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Aunque se abrió el cepo, cada vez quedan menos casas de cambio en la Argentina

En cuatro años, desaparecieron el 65% de los que negociaban con el dólar. El mapa del negocio cambiario se redujo por la mayor libertad para comprar divisas.

La apertura del cepo cambiario amplió en los últimos años el acceso de los argentinos al dólar oficial, pero encontró a las tradicionales casas de cambio atravesando una contracción que eliminó al 65% de los operadores que compraban y vendían dólares en apenas cuatro años.

El mapa del negocio cambiario se redujo en paralelo a la mayor libertad para comprar divisas que rige desde abril de 2025. De los 115 operadores que estaban registrados ante el Banco Central a fines de 2022 quedan actualmente apenas 40, una caída del 65% que dejó al sector con 33 agencias y sólo siete casas de cambio. El retroceso había comenzado antes de la apertura del cepo: las entidades habilitadas bajaron a 77 durante 2023, descendieron a 61 en 2024 y volvieron a bajar hasta 40 el año pasado. La baja es aún mayor frente a diciembre de 2019, cuando existían 245 operadores registrados, más de seis veces la cantidad que permanece actualmente en actividad.

El dólar tendrá variaciones en su precio.

Cambio por el avance de la tecnología

El cambio tecnológico contribuyó a esta caída porque los bancos dejaron de ser la única alternativa digital y ahora el ahorrista dispone de una red de aplicaciones financieras que simplificaron operaciones antes reservadas a especialistas. Además del homebanking tradicional, puede acceder al dólar mediante plataformas que ofrecen cuentas en moneda estadounidense o recurrir al dólar MEP desde bancos, sociedades de Bolsa y aplicaciones de inversión. Ualá, por ejemplo, ofrece actualmente tanto dólar oficial como MEP desde su aplicación y permite comprar el primero las 24 horas, con acreditación inmediata en una caja de ahorro en dólares y sin comisión adicional. Para el MEP, las plataformas automatizaron una operatoria que históricamente exigía conocer bonos y símbolos bursátiles: ahora el usuario sólo indica cuánto quiere comprar y el sistema ejecuta las transacciones.

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El dólar y las plataformas

A esas vías se sumó el mercado cripto, que creó una puerta paralela para dolarizar fondos mediante stablecoins como USDT o USDC y funciona incluso cuando bancos y mercados de valores están cerrados. El resultado es un ecosistema en el cual conviven el dólar oficial bancario, el MEP, el contado con liquidación, las monedas digitales vinculadas al dólar y el todavía persistente mercado blue, con diferencias de precio que pueden reducirse o ampliarse según las condiciones financieras. A comienzos de septiembre, por ejemplo, el dólar oficial minorista rondaba los $ 1.530, mientras el MEP se ubicaba en $ 1.526, el contado con liquidación en $ 1.595 y el dólar cripto superaba los $ 1.615. La multiplicación de canales redujo así una de las ventajas históricas de las casas de cambio: ofrecer acceso rápido a billetes o monedas extranjeras fuera del circuito bancario habitual.

La demanda de dólares, de hecho, no desapareció junto con las casas de cambio sino que se trasladó hacia esos canales y permanece en niveles altos. Los últimos datos disponibles del BCRA muestran que las personas humanas realizaron compras netas de moneda extranjera por US$ 4.100 millones durante julio, de las cuales US$ 2.900 millones correspondieron a billetes y US$ 550 millones a giros de divisas sin fines específicos. Un mes antes habían adquirido US$ 2.800 millones netos y en mayo otros US$ 2.700 millones, mientras que en abril las compras alcanzaron US$ 3.200 millones. El propio Central estimó que durante julio unos US$ 1.000 millones de las compras de billetes y divisas quedaron depositados dentro de los bancos locales, otra señal de que dolarizarse ya no implica necesariamente retirar efectivo ni recurrir a las casas de cambio.

El cambio en las grandes ciudades

La transformación adquiere otra dimensión fuera de las grandes ciudades, sobre todo en ciudades turísticas y fronterizas donde el negocio no depende exclusivamente del dólar. Euros, reales, pesos uruguayos, pesos chilenos y guaraníes generan allí una demanda cotidiana de efectivo que los canales bursátiles no siempre pueden reemplazar, y una parte creciente de esas operaciones quedó en manos de circuitos informales. En varios de esos lugares describieron una competencia desigual frente a comercios y operadores callejeros que ofrecen cambio sin afrontar las obligaciones regulatorias exigidas a una entidad autorizada. El problema llega incluso al abastecimiento físico de monedas: un operador formal puede recibir pesos de un turista extranjero que quiere desprenderse de ellos, pero después no tiene siempre contrapartes mayoristas para colocar esos billetes.

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