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De Ushuaia a Alaska: la increíble travesía del colombiano que corre América para ayudar a 20.000 niños y niñas

Cristian Orozco atraviesa Sudamérica empujando un carro de más de 100 kilos. En su paso por Neuquén contó sobre su meta y sus desafíos solidarios.

Cristian Orozco tiene 45 años, fue teniente coronel del Ejército colombiano, sobrevivió a un grave accidente que le dejó secuelas permanentes y hoy atraviesa América al trote empujando un carro de más de 100 kilos. Su objetivo es recorrer el continente de punta a punta y reunir recursos para que miles de niños y niñas puedan seguir estudiando.

El deportista colombiano lleva adelante uno de los desafíos más ambiciosos que se recuerden en las rutas de América: unir Ushuaia con Alaska corriendo. No se trata de una aventura turística ni de una marca personal. Detrás de cada kilómetro hay una meta solidaria: reunir recursos para entregar kits escolares a 20.000 niños de zonas rurales de Colombia.

Su paso por Neuquén lo encontró acumulando kilómetros, historias y amigos inesperados. Entre ellos está Sergio, un vecino de Cipolletti que comenzó a seguirlo por redes sociales y terminó acompañándolo en parte de su recorrido. La historia de ambos se cruzó por una razón especial.

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Sergio pasó parte de su infancia en un hogar de menores. Fue abandonado junto a su hermano cuando apenas eran niños y creció en un patronato de General Roca. Cuando conoció el proyecto de Orozco, sintió una identificación inmediata.

"Me atrapó lo que está haciendo porque es para ayudar a chicos desamparados", contó a LM Neuquén. Para Cristian, esas conexiones humanas son parte fundamental del viaje.

Un militar que eligió otro camino

Antes de convertirse en ultramaratonista y conferencista, Orozco desarrolló una extensa carrera militar. Durante 24 años integró las Fuerzas Especiales de Colombia y alcanzó el grado de teniente coronel.

Su experiencia en regiones atravesadas por conflictos armados lo llevó a reflexionar sobre el rol social que podía cumplir más allá de las armas.

En una de las zonas petroleras más complejas del departamento de Putumayo impulsó un proyecto llamado "Fábrica de Sonrisas", mediante el cual construía plazas infantiles utilizando materiales recuperados de la industria petrolera.

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"Siempre amé la carrera militar, pero también entendí que los países se reconstruyen desde muchos lugares", explicó.

Esa experiencia sembró la semilla de lo que años después sería su fundación, Corre Cris Corre, una organización que trabaja con niños, madres jefas de hogar y adultos mayores.

"Creo que los niños son el verdadero futuro de cualquier nación. Ahí está el cambio", resumió.

La historia de Orozco tiene un capítulo que parece imposible de compatibilizar con la hazaña que hoy protagoniza. En 2009 fue atropellado por un automóvil y sufrió lesiones gravísimas. Perdió un testículo, sufrió traumatismos severos, permaneció ocho días en terapia intensiva y tuvo múltiples daños en una rodilla que todavía hoy le provoca dolor.

Según contó, médicamente no debería estar haciendo el esfuerzo físico que realiza. "Me duele caminar, pero creo que el dolor hace parte de la vida. No me gusta nada que no duela. El dolor es lo que le da sabor a la vida", afirmó.

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Lejos de abandonar el deporte, se transformó en corredor de ultradistancia, triatleta, nadador de aguas abiertas y ciclista. Participó en pruebas de más de 100 kilómetros y desarrolló una filosofía que repite constantemente.

"El cuerpo es solamente un accesorio. Lo que mueve el cuerpo es la mente", sostuvo.

El sueño de correr América

La idea de atravesar el continente comenzó a tomar forma hace varios años. Orozco había recorrido gran parte de Colombia corriendo y buscaba un desafío que combinara deporte, visibilidad y compromiso social. Quería realizar una travesía continental, pero también diferenciarse de la mayoría de los aventureros.

Por eso tomó una decisión simbólica. Mientras casi todos los grandes recorridos americanos parten desde Alaska rumbo al sur, él eligió hacerlo al revés. "¿Por qué no ir en contra de la corriente?", se preguntó.

