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Attila: la única fábrica de casas modulares nacida y hecha en Neuquén, con mano de obra local

Mientras empresas de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza compiten por las obras de la región, Attila produce en la provincia y apuesta al trabajo neuquino.

Cuando Emilio Munarín empezó a construir su propia casa en Neuquén, detectó algo que muchos veían pero pocos se animaban a resolver: una demanda de vivienda que crecía más rápido que las soluciones disponibles. De esa observación nació Attila, l a única fábrica de construcción modular fundada, desarrollada y operada íntegramente en la provincia de Neuquén.

No es un dato menor. En los últimos años, fabricantes de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y La Rioja llegaron a la región para competir por obras y contratos. Attila, en cambio, produce en Neuquén, emplea mano de obra neuquina y reinvierte en la provincia.

"Lo mejor de estar en Neuquén es que la gente lo puede ver", dice Munarín. La empresa tiene instalados más de 2.000 metros cuadrados en toda la Patagonia, todos visitables, todos construidos desde cero con madera y panel SIP en su planta ubicada en las cercanías del aeropuerto neuquino.

Por qué elegir una empresa local de construcción modular

La diferencia entre contratar a Attila y a un fabricante de otra provincia no es solo geográfica. Es económica, logística y también política en el mejor sentido: impulsar a las empresas neuquinas en una ciudad que crece y que promueve el trabajo local.

Cada peso invertido en una vivienda Attila se queda, en buena medida, en Neuquén. Eso contrasta con modelos donde la producción se hace en otra provincia y el módulo viaja cientos de kilómetros hasta su destino final.

Además, estar cerca tiene ventajas concretas para el cliente: "Los invitamos a que vean el proceso constructivo", explica Munarín. Esa posibilidad de visitar la fábrica, ver cómo se arma cada módulo y conocer los materiales antes de firmar fue clave para romper los prejuicios asociados al sistema modular.

Casa propia en 90 días: precio cerrado y sin sorpresas

El sistema que ofrece Attila combina tres ventajas difíciles de encontrar juntas en el mercado: velocidad, precio cerrado y calidad de terminaciones.

Los plazos son la carta más fuerte. Mientras una obra tradicional demanda entre 10 y 12 meses, Attila entrega cada vivienda en 90 días desde la firma del contrato. Y sin adicionales: el precio acordado es el precio final, sin sorpresas por aumentos de materiales o cambios de último momento.

"No se cobra un adicional, es el precio cerrado, no tenés sorpresas porque aumentó el hierro o el piso que habías elegido", señala Munarín. El cliente puede elegir colores, revestimientos, mesadas, griferías y la distribución de aberturas dentro de cada módulo.

Para quién es una casa Attila

El perfil de cliente que más creció en los últimos años es el de parejas jóvenes de entre 25 y 45 años, muchas con uno o dos hijos, que quieren dejar de alquilar y acceder a su primera vivienda sin resignar calidad. "No buscan lujo pero sí una casa de calidad", resume Munarín.

Hay también quienes compran un módulo para instalarlo en el fondo del terreno mientras construyen adelante, y luego lo reconvierten en quincho o departamento de alquiler. Y están los que buscan una segunda residencia en zonas lacustres como Villa El Chocón o el lago Mari Menuco, o refugios en destinos cordilleranos.

Attila forma parte de la CACMI, la cámara que agrupa a las empresas del sector de construcción modular en Argentina, y participa de espacios de intercambio tecnológico con otros fabricantes del país. Pero su base, su producción y su apuesta siguen siendo neuquinas.

En una provincia que recibe inversiones de todo el país —y que también las genera—, elegir una empresa local de casas modulares no es solo una decisión de compra. Es una forma de apostar al trabajo y al desarrollo de la región.

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