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De trabajar en el petróleo a correr por el mundo: el neuquino que atravesó 120 km de desierto, montañas y grandes ciudades

A los 61 años, Denis Pi completó las Six Majors, el circuito de carreras más prestigioso del planeta, y ya piensa en nuevos desafíos.

Hace apenas unos años, correr una maratón de 42 kilómetros parecía un desafío imposible para Denis. Pero en abril de este año cruzó la meta en Boston y completó las Six Majors, el circuito que reúne las seis maratones más importantes del mundo.

Denis Pi nació en Cutral Co y desde muy joven tuvo claro cuál iba a ser su camino. Egresó de una escuela técnica y luego estudió Ingeniería en Petróleo. Creció en una familia humilde, en una ciudad atravesada históricamente por la actividad petrolera, y asegura que nunca imaginó otro destino. “La duda no era qué estudiar, sino si iba a poder hacerlo o no por condición económica. Pero que iba a dedicarme al petróleo, eso nunca lo cuestioné", recuerda.

Y así fue. Dedicó toda su vida laboral a esa industria. El trabajo lo llevó por distintos lugares: vivió casi dos años en Bolivia, pasó ocho años en Venezuela y más tarde se instaló en Buenos Aires. Durante décadas, la rutina estuvo marcada por los viajes, las mudanzas y las largas jornadas laborales. Adriana, su esposa, lo acompañó en cada uno de esos cambios y juntos fueron armando una vida itinerante, siempre detrás de las oportunidades laborales que iban apareciendo.

Sus primeros pasos como atleta

Durante mucho tiempo, correr fue apenas una manera de mantenerse en movimiento. Denis nunca se consideró un deportista nato ni alguien especialmente talentoso para la actividad física. “Me gustaban los deportes, pero nunca tuve condiciones para ninguno”, admite.

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En Venezuela, mientras trabajaba para una empresa petrolera, empezó a combinar algunas salidas a correr con el gimnasio, simplemente para estar en forma.

Pero a comienzos de los 2000 ocurrió algo que cambió su relación con el running. En la empresa donde trabajaba organizaban competencias deportivas entre empleados de distintos países y los ganadores viajaban a Brasil para disputar una final internacional.

Denis decidió anotarse más como una forma de motivar a la gente que tenía a cargo que por ambición personal. Lo inesperado fue el resultado: salió primero en su categoría. Ese logro, pequeño pero significativo, despertó algo que hasta entonces no había experimentado. A partir de ese momento empezó a tomarse las carreras de otra manera.

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Mientras todavía vivía en Venezuela, comenzó a participar en competencias cortas. Corría cuando el tiempo se lo permitía y entrenaba entre las exigencias laborales, sin imaginar todavía hasta dónde podía llegar.

Desafíos cada vez mayores

Hasta 2016, Denis fumaba. Había intentado dejar varias veces, pero siempre volvía. Sin embargo, tenía dos objetivos claros desde hacía años: abandonar el cigarrillo y retirarse joven para disfrutar de la vida después de tantos años de esfuerzo en el trabajo. “Dejar el cigarrillo fue como una carrera, fue difícil el proceso, pero excelente el resultado”, asegura hoy.

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En paralelo, las carreras empezaron a ocupar cada vez más espacio en su vida. Primero fueron los 10 kilómetros. Después llegaron las medias maratones. Más adelante se animó a los 42 kilómetros, aunque durante mucho tiempo sintió que esa distancia era demasiado grande para él.

De hecho, gran parte de sus logros deportivos llegaron después de los 40 años. Cuando muchos atletas empiezan a bajar el ritmo, Denis hizo lo contrario.

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Cuando se acercaban sus 60 años, comenzó a preguntarse si todavía estaba a tiempo de cumplir uno de esos sueños que parecían reservados para otros corredores: completar las Six Majors, las seis maratones más importantes del planeta.

Durante años las había visto como algo inalcanzable. Carreras enormes, multitudinarias, con corredores de todo el mundo y una exigencia física extrema. Pero decidió intentarlo igual. “Pensé que no me iba a retirar sin probar si podía hacerlo”, recuerda.

Seis ciudades, seis maratones y una medalla

La aventura comenzó en noviembre de 2023 con la maratón de Nueva York. Después llegaron Londres, Berlín, Tokio, Chicago y finalmente Boston. Denis corrió dos maratones por año hasta completar el circuito.

Cada competencia reúne entre 40 mil y 60 mil corredores. Las ciudades se transforman durante varios días y el ambiente, festivo es difícil de explicar. “La gente está desde temprano alentando, con música, carteles y bandas. Son 42 kilómetros llenos de personas gritando y acompañando”.

En todas las carreras estuvo acompañado por Adriana. Cada viaje era también una excusa para pasear, recorrer y compartir tiempo juntos.

