El cerro ubicado a minutos del centro de San Martín de los Andes sigue mejorando su infraestructura. Ahora 3.000 personas por hora pueden subir a la montaña para disfrutar este invierno.
Hay lugares donde el viaje comienza mucho antes de llegar. En San Martín de los Andes sucede exactamente eso. El aroma de los cipreses y coihues húmedos acompaña el camino desde que la ciudad queda atrás. El lago Lácar aparece entre los árboles como un espejo azul profundo, las montañas empiezan a cerrarse sobre el valle y, a medida que el camino asciende, la nieve gana protagonismo. El paisaje anuncia que algo grande está por comenzar.
Este invierno, sin embargo, la verdadera sorpresa espera en la base del Cerro Chapelco.
Por primera vez en su historia, el ascenso a la montaña deja de ser simplemente un traslado para convertirse en una experiencia en sí misma. Una moderna telecabina conecta la base con la cota 1.600 en apenas cuatro minutos, un recorrido que hasta hace poco demandaba más tiempo y paciencia. Hoy, ese mismo trayecto se transforma en un paseo silencioso sobre el bosque, donde la Patagonia se despliega desde una perspectiva completamente nueva.
Las puertas de las cabinas se cierran con suavidad. Apenas un leve zumbido anuncia la partida. El movimiento es tan fluido que casi pasa inadvertido. En cuestión de segundos, el estacionamiento queda atrás y el bosque comienza a extenderse bajo los pies.
Desde arriba, los coihues cubiertos de nieve dibujan un inmenso tapiz blanco y verde. Entre las ramas, el viento mueve pequeños copos que brillan bajo el sol como diminutos cristales suspendidos en el aire. Más allá, los picos cordilleranos aparecen nítidos contra un cielo intensamente azul, mientras el silencio solo es interrumpido por el sonido amortiguado del cable acompañando el recorrido.
Cinco minutos pueden parecer poco. En Chapelco alcanzan para cambiar la forma de mirar la montaña.
La nueva telecabina, equipada con 62 cabinas para diez pasajeros cada una, tiene capacidad para transportar 3.000 personas por hora, el triple que el medio de elevación anterior. Detrás de ese dato técnico hay una mejora que cualquier visitante percibe desde el primer momento: menos tiempo de espera, mayor comodidad y más horas disponibles para disfrutar de la nieve.
Porque en un viaje de invierno cada minuto cuenta.
Mientras antes la jornada comenzaba con largas filas durante los momentos de mayor afluencia, ahora el acceso resulta más dinámico. Las familias con chicos pequeños suben sin apuros. Los principiantes llegan más descansados a sus primeras clases. Los esquiadores experimentados aprovechan mejor el día. Incluso quienes visitan Chapelco simplemente para conocer la montaña pueden vivir el ascenso con la tranquilidad de quien sabe que el recorrido ya forma parte del paseo.
La sensación recuerda a los grandes centros de esquí europeos. Las estaciones de salida y llegada, con amplios paneles vidriados, permiten que la luz natural inunde los espacios y mantenga siempre presente el paisaje. El café recién preparado perfuma el ambiente, las conversaciones se mezclan con el sonido de las botas sobre el piso y, detrás de cada ventana, la cordillera parece ocupar toda la escena.
Pero la transformación de Chapelco va mucho más allá de una obra de infraestructura.
La nueva telecabina es la expresión más visible de una etapa de renovación que busca posicionar al centro de esquí entre los más modernos de Sudamérica. El plan integral incorpora un estacionamiento completamente pavimentado para más de 600 vehículos, nuevos espacios gastronómicos, un rental totalmente renovado con más de 2.000 equipos nuevos y los primeros Smart Lockers de Argentina, que permiten guardar el equipo utilizando la misma tarjeta del pase.
La nueva etapa quedó oficialmente inaugurada este viernes con un acto que reunió a las principales autoridades nacionales, provinciales y locales vinculadas al desarrollo turístico. Encabezaron la ceremonia el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa; el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, Daniel Scioli; la ministra de Turismo de Neuquén, Leticia Esteves; la intendenta a cargo de San Martín de los Andes, Natalia Vita; junto a vecinos y funcionarios provinciales, municipales y representantes del sector turístico. La presencia de todos los niveles del Estado reflejó la importancia estratégica que Chapelco tiene para el desarrollo turístico y económico de Neuquén y de toda la Patagonia.
Para San Martín de los Andes, esa transformación es mucho más profunda que una simple innovación tecnológica.
La ciudad vive al ritmo del turismo. En invierno, sus calles se llenan de idiomas distintos, mochilas, tablas de snowboard apoyadas en las veredas y familias que recorren el centro buscando el mejor lugar para cenar después de una jornada en la montaña. Los restaurantes encienden temprano sus chimeneas. El perfume del chocolate artesanal invade las galerías. Los comercios permanecen abiertos hasta entrada la noche mientras los visitantes prolongan el paseo entre vidrieras iluminadas.
Por eso, cuando mejora Chapelco, también crece San Martín de los Andes.
La renovación del centro de esquí responde además a una nueva visión sobre el desarrollo turístico de Neuquén. Tras poner fin a un esquema de sucesivas prórrogas en la concesión del complejo, el gobernador Rolando Figueroa impulsó una nueva licitación con reglas claras, transparencia y un fuerte compromiso de inversión. Ese cambio de modelo comenzó a traducirse rápidamente en obras concretas, pensadas para elevar la calidad del destino y fortalecer una actividad estratégica para la economía provincial.
No es un dato menor. El turismo es la segunda actividad económica de Neuquén y cada mejora en la infraestructura genera un efecto multiplicador que alcanza mucho más allá de las pistas de esquí. Más visitantes significan más empleo, mayor movimiento para hoteles, restaurantes y comercios, nuevas oportunidades para prestadores de servicios y más recursos para una ciudad cuya identidad está profundamente ligada a la montaña.
Sin embargo, hay algo que ninguna estadística logra explicar.
Es el instante en que la cabina llega a la cota 1.600 y las puertas vuelven a abrirse. El aire frío golpea el rostro con ese perfume limpio e inconfundible de la nieve recién caída. El silencio de la montaña parece envolverlo todo. A lo lejos, las laderas blancas invitan a deslizarse, mientras el volcán Lanín asoma en el horizonte como un guardián de la Patagonia.
Entonces uno comprende que esos cinco minutos no solo acortaron el camino hasta la cima.
Acercaron a miles de personas a una experiencia más cómoda, más moderna y más emocionante. Una experiencia que fortalece a Chapelco como destino de nieve, impulsa el crecimiento de San Martín de los Andes y confirma que, cuando la infraestructura acompaña la belleza natural y una decisión política apuesta al desarrollo, la montaña encuentra una nueva forma de recibir al mundo.