visitantes atraídos por la naturaleza y las actividades al aire libre.

Los premios representan un reconocimiento al trabajo que desarrolla en la localidad y a la calidad de una producción que encuentra en los encuentros cerveceros una oportunidad para llegar a nuevos consumidores.

Otra de las propuestas presentes fue la de Juan Manuel, de la cervecería La Gringa, de San Martín de los Andes. El emprendimiento lleva 13 años en el rubro y hace seis meses se mudó a esa ciudad cordillerana, donde inició una nueva etapa enfocada en la elaboración de cerveza artesanal sin gluten.

El productor explicó que aprovecharon la mudanza para desarrollar un proyecto íntegramente libre de gluten, con el objetivo de ofrecer una alternativa para quienes necesitan evitar esta proteína.

Durante el festival presentaron tres variedades de lager. Una de ellas fue seleccionada para convertirse en el próximo lanzamiento de la marca, una novedad que refleja la búsqueda de nuevos productos dentro de un sector que combina tradición, experimentación y trabajo artesanal.

La participación de cervecerías de distintas localidades también aportó diversidad al encuentro. Cada productor llegó con su recorrido, sus recetas y sus decisiones de elaboración, en un espacio que permitió intercambiar experiencias y presentar novedades ante el público.

La miel de Aluminé, un producto que nace de las colmenas locales

La producción regional no se limita a la cerveza. En los puestos de la feria también estuvo presente la miel elaborada por la Asociación de Apicultores de Aluminé, un grupo que se constituyó hace aproximadamente 11 años y que trabaja para producir, envasar y comercializar su propia cosecha.

Sandro Curruhuinca, integrante de la asociación, explicó que el trabajo comprende distintas etapas, desde el manejo de las colmenas hasta el envasado del producto final. La miel se comercializa en Aluminé, Neuquén capital y otros puntos de la Patagonia, además de participar en ferias y espacios de promoción organizados junto con el Centro PyME-ADENEU.

“Es un producto de los neuquinos para los neuquinos”, resumió Sandro a LM Neuquén al describir el sentido de una producción que busca consolidarse dentro del mercado regional.

La asociación reúne a productores que, en conjunto, trabajan con alrededor de 700 colmenas. El crecimiento de la actividad también está relacionado con las capacitaciones que se desarrollan en la localidad, entre ellas las propuestas del Centro de Formación Profesional N.º 4.

Para los apicultores, contar con espacios como el festival es fundamental. Además de vender, pueden dar a conocer el origen de sus productos, explicar cómo trabajan y establecer vínculos con consumidores que valoran la producción local.

Huertas que producen durante todo el año

Las verduras frescas también tuvieron su lugar en la feria, de la mano de un grupo de productores de lotes productivos, huertas comunitarias e invernaderos protegidos. Detrás de esos puestos hay proyectos familiares que demandan dedicación constante y que, en muchos casos, representan una fuente de ingresos.

Nancy es una de las productoras que lleva más de 20 años trabajando con la horticultura. Cuenta con dos invernaderos de 10 por 10 metros, donde cultiva distintas variedades de verduras durante todo el año.

Su historia comenzó cuando recibió un terreno y decidió aprovecharlo para desarrollar una huerta. Con el tiempo, el proyecto creció y se convirtió en una actividad sostenida, con producción destinada tanto al consumo familiar como a la venta.

Alejandra, por su parte, lleva dos años en la actividad. Después de recibir un terreno, construyó su invernadero y comenzó a trabajar con cultivos protegidos. Su objetivo es ampliar la producción y generar ingresos a partir de la venta de las verduras.

Plantas como la acelga, el perejil y el cilantro permiten organizar una producción continua mediante la siembra escalonada y la rotación de los cultivos. Los invernaderos también ofrecen la posibilidad de incorporar otras variedades, como tomates perita, redondos y cherry, además de berenjenas y morrones, según el espacio disponible y las condiciones de cultivo.

Las productoras explicaron que comercializan sus verduras directamente a vecinos, conocidos y familias que se contactan a partir de publicaciones. Durante el verano, también suelen instalarse en la plaza para ofrecer sus productos.

La respuesta del público es uno de los aspectos que más valoran. Según contaron, la verdura fresca suele venderse rápidamente. Además, destacaron que trabajan con producciones sin químicos.

