Desde su casa en pleno centro, publica en grupos vecinales y entrega comida caliente a personas con dificultades para alimentarse en estos días de frío extremo.
Alejandra vive en pleno centro de Neuquén, pero tiene la mirada y el corazón puestos en los barrios más vulnerables. Cocinera por vocación y oficio, se dedica a vender viandas caseras. Sin embargo, en los días de frío polar, ese trabajo también se convierte en una herramienta solidaria: con parte de los mismos ingredientes que usa para sus clientes, Ale prepara comidas para regalar a personas que no tienen qué llevarse al plato.
“No lo hago todos los días porque no siempre me da el cuero, pero cuando puedo, cocino algo rico y lo ofrezco. Siempre hay alguien que lo necesita”, contó la vecina a LMNeuquén. Su historia con las viandas solidarias empezó hace años, en Cutral Co, donde vivió durante 15 años. “Allá cocinábamos en la sede del barrio y salíamos a repartir con voluntarios en las noches frías. Teníamos autos, nos movíamos. Acá es distinto, más complicado”, explica.
La diferencia ahora es el contexto: vive en una zona donde no hay tanta gente en situación de calle o con necesidades urgentes. Por eso, publica sus ofrecimientos en grupos de barrios como Confluencia o Sapere, entre otros, donde sabe que la demanda existe. “El sábado, por ejemplo, hice tallarines con salsa boloñesa y pancito casero. Pero no vino mucha gente. Hace frío para salir y además, yo vivo lejos. A muchos se les complica venir”, dice.
Ale no se queja, pero sí plantea las dificultades que enfrenta. Vive sola con su marido, que trabaja todo el día, y sin un vehículo propio, trasladarse o repartir viandas no siempre es posible. Aun así, insiste: “Yo cocino con ganas porque me encanta y porque necesito sentirme útil. Y si queda algo, siempre hay algún amigo solo o alguien que pasa por la puerta a quien se lo puedo dar”.
Este lunes, el menú fue arroz con leche. “Es algo sencillo, pero pienso que quizás hay personas que tienen arroz y leche en su casa, pero no tienen gas, o les falta azúcar… Siempre falta algo. Y yo, si puedo, lo cocino y lo ofrezco. Pero quiero ser clara: no es todos los días. Sería lindo, pero es difícil tener los insumos siempre. Por eso aviso por redes cuando tengo algo”, explicó. También ofreció su número de teléfono (2996 29-9589) para quienes quieran consultar si hay comida disponible.
La calidad es otro punto que no negocia. “Uso los mismos productos que para vender. No compro lo más barato. La comida que regalo es para una persona, un ser humano como cualquiera. Hay que tratarla con respeto”, afirmó. Su cocina es pequeña, pero alcanza para mucho: platos simples, hechos con esmero y con un sentido profundo de comunidad.
Más allá de la visibilidad ocasional, Ale no busca reconocimiento. “No quiero hacer alarde. Lo hago porque me sale, porque me hace bien”, resumió. En un contexto de crisis económica, con el invierno pegando fuerte y los recursos escaseando, su gesto, aunque modesto, se vuelve valioso. Porque en días donde lo urgente es sobrevivir, una vianda caliente también puede ser una caricia.
Desde su lugar, Alejandra demuestra que la solidaridad no siempre necesita grandes estructuras. A veces, alcanza con una cocina encendida, una olla llena y la voluntad de compartir lo que se tiene. Su gesto, discreto, pero potente, es una muestra más de cómo el compromiso individual puede marcar la diferencia en la vida de otros.