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Las condenas a los tres responsables de la muerte generan diferencias entre los abogados de la defensa y la familia del soldado.
La aparición del cuerpo de Omar Carrasco en el Grupo de Artillería 161 del Ejército Argentino de Zapala puso fin al misterio sobre su paradero tras 30 días desaparecido y dio inicio al juicio que terminó con la condena de Ignacio Canevaro, Víctor Salazar y Cristian Suárez.
Marcelo Inaudi fue uno de los representantes de la defensa, mientras que Martín Segovia estaba a cargo de la representación de la familia Carrasco
"Alguien tomó la decisión de dejarlo morir porque si Omar Carrasco, con los golpes que presentaba, hubiera sido llevado al hospital de Zapala, hubiera sobrevivido”, contó Inaudi a LMNeuquén y agregó que luego de esa decisión mantuvieron el cadáver oculto durante 30 días deambulando por el regimiento.
Para el abogado, el cuerpo apareció en un rastrillaje armado por la gente de inteligencia militar y detalló que el hallazgo fue comunicado horas antes de que haya concluido la tarea de búsqueda.
Inaudi repite que nunca pudo creer cómo los jueces creyeron la historia oficial inventada por el ejército, “que con una solución propia del ejército hizo caer la responsabilidad de los homicidio en los últimos eslabones de la cadena de mandos, los dos colimbas auxiliares y un subteniente”, explicó.
Para el abogado, luego se puso de manifiesto la cadena de encubrimientos que llegaba hasta el propio Martín Balza, que era jefe del Estado Mayor General del Ejército Argentino. "Nadie encubre por deporte, quien encubre encubre algo o encubre a alguien y yo no me imagino a estos altos funcionarios militares poniendo en juego su carrera militar, su prestigio, para proteger a dos colimbas y un subteniente”, agregó.
“Creo que fue una condena ridícula, que se puso en evidencia después en el caso Carrasco II cuando se investigó la cadena de encubrimientos y estos mismos jueces que habían cometido la tropelía de las condenas en contra de estos pibes, estos mismos jueces con todos los militares involucrados en el encubrimiento se les prescribió la causa y los sobreseyeron a todos”, dijo Inaudi.
“Es una causa que se llevaba, en realidad, por desertor, que era una causa militar”, explicó, desde el otro lado del caso, Martín Segovia, representante de la familia Carrasco durante el juicio
El letrado contó que Omar Carrasco no había dormido nunca fuera de su casa hasta que se fue al ejército, era un joven religioso, que tocaba la guitarra en la Iglesia, muy callado, que, según sus padres, Francisco y Sebastiana, jamás podría haberse escapado.
“Una de las cosas que le dicen a los padres es que Carrasco se fue con la mujer de un comisario y Omar al único lugar que podía ir era la Iglesia”, agregó Segovia y remarcó que por su personalidad el joven sufrió lo que sufrió durante su corta estadía de tres días en el regimiento de Zapala.
Para el abogado el hecho en sí es histórico porque fue la muerte de un soldado dentro de un batallón en épocas de democracia y el juicio logró dar con los responsables, a pesar de una gran cantidad de situaciones anormales.
"Las personas que fueron condenadas fueron los autores del hecho. No hay condena justa, pero creo que fue una condena muy dura”, añadió.
Durante el proceso judicial del Caso Carrasco, abogados, peritos y funcionarios debieron recorrer el regimiento de Zapala en varias oportunidades. Con una democracia incipiente, Segovia recordó que tenían cierto miedo al principio de andar por las entrañas del ejército, en pleno invierno y de noche, pero destacó que el juicio se llevó adelante sin presiones.
Sin embargo, marcó que la desaparición de Carrasco coincidió con la primera denuncia de un abogado sobre la venta ilegal de armas del gobierno Carlos Menem, proceso que terminó con voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero en 1995, que mató a siete personas, hirió a más de trescientas y destruyó parte de la ciudad.
“El Grupo de Artillería 161 está muy cerca del límite de Chile, era un batallón estratégico en la defensa, si eventualmente hubiera un conflicto. Hubo ciertas movilizaciones militares y en ese batallón se llevaron muchas armas. De hecho ahí se hizo, en el camino a Chos Malal, un aeropuerto militar. “La curiosidad de esto es que en el batallón no había una sola munición, un solo fusil, no estaban los cañones, no había nada, era un batallón de nada”, recordó Segovia.
“La venida de todo lo que fue inteligencia, nos llamaba la atención. La interpretación es que venían a encubrir el caso para nosotros, pero vinieron a otra cosa”, añadió.