Mariela Tesler tenía casi 200 mil seguidores cuando Instagram inhabilitó su cuenta. Asegura que no puede facturar y busca recuperarla por la vía legal.
El 1° de julio, Mariela Tesler se despertó como cualquier otra mañana y tomó su celular para comenzar el día con la meditación que escucha habitualmente. Pero una notificación inesperada cambió por completo sus planes: Instagram le informaba que habían inhabilitado su cuenta.
Lo que parecía un problema pasajero terminó convirtiéndose, según cuenta, en una situación que puso en jaque su trabajo y la dejó prácticamente sin una de sus principales herramientas para vivir. "Uno piensa que es independiente como trabajador, pero te terminás dando cuenta de que no lo sos", reflexionó Mariela.
Desde 2015 utilizaba esa cuenta, que llegó a tener 198 mil seguidores y estaba verificada. Allí concentraba buena parte de su comunicación, publicaba sus contenidos, respondía consultas, ofrecía sus servicios y mantenía el contacto con una comunidad que había construido durante años.
El impacto fue inmediato. Como tenía vinculadas sus cuentas de Instagram y Facebook, también perdió el acceso a esta última plataforma. De un momento a otro, quedó sin la posibilidad de comunicarse con la mayoría de las personas que la seguían y, al mismo tiempo, sin el principal canal a través del cual daba a conocer su trabajo. "Te agarra una impotencia, la sensación de que te robaron todo. De repente no podés hacer nada más", describió.
Después de descubrir que su cuenta había sido inhabilitada, Mariela comenzó a buscar explicaciones y a intentar recuperarla. Según relató, realizó múltiples reclamos a través de las herramientas disponibles en la plataforma, pero hasta el momento no logró recuperar el acceso.
La situación se volvió todavía más frustrante cuando le indicaron que podía tratarse de un error de los sistemas automatizados de Meta. Sin embargo, pese a las apelaciones realizadas, la cuenta continúa bloqueada.
Mariela explica que, por el tipo de contenido que publica, siempre intenta tener especial cuidado con las palabras que utiliza para evitar cualquier tipo de censura. Según detalló, quienes trabajan con temas sexuales suelen modificar determinados términos o expresiones y recurrir a otras formas de comunicar para evitar que los sistemas de las plataformas interpreten sus contenidos como una infracción.
Aun así, asegura que uno de los motivos que habría detectado la plataforma estaba relacionado con una supuesta referencia a "tráfico de menores" en uno de sus contenidos, algo que considera una interpretación equivocada del sistema. Para ella, el problema está relacionado con el funcionamiento de los mecanismos de detección automática y con la dificultad que existe para obtener una respuesta concreta cuando una cuenta es bloqueada.
"Te dicen que sí, que es un error de la inteligencia artificial que se salió de control y que está haciendo eso con un montón de cuentas, pero no te dan una solución", lamentó.
Ante la falta de respuestas, decidió avanzar por otra vía. En lugar de recurrir a quienes ofrecen recuperar cuentas a cambio de grandes sumas de dinero, contrató un abogado y comenzó un proceso legal para intentar recuperar su perfil. La próxima instancia de apelación está prevista para agosto.
Mientras tanto, el tiempo pasa y la incertidumbre continúa. "Desde el primero de julio que no puedo facturar. Tengo todo parado", sostuvo con desesperación. Instagram era una parte fundamental de su trabajo: allí ofrecía sus mentorías, cursos y escuela online, además de concretar acuerdos con marcas y recibir cientos de mensajes diarios.
Su modelo requiere sumar nuevos clientes de manera constante, por lo que el bloqueo también tuvo un fuerte impacto económico. "Para poder ofrecer eso, para poder vender eso, necesitás una plataforma justamente en donde llegues a la gente para que se lo puedas ofrecer. Y si esa plataforma no está, ¿de dónde sacás a los clientes?", planteó.
La situación también afectó sus acuerdos comerciales, ya que al no contar con sus redes principales no puede cumplir con las campañas que requieren publicaciones en sus perfiles.
Mariela comenzó a trabajar con mujeres en 2007 y, con el paso de los años, amplió su actividad hacia las parejas y los hombres. Su propuesta aborda la sexualidad, el placer, la comunicación y los vínculos, a través de mentorías personalizadas, cursos y una escuela online.
Hace ocho años también decidió convertirse en nómade. Vendió su departamento, su auto y buena parte de sus pertenencias para recorrer distintos lugares del mundo con una valija, una computadora y su mat de yoga. Durante esos viajes entrevistó a personas de diferentes culturas sobre la felicidad, las relaciones y el placer, experiencias que luego incorporó a su trabajo.
Hoy desarrolla toda su actividad de manera online y puede trabajar desde cualquier lugar con conexión a internet. Pero esa misma modalidad que le facilitó la vida nómade también expuso su principal vulnerabilidad: gran parte de su trabajo depende de plataformas cuyas decisiones no puede controlar.
Más allá de las consecuencias económicas, el cierre de la cuenta también tuvo un fuerte impacto emocional. Desde que perdió el acceso, Mariela no pudo volver a comunicarse con la mayoría de las personas que la seguían. Intentó mantener el contacto a través de un perfil alternativo, pero apenas reúne a una pequeña parte de su comunidad.
"Es impresionante no poder hablar con la gente, porque no la tenés en otro lugar que no sea ahí", expresó.
Para ella, la situación también le permitió dimensionar el vínculo que había construido con personas a las que nunca conoció personalmente, pero que le escribían para compartir sus experiencias y contarle cómo sus contenidos habían influido en sus vidas. "Más allá de que es virtual, es como tu familia", describió.
Esos mensajes son, justamente, una de las razones por las que se niega a pensar que casi dos décadas de trabajo puedan desaparecer de un momento a otro. "Después de todo el recorrido que hice, no puede ser que todo eso quede en la nada", sostuvo.
Mientras espera que avance el reclamo legal, Mariela intenta reconstruir su actividad. Confía en recuperar su cuenta, pero también entendió que no quiere volver a depender exclusivamente de Instagram o Facebook.
Por eso, está preparando una escuela virtual independiente de las redes sociales. La idea es construir un espacio propio en el que pueda mantener el contacto con su comunidad, compartir contenidos y ofrecer sus servicios sin quedar completamente atada a una plataforma.
Aunque todavía atraviesa la incertidumbre y espera una respuesta que le permita recuperar lo que construyó durante años, también busca que lo ocurrido se transforme en una oportunidad para desarrollar una estructura que no dependa de una única red social.
A partir de lo que le ocurrió, Mariela quiere dejar una advertencia para quienes tienen emprendimientos, negocios o trabajos que dependen de las redes sociales: espera que su experiencia sirva para tomar conciencia de los riesgos de depositar el ciento por ciento de una actividad profesional en una plataforma que, de un momento a otro, puede dejar de estar disponible.
Por eso, recomienda construir también canales propios de comunicación y mantener el contacto con clientes y comunidades por fuera de Instagram y Facebook. Para ella, contar con alternativas puede marcar la diferencia entre atravesar una dificultad y quedar completamente paralizado.
"Después seguramente dentro de un tiempo me daré cuenta para qué sirvió todo esto. Hoy todavía no lo veo", reflexionó.
Al haber desaparecido de un día para el otro de las redes, Mariela tampoco pudo explicarles a sus seguidores y a las marcas con las que trabajaba qué había ocurrido. Por eso, mientras espera recuperar sus cuentas, busca mantener abiertos otros canales de comunicación. Quienes quieran contactarla pueden hacerlo a través del correo electrónico marie@teslertraining.com o del teléfono laboral +54 911 23119944.