Desde temprano, familias y grupos eligieron el Limay para pasar el primer día del año entre mate, parrillas y chapuzones.
Fueron los madrugadores, los que no se pasaron de festejos en la noche del 31 en Neuquén y apostaron a seguir disfrutando la llegada del 2026 de una manera más tranquila junto a la frescura de la costa del río Limay, en una jornada que desde la mañana ya se anunciaba agobiante.
Desde temprano pudo observarse cómo a través de las calles troncales de la ciudad que tienen rumbo norte sur, una incipiente, pero sostenida caravana de vehículos se encolumnaba a los balnearios que a lo largo de la costa.
Muchos fueron a disfrutar el silencio con un libro, el equipo de mate o su mascota para caminar un rato. Pero también hubo una amplia mayoría de neuquinos que decidieron quedarse para el almuerzo en los espacios que tienen parrillas.
Así, el balneario Albino Cotro, el Sandra Canale (ex Gatica) y los clubes de la calle Río Negro se fueron poblando de a poco por decenas de familias que se llevaron todo lo necesario para pasar el primer almuerzo del 2026 al lado del río.
Los menús elegidos fueron muy similares. Además de traer lo que sobró de la cena de Año Nuevo, los asados estuvieron a la orden del día. Qué mejor una comida a la sombra junto a los seres queridos para quedarse durante todo el día en estos espacios de recreación que en las duras tardes de verano se convierten en un oasis, lejos del pavimento y los edificios calientes de la ciudad.
Cerca de las 10 de la mañana, comenzaron a funcionar los equipos de mate con galletitas, pandulces o facturas para un buen desayuno. Inevitablemente, entre los fogones se vivió un clima de camaradería y de saludos y augurios entre quienes estaban allí, aunque no se conocieran.
En el medio se intercalaron algunos chapuzones cuando el calor apretaba, pero en esa alternancia de sombras y soles transcurrió la mañana hasta que cerca del mediodía comenzaron a encenderse los fuegos.
Los equipos de música que cada familia llevó sirvieron para que el improvisado camping fuera más placentero. En las parrillas se podía ver de todo un poco: los cortes tradicionales de asado, algún chivo entero para asarlo a la llama, pollos, chorizos y todos los productos cárnicos que bien podrían acompañar un almuerzo suculento.
Después llegó la hora del descansado, la mini siesta reparadora debajo de la sombra de algún árbol y finalmente cada familia terminó acoplándose al bullicio generalizado que se formó con la llegada de quienes llegaron a pasar la tarde después de comer.