De Neuquén a Alaska en moto: vendió todo para cumplir un sueño que postergó durante años

Nicolás partirá en noviembre a bordo de su Honda Navi. Planea recorrer el continente y llegar hasta Alaska en un viaje que podría durar hasta dos años.

Una moto y poco equipaje. No hace falta más. Con eso, Nicolás se prepara para emprender el viaje que durante años imaginó y que ahora finalmente podrá concretar: salir desde Neuquén y recorrer el continente de sur a norte hasta llegar a Alaska.

Nicolás Poblet tiene 39 años, es neuquino y actualmente dirige su propio taller mecánico. Pero no por mucho tiempo. De a poco, se está desprendiendo de todo para emprender una aventura sobre dos ruedas.

La partida está prevista para mediados de noviembre. No tiene una fecha exacta de regreso ni un itinerario cerrado. Calcula que podría tardar entre un año y medio y dos años en completar el recorrido, aunque justamente una de las premisas del viaje es no correr detrás del calendario.

Una moto chica para un viaje enorme

Nicolás viaja en moto desde hace años. Su primer viaje largo fue en 2021, después de la pandemia, cuando llegó hasta el glaciar Perito Moreno y también cumplió con otro de los objetivos de ese recorrido: conocer El Chaltén.

“Una vez que arranqué a viajar en moto no paré más. La verdad que viajar así te abre un montón de posibilidades. Vas conociendo el camino de una forma totalmente diferente”, contó.

A bordo de su Honda Navi, se prepara para atravesar miles de kilómetros más. Sabe que no es una moto pensada para recorrer grandes distancias a alta velocidad y, justamente por eso, decidió tomarse el viaje con otro ritmo. Calcula que aproximadamente se moverá a 60 km/h.

“Hoy en día subirse a una moto grande y viajar en una moto grande no es lo mismo que en una moto chica. Esto vas disfrutando el viaje, vas disfrutando los caminos, vas viendo todo. Se vive de una forma diferente”, explicó.

A diferencia de unas vacaciones convencionales, Nicolás no tendrá que regresar a trabajar después de dos semanas. Esa libertad, según cuenta, le permitirá detenerse donde quiera, conocer lugares y modificar sus planes sobre la marcha.

Un viaje que esperó por su hijo

Durante años, la posibilidad de irse del país estuvo presente en su cabeza, pero hubo algo que postergó el proyecto: su hijo, Benjamín, todavía era chico y Nicolás no quería estar lejos de él.

Ahora, con 17 años y una mayor independencia, la situación es diferente. La decisión de viajar, sin embargo, no fue tomada de manera individual. Es algo que vienen conversando en familia desde hace tiempo.

“Lo que siempre me frenó es el tema de mi hijo. Pero ya charlándolo con él, viéndolo con él, que está todo bien, ya lo puedo hacer”, contó.

Benjamín, además, creció acompañando a su padre en distintos viajes. Nicolás contó que desde chico compartieron experiencias y que, de alguna manera, también le transmitió esa pasión por conocer distintos lugares.

Durante el recorrido hasta Alaska, incluso, existe la posibilidad de que vuelvan a encontrarse. La idea es que su hijo pueda tomar un avión hasta algún punto del trayecto, compartir una parte del viaje con él y después regresar.

“Él también tiene unos viajes proyectados y dejamos todo encaminado para que los pueda hacer”, explicó.

Vender todo para poder viajar

Para concretar el proyecto, Nicolás decidió desprenderse de buena parte de las cosas que tiene. Incluso el taller mecánico en el que trabaja, que también piensa vender antes de partir.

La decisión también tiene un componente familiar: el dinero que obtenga por la venta del taller quedará para su hijo. Nicolás se llevará algunos ahorros para comenzar el viaje, pero su idea es ir generando ingresos durante el recorrido y solventar los gastos a medida que avance.

También está vendiendo otras pertenencias para reducir al mínimo aquello que deberá llevar consigo. No es algo que, según él, le genere demasiado conflicto.

“Siempre, afortunadamente, fui muy despojado de lo material. No es algo que me genere apego. Entonces hoy lo tengo, mañana no y la verdad que no me preocupa eso”, sostuvo.

Dos años para llegar a Alaska

Nicolás sabe desde dónde va a salir y cuál es su destino, pero no pretende transformar el recorrido en una lista de lugares que debe completar.

La primera etapa será desde Neuquén hacia Chile, donde atravesará la Carretera Austral hasta llegar a Ushuaia. Luego regresará por Argentina y emprenderá el camino hacia el norte por la Ruta 40. Después seguirá por Bolivia y continuará avanzando por Centroamérica y Norteamérica hasta alcanzar Alaska.

