Florencia Azúa es una enfermera que integró el operativo que sacó a Delia (85) y Albino (88) del barro y la nieve. Contó por qué aceptaron ir al hospital por primera vez.
Detrás de cada rescate extremo en la cordillera neuquina, detrás del frío, el viento, la nieve y el barro, siempre hay hombres y mujeres con una historia de sacrificio, de esfuerzo y de vocación. Esos mismos que un día se esforzaron por estudiar, por recibirse, y que hoy ofrendan esos conocimientos en beneficio de la comunidad.
En esta cruel temporada de invierno que se abatió con furia contra los puestos rurales de la provincia, fueron decenas los operativos. Uno de los más conmovedores ocurrió este lunes en el paraje Los Toldos, a 40 kilómetros de Zapala por Ruta 13.
Allí viven Delia y Albino Lincanqueo, 85 y 88 años, dos hermanos ermitaños que eligieron toda la vida ese rincón. A 20 kilómetros de todo, por una huella que es más barro que camino, desde la Estancia Carri-Malal. Eran crianceros, ya sin animales por la edad, pero que jamás quisieron irse. “Aman vivir en ese lugar”, contó el comisario Carlos Salazar, jefe de la Brigada Rural, a LMNeuquén.
Tras el temporal, en un patrullaje preventivo, notaron que algo no andaba bien. Se activó el protocolo: Zona Sanitaria II, SIEN, Hospital Zapala y Policía.
“El pedido se activó a las 14:20 por el jefe del servicio, Rodrigo, y salimos a las 14:30 desde Zapala. Volvimos a las 19:30”, contó a LMNeuquén Florencia Azúa, enfermera del servicio de Rescate y Derivaciones del Hospital Zapala.
Florencia, nacida en Mariano Moreno, es enfermera desde hace 8 años. Lleva 6 trabajando en el hospital tras ingresar con la camada de la pandemia, y actualmente cumple casi dos años en Rescate y Derivaciones, un sector integrado por solo 10 enfermeros.
“Nos abrigamos, preparamos todo y salimos. Pasamos por agua, barro y un acantilado de piedras”, relató. El acceso fue una odisea: cuando los vehículos no avanzaron más. Tuvieron que seguir a pie, cruzando un arroyo crecido y mallines nevados.
Florencia no ahorró elogios para sus compañeros, los que muchas veces no salen en la foto: “Nuestros choferes, tres. El del área que iba con el médico Horacio, que hace las visitas rurales, y el chofer Ángel. Y los dos nuestros: Ricardo, que manejó la ambulancia de campo, Si vieran cómo se vive desde adentro!. Ese hombre es un maestro manejando”. En la misma línea, resaltó la labor de “Javier, el jefe de choferes que lo acompañó. Y Manuel, un camillero que nos dio una tremenda mano, su trabajo impecable y sumamente necesario”.
Los acompañaron además dos trabajadores de la estancia y el agente sanitario del lugar. El SIEN hizo de soporte porque eran dos pacientes. Intentaron helicóptero, pero el clima no dejó. Los sacaron a hombros y en camilla.
Florencia contó una verdad que duele y que muchos comentarios en redes malinterpretaron: “Los abuelos Delia y Albino son personas que nunca pisaron un hospital, siempre se negaron. No fuimos a hacer un cambio en su vida, sino a brindarle atención de salud. Leí muchos comentarios donde los trataban como olvidados por el sistema y no fue así”.
A renglón seguido, añadió: “Ellos viven como ermitaños, veían personal de salud y se escondían. Ella conoce mucho a su agente sanitario, se notó que había confianza, que él siempre los visitó. El doctor decidió pedir que fuéramos porque necesitaban atención en profundidad”.
La enfermera también comentó que Delia solo aceptó irse porque llevaban a su hermano. Se quería volver enseguida a su casa. Hoy ambos permanecen internados en el Hospital Zapala, al cuidado de otros compañeros.
Florencia hace un pedido que es también una lección de ética: “Por mi parte, no hubiese subido fotos de sus rostros porque es importante cuidar su privacidad. Pero algunos medios no entienden eso. En cuanto al diagnóstico, no me corresponde ahondar, es respetar su privacidad”.
A través del reconocimiento a “Flor”, se hace extensivo el agradecimiento ciudadano a todo el equipo. A Ricardo, a Javier, a Ángel, a Manuel, a Horacio, a Rodrigo, al agente sanitario, a la Policía Rural, a los dos peones de la estancia, al SIEN, a Zona Sanitaria II. A los 10 enfermeros de Rescate que todos los días aprenden algo nuevo, con frío y con viento.
A todos los hombres y mujeres que durante este invierno duro se abalanzaron contra la nieve para llegar a esos puestos del campo profundo, donde viven nuestros crianceros, en condiciones precarias, en condiciones de vulnerabilidad, pero con la dignidad intacta de quien eligió ese lugar como hogar.
Detrás de cada rescate, siempre hay personas que ponen el cuerpo.