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La última parada fue en abril de este año. Cuando cruzó la meta, Denis recibió la medalla especial que se entrega a quienes completan las Six Majors. Una medalla enorme que simboliza años de disciplina, entrenamiento y constancia. Pero para él, el verdadero premio fue otro: cruzar la meta y demostrarse a sí mismo que es capaz de lograr lo que se propone.

Tres días corriendo en el desierto

Al comprobar que podía completar maratones, Denis empezó a buscar nuevos objetivos. Algunos todavía más extremos. Uno de ellos fue El Cruce, la tradicional competencia de montaña que atraviesa la cordillera y suma 100 kilómetros en tres días.

Pero el reto más duro llegó el año pasado, en Perú. Allí participó de la Marathon des Sables, una carrera de 120 kilómetros dividida en etapas y disputada en el desierto de Ica. La competencia se corre bajo modalidad de autosuficiencia: cada corredor debe llevar en su mochila toda la comida, ropa y elementos necesarios para sobrevivir al desafío.

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El clima, el ambiente inhóspito y el desgaste físico convierten a esa prueba en una experiencia extrema. Pero Denis asegura que en esas distancias el cuerpo deja de ser el principal obstáculo: “el gran desafío es mental”.

Entrenamiento y constancia: la clave del éxito

Aunque las fotos suelen mostrar el momento de la llegada, Denis insiste en que el verdadero reto está en la preparación. Actualmente entrena entre 15 y 17 horas por semana: corre seis o siete días, va al gimnasio cuatro o cinco veces y también suma salidas en bicicleta. Su vida cotidiana gira alrededor del deporte.

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“Lo difícil es mantener la constancia”, explica. Salir cuando hace frío, cuando llueve o cuando el viento patagónico pega fuerte y entrenar durante meses sin obtener resultados inmediatos. En tiempos donde todo parece rápido y urgente, Denis aprendió a convivir con procesos largos. “Hay que darle tiempo al cuerpo y a la mente para que se acostumbren”, sostiene.

Por eso últimamente decidió entrenar sin escuchar música. Corre solo, acompañado únicamente por sus pensamientos y su respiración, esas horas lo ayudan a preparar la cabeza tanto como las piernas. “Uno aprende a escuchar el cuerpo y los dolores. La mayor parte son pasajeros y después de haber entrenado se siente la satisfacción. Las ganas no están antes de salir, pero siempre sos feliz cuando terminás”, reflexiona.

Neuquén: el hogar al cual volver

Cuando llegó la pandemia, Denis y Adriana aún vivían en Buenos Aires. Habían regresado de un viaje al exterior y decidieron pasar los 14 días de aislamiento en Neuquén, donde tenían una casa. Esas semanas se transformaron en meses y luego en años. Nunca más se fueron.

La ciudad terminó convirtiéndose otra vez en el lugar al que siempre regresan. En su tierra natal tienen a su familia, pueden ver crecer a sus sobrinos y disfrutar de una vida más tranquila después de la jubilación.

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“Por mí estaría viajando todo el tiempo”, admite Denis. Adriana, en cambio, tiene un vínculo más fuerte con Neuquén. Entre ambos encontraron un equilibrio: tener un hogar fijo y, al mismo tiempo, seguir moviéndose constantemente.

En estos últimos años viajaron muchísimo. Pero ahora el tiempo ya no está organizado alrededor del trabajo, sino de las experiencias que quieren vivir. “Estoy retirado hace más de dos años y para nada aburrido”, confiesa entre risas.

Competir contra uno mismo

Denis habla de las carreras como si fueran mucho más que una actividad física. Para él, correr se transformó en una forma de probarse, de desafiarse y de demostrar que siempre se puede ir un poco más allá. “Uno compite contra su yo de ayer”, dice, convencido de que la verdadera meta no está en ganarle al resto.

Por eso también decidió compartir parte de ese camino en su Instagram (@denispi1194), donde muestra entrenamientos, viajes y competencias. Sabe que del otro lado puede haber alguien que encuentre en su historia un impulso, una señal de que nunca es tarde para empezar algo nuevo.

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Todavía sigue disfrutando de haber completado las Six Majors, pero a la vez ya empieza a pensar en lo que viene. En agosto volverá a correr la media maratón de Buenos Aires y en diciembre participará otra vez de El Cruce, en Bariloche.

Habla de nuevos desafíos con el entusiasmo de alguien que recién empieza. A los 61 años, Denis sigue poniéndose objetivos que lo obliguen a salir de su zona de confort y admite que todavía tiene una larga lista de carreras pendientes.

Porque después de atravesar desiertos, correr entre miles de personas y completar algunas de las maratones más importantes del mundo, entendió que muchas veces el límite no está en la edad ni en el cuerpo, sino en animarse a dar el primer paso.

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