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A una semana de volver a decir presente en el Centro Cultural Kirchner con el Concierto para Piano y Orquesta Opus 54 de Robert Schumann, el pianista neuquino Emilio Peroni recordó sus primeras notas durante su infancia, signada por el temprano descubrimiento de su talento musical en un jardín de infantes cipoleño, su aprendizaje en la Escuela Superior de Música de Neuquén junto a su hermano, Eduardo Peroni, con quien brilló y se hizo famoso a nivel local con sus sesiones "a cuatro manos" durante las tandas publicitarias de Canal 7, en la década del 90'.
Sin recuerdos precisos, pero con agradecimiento de sus padres a la maestra que vislumbró su aptitud musical cuando apenas tenía 3 años (aconsejándoles acompañarlo para que desarrollara sus habilidades), Emilio conjetura que la docente se dio cuenta que estaba por encima de la media al ver que respetaba los ritmos o que cantaba afinado.
Como en ese momento no existía posibilidades de iniciar estudios en música antes los 7 años, los padres de Emilio aguardaron a que llegara a esa edad para anotarlo en la Escuela Superior de Música de Neuquén, "con las dificultades que se tenían antes, porque si uno no tenía el instrumento no era como ahora que un piano se puede reemplazar por un teclado eléctrico de diferente valor y calidad".
Con el tiempo, Eduardo, su menor hermano, siguió sus pasos y se incorporó a la institución para estudiar piano y guitarra. "Cuando entró ya sabía tocar todas las piezas que yo estudiaba por partitura, pero él lo hacía sin leer porque me imitaba a mí", recordó el pianista de 46 años.
"Luego él comenzó a estudiar violín y viola. En el 2001 se instaló en Córdoba donde entró a la Orquesta Sinfónica y en el 2002 se sumó a la Orquesta Sinfónica Nacional, en Buenos Aires", comentó haciendo un resumen de la trayectoria que logró construir aquel niño que le disputaba las teclas en el hogar.
Durante su adolescencia, mientras perfilaban sus habilidades instrumentales en la Escuela Superior de Música, los hermanos Peroni se convirtieron en dos estrellas locales a partir de las apariciones de sus sesiones de piano "a cuatro manos" en la pantalla de Canal 7.
Corrían los años 90' ambos sorprendieron a sus conocidos y al público local con sus interpretaciones en las tandas publicitarias, mientras la emisora aguardaba la señal satelital para seguir transmitiendo algunos programas porteños.
"Habremos tenido 13 o 14 años", calculó Emilio entre risas, al desempolvar ese recuerdo que permanecía tímido en su memoria. Esos pasajes que se emitían a diario -incluso en el prime time- para completar el espacio publicitario, eran segmentos de un video de unos 40 minutos de duración, con varias piezas musicales, que grabaron en la Escuela de Superior de Música.
"Lo pudimos hacer gracias a una conexión que hizo mi papá con un equipo de filmación. Luego, como conocía a un productor de Canal 7, lo llevó y empezaron a pasarlo entre bloques de programas como Tiempo Nuevo, con Bernardo Neustadt y Mariano Grondona", indicó.
"Era toda una novedad, nos parecía muy interesante y muy lindo aparecer en televisión como músicos, en el canal más importante que tenía la zona. Me acuerdo de que para el video improvisamos algunos tangos y la Rapsodia húngara n° 2 de Franz Liszt", puntualizó.
"Debo decir que mi cualidad musical viene heredada de mi tío bisabuelo Carlos Di Sarli", lanzó Emilio haciendo referencia al director de orquesta, compositor y pianista conocido como "El Señor del Tango", por la enorme trayectoria que construyó desde los 13 años.
La historia familiar no solo se repitió desde el prodigio con la música y la elección del piano como instrumento aliado para dejar una huella, sino también en la peculiaridad de aprender y compartir la pasión con sus hermanos.
Es que los hermanos del "Señor del Tango" también se dedicaron a la música: Domingo fue profesor en el conservatorio Williams, donde estudió Carlos (que en realidad se llamaba Cayetano), Nicolás llegó a ser un renombrado barítono y Roque, el menor, fue también pianista.
"Yo no lo conocí porque él murió en 1960 y yo nací en 1977", lamentó Emilio, para luego destacar que desde chico disfrutó tocando "muchísimos tangos y música clásica" y el vínculo con su hermano Eduardo.
"Siempre tuvimos una linda vinculación humana y musical, viviendo los dos en Cipolletti y luego, cada uno en su punto geográfico. Hemos hecho muchos conciertos juntos, tanto en Europa como acá", expresó.
Luego de graduarse como profesor de piano en 1998, Emilio se desarrolló musicalmente bajo la tutela de los maestros Miguel Martín Morales, Aldo Antognazzi y Bruno Leonardo Gelber, Carlo Bruno, Ángel Soler y Bernd Zack.
"Cuando yo estudiaba no existía una orquesta ni tantos grupos musicales dentro de la Escuela de Música, ni materias que hoy en día estoy dando. Neuquén y Río Negro han crecido y eso derivó en una evolución estilística y de la curiosidad de la gente", comentó en un tramo de la charla, para luego manifestar que ese contexto jamás lo desalentó ni puso en duda su vocación ni la elección de Neuquén como escenario para su vida.