La feria les brinda una oportunidad para ampliar su alcance y dar a conocer una actividad que combina el trabajo de la tierra con la posibilidad de generar autonomía económica. Para quienes visitan Aluminé, estos emprendimientos permiten descubrir otra faceta del destino: la de las familias que producen alimentos y abastecen a la propia comunidad.

Plantas medicinales y saberes que pasan de generación en generación

Entre las propuestas que se sumaron a la celebración estuvo el emprendimiento de Analía Tolosa, quien lleva más de una década vinculada a la elaboración de productos a partir de plantas. Su proyecto surgió del interés por recuperar conocimientos tradicionales y volver a prácticas que formaron parte de la vida cotidiana de muchas familias.

En su caso, la inspiración está relacionada con esos saberes transmitidos por las abuelas, que recurrían a infusiones y preparaciones caseras para aliviar molestias comunes. Analía explicó que una de sus primeras elaboraciones fue la tintura madre, un extracto que se obtiene mediante la maceración de plantas en una solución hidroalcohólica y que, después de un período determinado, se filtra para su utilización en distintas preparaciones.

La emprendedora participó por primera vez de la feria y destacó la experiencia de compartir su trabajo en el marco del aniversario de la localidad. Su propuesta incorpora una dimensión cultural a la oferta de productos regionales: la posibilidad de conocer saberes vinculados con las plantas y las prácticas tradicionales, que forman parte de la historia de numerosas familias.

Alfajores de harina de piñón para abrazar culturas

Una de las propuestas gastronómicas que llamó la atención fue la de Celia y su grupo, integrado por cinco mujeres de la comunidad de Ruca Choroi. Su emprendimiento se llama Abrazando Culturas y nació hace poco más de un año con una idea: elaborar alfajores a partir de harina de piñón, un alimento relacionado con la cultura mapuche y con el territorio donde crece la araucaria o pehuén.

El proceso comienza con la recolección de los piñones, que luego se secan y se muelen para obtener la harina. Para esa tarea utilizan una piedra de molienda ancestral, una herramienta que remite a las prácticas tradicionales del pueblo mapuche.

A partir de esa materia prima elaboran las tapas de los alfajores, que combinan con dulce de leche. También comenzaron a incorporar nuevas variedades, entre ellas una con un corazón de dulce de sauco.

La idea de producir alfajores de piñón surgió al observar que la preparación tradicional de este producto podía adaptarse a un ingrediente propio de la región. Así, una receta conocida se transformó en una propuesta que busca diferenciarse y mantener presente la cultura local a través de la gastronomía.

El trabajo se distribuye entre las integrantes del grupo y, cuando aumentan los pedidos, también se suman dos compañeros para colaborar con la producción.

Para Celia, el emprendimiento representa una posibilidad de generar ingresos y, al mismo tiempo, compartir parte de la identidad de su comunidad. La elección del nombre no es casual: Abrazando Culturas expresa la intención de acercar esos saberes a otras personas mediante un producto que se puede conocer y disfrutar.

Esta fue su primera participación en el festival, aunque otros integrantes vinculados al proyecto ya habían asistido a ediciones anteriores.

Un festival que también invita a conocer Aluminé

Las historias reunidas durante la celebración muestran que la propuesta turística de Aluminé se construye a partir de muchos elementos. Los paisajes naturales y las actividades recreativas conviven con una producción local que incluye cerveza artesanal, miel, verduras frescas, elaboraciones con plantas y alimentos vinculados con la cultura mapuche.

El Festival Provincial de la Cerveza Artesanal, en su 13° edición, funciona como una vidriera para estos emprendimientos. La premiación de las cervecerías regionales se suma a ese objetivo, al reconocer el trabajo de los productores y mostrar la variedad de elaboraciones que se desarrollan en la zona.

En cada puesto hay una historia: la de quienes encontraron en una receta una salida laboral, la de las familias que sostienen sus huertas, la de los apicultores que trabajan para consolidar su producción y la de las comunidades que mantienen vivos sus conocimientos ancestrales.

En el marco de los festejos por sus 111 años, Aluminé mostró una parte de esa diversidad. Una identidad que no se expresa solamente en sus paisajes, sino también en las manos que producen, en los saberes que se transmiten y en la voluntad de compartir con quienes visitan la localidad todo aquello que la hace única.

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