Como pasó con el “Chuma” Sura en Pampa Ferraina, cada fin de temporada los puestos cordilleranos se ven atravesados por muertes que dejan a la huella en silencio.
Cada año, cuando termina la temporada de arreos y los crianceros bajan de la cordillera con el ganado, el norte neuquino vuelve a la calma. Sin embargo, esa calma suele quebrarse con noticias que nadie quiere recibir: un compañero de huella encontrado sin vida en un puesto. El silencio de la cordillera se quebró.
Pasó con Tomás “Chuma” Sura en Pampa Ferraina. Pasó ahora otra vez.
Es que este martes, un criancero fue hallado muerto en un puesto del paraje Aguada del Zorro, cerca de Coyuco-Cochico, en el departamento Minas. La noticia corrió como un frío helado bajado de la Cordillera del Viento. La tranquilidad de la población campesina se alteró de golpe. Otra vez, el cierre de la temporada vino marcado por la conmoción, el desconcierto y el miedo de que la huella se cobre una vida más.
El hecho ocurrió en un área silvestre caracterizada por la cría de animales y la vida agreste. Es justamente en este escenario que los accidentes, las enfermedades y la soledad del puesto dejan huellas que no se borran.
El operativo policial y de Criminalística se desplegó durante varias horas y se extendió hasta la madrugada de hoy.
Tras conocerse la situación, se montó un operativo encabezado por personal de la Policía de Neuquén y especialistas de Criminalística provenientes de Chos Malal.
Los equipos trabajaron durante varias horas en el paraje rural realizando tareas de relevamiento y peritajes para intentar reconstruir qué ocurrió. El operativo se desarrolló en una zona de difícil acceso, donde habitualmente las distancias y las condiciones geográficas complejizan las tareas de rescate y peritaje.
Las actuaciones quedaron en manos de las autoridades policiales y judiciales, que avanzaron con la investigación para determinar las causas del fallecimiento.
En el norte neuquino, la muerte de un criancero no es solo una noticia policial. Es un golpe directo a una comunidad chica, donde todos se conocen, comparten la huella y se cuidan en la montaña.
El paraje Aguada del Zorro es parte de esa geografía de puestos dispersos, donde la vida transcurre al ritmo de los animales y del clima. Cada puesto es una familia, cada huella un vínculo que se repite año tras año.
Cuando uno de ellos no vuelve, el silencio pesa más. Como pasó en el mes de abril de 2022 con el “Chuma” cerca del Domuyo, hecho que aún se recuerda en la zona. Este nuevo caso reabrió el temor de que el fin de los arreos traiga más pérdidas que cosechas.
La población campesina quedó conmocionada. No solo por la muerte en sí, sino por la repetición del patrón: cada temporada, algún compañero queda en el camino. Y aunque las causas de la muerte se conocieron recién esta tarde, el impacto emocional ya estaba instalado en los puestos cercanos a Coyuco.
La investigación sigue en curso. Luego de los peritajes realizados por personal de Criminalística de Chos Malal, las autoridades judiciales dispusieron la autopsia del cuerpo para establecer las causales de la muerte.
De acuerdo al informe que recibió la fiscal del caso, Rocío Rivero, la persona fue identificada como Ricardo Tapia.
“La autopsia determinó que murió como consecuencia de un traumatismo encéfalocraneano por proyectil de arma de fuego. Según el informe, no presentaba otras lesiones”, informaron a LM Neuquén desde la oficina de Prensa del Ministerio Público Fiscal. Consignaron además que “en principio no habría indicios de participación de terceros”.
Las actuaciones continúan en manos de la fiscalía y la Policía de Neuquén para cerrar las diligencias del caso. Hasta entonces, en los puestos cercanos a Coyuco sigue el silencio y la conmoción de una comunidad que, una vez más, despide a uno de los suyos al cierre de los arreos.