"Recién hoy me doy cuenta de lo que no había antes, con todo lo que hay. En ese momento ni lo pensé, ni me lamentaba de lo que no había. Estaba muy focalizado en lo que había. Desde los 15 años, cuando empecé a viajar a Buenos Aires por concursos o a tomar clases de perfeccionamiento, tuve la seguridad de que me quería dedicar apasionadamente a la música en varias de sus aristas. Me encanta tocar en público y la docencia: entablar un contacto muy lindo como el que tengo con todos los estudiantes. Así que desde mi adolescencia supe que quería hacer de la música y del piano mi vida", recalcó con orgullo.
En 1999, Emilio ganó una beca para ir estudiar a Roma un año. En el 2001, otra beca lo llevó a Barcelona, una ciudad que se convirtió en el trampolín hacia a la Escuela Superior de Música y Teatro de la ciudad alemana de Rostock, donde vivió doce años y medio. Allí culminó, con la más alta calificación, dos posgrados en piano y uno en música de cámara, además de ser contratado como acompañante y docente.
El año 2012 marcó su regreso a Neuquén y a la Escuela Superior de Música donde actualmente cuenta con el máximo de horas en diferentes cátedras. Más allá de su comprobada experiencia y reconocimientos, continúa estudiando en sus ratos libres, además de viajar para tocar en diferentes partes del mundo y renovar mes a mes el ciclo de música y charlas que desde 2019 realiza en la intimidad de su hogar, en el barrio Santa Genoveva.
Cada principio de mes, el instrumentista abre las puertas de su casa para cautivar a un público asiduo con la belleza de diferentes piezas de la música universal, interpretadas en su piano. Se trata de una sesión íntima-de una hora y media de duración- que en un principio bautizó con el nombre "Viajes de la música". La propuesta incluye sus ejecuciones, a partir de un eje temático y un ida y vuelta para expandir el mundo que hay detrás de cada composición.
El espacio surgió en 2019 como una continuidad de lo que sucede en cada una de sus presentaciones. "Fue a colación de los comentarios que hago en todos conciertos que realizo, una apreciación sin terminología técnica para que pueda tener llegada a todos. La idea entonces es disfrutar de la música con gente que le apasione. Yo ejecuto piezas, muestro unas diapositivas, comparto mi experiencia con esas obras y hago especificaciones con terminología accesible para que todo el mundo pueda disfrutar y comprender", detalló Emilio poniendo énfasis en que la propuesta es completamente abierta, tanto para avezados como para personas que, por algún motivo, nunca tuvieron la oportunidad de entender y descubrir las maravillas que ofrece la música.
"Anualmente programo diez temáticas variadas. Pueden ser sobre un compositor en especial o un conjunto que sean referentes de un país o una determinada tradición. He hecho ya sobre la música popular argentina, rusa, europea, sobre Beethoven, Mozart, Schumann", ejemplificó.
"Con la bendición de que venga tanta gente, tuve que duplicar cada evento en sábados contiguos, con un promedio de entre 20 y 25 personas por reunión", calculó, antes de explicitar qué es lo que más valora del ciclo que tendrá dos ediciones dedicadas a la música española en los primeros sábados de agosto.
"Me encantan estos encuentros para compartir lo que sé y descubrir que hay tanta gente que uno no conoce y con la que te podés conectar a partir de la música. El público es variado, muchos desconocidos por mí y una gran cantidad de personas jóvenes, muy interesadas y adiestradas con estos repertorios. Intervienen mucho porque yo les voy preguntando qué van sintiendo, qué tienen ganas de aportar. Hay un permanente ida y vuelta con comentarios muy interesantes. Sobre el final preparo café con algo para picar y mucha gente se queda para seguir charlando", resaltó.
"Lo mejor que me regaló la música es tomar contacto con gente que vibra de la misma manera. He tocado con grandes músicos y he hecho música a alto nivel con pocos ensayos. La música además me llevó a distintos lugares que desconocía, eso fue mágico: ver a personas de diferentes edades, pasado, cultura e idioma haciendo la misma música con la misma energía y ganas", remarcó.
El próximo 26 de julio Emilio se presentará en el Centro Cultural Kirchner para deleitar al público con el Concierto para Piano y Orquesta Opus 54 de Robert Schumann. Esta será la segunda vez que toque en el prestigioso centro cultural, luego de su primera incursión en 2019 junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, con la que compartió ya cuatro eventos.
Una de las perlitas que más lo motiva es que, tal como sucedió hace cuatro años atrás, Emilio volverá a compartir escenario con su hermano, quien forma parte de la Orquesta Sinfónica Nacional hace 21 años.
"Son muchos placeres juntos. Por un lado, tocar en esa Ballena Azul hermosísima y, por otro, tener sentado a mi hermano en la Orquesta Sinfónica Nacional es otro placer como hacer música en dúo; y aparte con la orquesta. Estoy con muchas ganas de viajar y de disfrutar de todo eso con el público", recalcó.