Calcula que todo el recorrido podría demandarle entre un año y medio y dos años, aunque esa estimación puede cambiar completamente según lo que encuentre en el camino.

“No tengo tiempo de llegada”, aclaró. Para él, parte del sentido de viajar de esta manera está justamente en tener la posibilidad de quedarse más tiempo en un lugar si encuentra algo que le interesa o cambiar el rumbo si las circunstancias lo llevan por otro lado.

“No planeo nada. Justamente no planeo nada porque la vida me sorprende. Si planeaste algo y no te salió como querías, te queda un sabor medio mal. Entonces quiero llegar a tal lado y llegaré, y si no llego, no”, explicó.

Esa forma de viajar también implica aceptar que no todos los días serán fáciles.

“Yo sé que no van a ser todos los días color de rosas porque no es así. Hay un montón de cosas que van a pasar, pero la cosa es tratar de ir solucionando a medida que vayan pasando los inconvenientes”, señaló.

Mecánico, viajero y preparado para los imprevistos

Aunque Nicolás quiere dejarse sorprender, tampoco es un improvisador. Para un viaje de semejante magnitud, tomará los recaudos necesarios para hacer frente a los imprevistos que puedan aparecer en el camino.

En la moto llevará herramientas, un bidón grande de combustible y distintos elementos que puedan ayudarlo a resolver problemas durante el camino. Su oficio también juega a favor: como mecánico, conoce el funcionamiento de la moto y considera que podrá solucionar por su cuenta buena parte de los inconvenientes que aparezcan.

“Hay inconvenientes que por ahí no se te pueden escapar o pueden ser ya inmanejables por una cuestión de azar, pero en cuanto a lo que pueda resolver, me llevo todo”, explicó.

La seguridad y la comunicación con su hijo son otros de los aspectos que quiere dejar resueltos antes de partir. Para eso, planea llevar un dispositivo Starlink que le permita mantener conexión durante el viaje.

“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él”, aseguró.

El 90% del viaje, bajo una carpa

Para reducir los gastos y extender todo lo posible la duración del recorrido, Nicolás planea ser lo más austero posible y tiene una estrategia sencilla: acampar.

Calcula que aproximadamente el 90% del viaje lo hará de esa manera. Si encuentra un lugar seguro donde pueda instalar la carpa al costado de la ruta, esa será la opción que elegirá.

La decisión no responde solamente a una cuestión económica. Nicolás cuenta que desde chico le gusta el contacto con la naturaleza y que disfruta especialmente de pasar tiempo al aire libre.

“Prefiero mil veces acampar que estar encerrado en un hospedaje”, aseguró.

Esa combinación de austeridad, libertad y naturaleza es, en buena medida, la forma en la que imagina el viaje que está a punto de comenzar.

No quedarse con la duda

A medida que se acerca noviembre, la mezcla de emociones aumenta. Nicolás reconoce que durante mucho tiempo imaginó que algún día realizaría este viaje, pero recién ahora siente que ese momento está llegando.

La fecha coincide, además, con un cambio de década. El 11 de octubre cumple 40 años y, apenas unas semanas después, tiene previsto comenzar una travesía que podría llevarlo durante años lejos de Neuquén.

No sabe exactamente qué encontrará en el camino. Tampoco qué problemas tendrá que resolver, dónde dormirá cada noche o cuánto tiempo permanecerá en cada lugar. Pero justamente esa incertidumbre forma parte de lo que busca.

“Si vos no te arriesgás, nunca vas a saber qué realmente hubiese pasado. Yo no me quiero quedar con eso”, reflexionó.

Antes de partir, además, ya comenzó a preparar la manera de registrar el recorrido. Abrió un canal de YouTube, Astronaviofc, y una cuenta de Instagram, @astronavi.ofc, para documentar el viaje. El primer video, dedicado a mostrar cómo preparó y equipó la moto, fue publicado días atrás y significó también su primera experiencia creando contenido de ese tipo.

A partir de noviembre, la idea será mostrar el viaje tal como ocurra: los lugares, los encuentros, los problemas y también aquellos días que no salgan como esperaba.

Para Nicolás, después de tantos años de postergar el proyecto por sus responsabilidades, llegó el momento de descubrir qué hay más allá de la ruta conocida.

“Yo le diría a la gente que lo intente, que arriesgue. Que si fracasa, por lo menos se quede sabiendo que lo intentó. No hay, para mí, peor fracaso que no probar”, sostuvo.

Y mientras prepara la moto, vende sus pertenencias y organiza la despedida de una vida que conoce bien, Alaska aparece cada vez menos como un sueño lejano y cada vez más como el punto hacia el que comenzará a avanzar.

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