La respuesta terminó convirtiéndose en proyecto. Viajó en avión hasta Ushuaia y comenzó oficialmente el desafío el 11 de marzo de este año. Desde entonces, cada jornada está dedicada a avanzar hacia el norte. Su objetivo es completar el recorrido en aproximadamente 17 meses.

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La imagen de Orozco avanzando por las rutas patagónicas es difícil de olvidar. Corre acompañado por un carro especialmente diseñado para la travesía. El vehículo, fabricado en Comodoro Rivadavia, pesa alrededor de 102 kilos con toda la carga necesaria para vivir durante meses en movimiento. Tuvo uno anterior que no resistió el viaje y el que usa ahora se lo hicieron en el camino.

Allí transporta su carpa, elementos de cocina, ropa, herramientas y equipos tecnológicos, incluido un sistema de internet satelital que le permite mantenerse conectado.

"Mi oficina es el pavimento y lo que encuentro en la ruta", describió. Cada día intenta completar entre 40 y 50 kilómetros. Dependiendo de las condiciones, eso le demanda entre cinco y seis horas de carrera.

Al finalizar la jornada busca algún lugar protegido para instalar su campamento. "Armo mi carpa, cocino y hago todo yo mismo", relató. Cada cuatro o cinco días procura alojarse en alguna vivienda o alojamiento para lavar ropa, descansar mejor y recuperar energías antes de continuar.

La Patagonia que lo sorprendió

A lo largo de los más de 2.300 kilómetros que ya recorrió, hubo algo que llamó especialmente la atención del colombiano: la solidaridad de la gente. Durante buena parte de su recorrido por la Ruta 3 fue construyendo una comunidad espontánea de seguidores. Camioneros, familias, comerciantes y vecinos comenzaron a reconocerlo y a acercarse para ofrecer ayuda.

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"Me llevaban pizzas, hamburguesas, me preguntaban qué necesitaba", recordó. El hecho de ser colombiano y tomar mate también genera curiosidad. "Tomo mate desde 2016 y no tomo café", contó entre risas.

Esa combinación de esfuerzo extremo y cercanía con la gente transformó la travesía en algo mucho más grande que una carrera. "Del sur de Argentina es donde más he conectado con las personas. La gente es hermosa", aseguró.

Aunque el desafío tiene una dimensión deportiva gigantesca, para Orozco el verdadero objetivo está lejos de las rutas. La meta es conseguir recursos para entregar 20.000 kits escolares en comunidades rurales de Colombia.

La idea surgió después de visitar escuelas donde muchos alumnos abandonaban sus estudios por no contar con cuadernos, lápices o útiles básicos. "Hay chicos que llegan sin cuadernos o sin lapiceras y después de algunos meses dejan de asistir", explicó.

Aquella realidad lo impactó profundamente y por eso decidió que la travesía continental estaría dedicada a generar visibilidad y conseguir aportes para revertir esa situación.

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No busca únicamente donaciones económicas. También trabaja con empresas que puedan aportar directamente materiales escolares. "Si una empresa ya tiene proveedores, prefiero que compre los kits y los entregue. Lo importante es que lleguen a los chicos", explicó.

Un legado para sus hijos

Detrás del atleta extremo también hay un padre. Orozco tiene tres hijos y el menor apenas tiene seis años. La distancia es uno de los costos más difíciles del desafío.

Sin embargo, asegura que la travesía también forma parte del legado que quiere dejarles. "Cuando uno tiene hijos hombres, el padre les deja un legado", reflexionó.

Para él, la enseñanza más importante no pasa por los resultados deportivos ni por los reconocimientos públicos. Tiene que ver con la perseverancia.

Con demostrar que incluso después de un accidente devastador, de las dificultades económicas o de los obstáculos físicos, todavía es posible perseguir sueños aparentemente imposibles.

Al momento de pasar por Neuquén, Cristian acumulaba casi 2.400 kilómetros recorridos desde Ushuaia. La siguiente etapa de su viaje lo llevará hacia el paso internacional Pino Hachado para ingresar a Chile y continuar avanzando hacia el norte del continente.

Por delante todavía quedan miles y miles de kilómetros, montañas, desiertos, fronteras y desafíos físicos. Pero quienes lo conocen aseguran que difícilmente encuentre algo más fuerte que su propia determinación. "Si digo que algo lo hago, se cumple por encima de cualquier cosa", concluyó.

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