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Electromecánico y sin experiencia previa: empezó a cultivar gírgolas y hoy abastece al Alto Valle

Con producción durante todo el año, el emprendimiento logró conquistar un mercado poco explorado y llevar sus productos a restaurantes y hoteles de la región.

Hay proyectos que nacen de un plan diseñado durante años. Y hay otros que empiezan de forma inesperada, en una charla entre mates, con una idea lanzada al pasar. Así nació Patagonia Hongos, un emprendimiento que hoy abastece de productos frescos a restaurantes, hoteles y clientes en toda la región.

Sergio Bengolea tiene 60 años, es técnico electromecánico y desde hace casi tres décadas trabaja en el rubro de la tecnología. Sin embargo, una idea que apareció casi de casualidad terminó despertándole una nueva pasión. Lo que comenzó como una prueba terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy produce gírgolas frescas durante todo el año desde una planta ubicada en Centenario.

En muy poco tiempo y sin experiencia previa Sergio logró abrirse camino en un mercado poco explorado en la región, pero detrás del crecimiento hay mucho más que un producto novedoso: hay horas de trabajo, una apuesta familiar, tardes de reparto que alargan la jornada laboral y una filosofía personal que Sergio repite varias veces durante la charla: “Esto me da vida”.

El comienzo de algo nuevo

La historia se remonta unos dos años y medio atrás, lejos de cualquier oficina o plan de negocios formal. Fue en una charla cotidiana, entre mates, junto a una amiga que tenía una chacra y le comentó que había hecho un curso sobre cultivo de hongos.

En medio de la conversación, ella le convidó un escabeche de gírgolas casero. Sergio lo probó sin imaginar que ese momento iba a terminar cambiándole la rutina y abriéndole una puerta completamente nueva.

El mundo fungi le resultaba totalmente ajeno, pero después de aquella charla la curiosidad lo llevó a investigar, leer y capacitarse. A medida que se metía más en el tema, descubrió un universo enorme, lleno de procesos, variedades y posibilidades que lo atrapó desde el principio.

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Así comenzaron meses de pruebas y planificación. Sergio se abocó de lleno a entender cómo adaptar ese tipo de producción a un proyecto propio en la región y, sobre todo, cómo sostenerlo en el tiempo.

En hojas sueltas y anotaciones improvisadas fue diagramando de a poco lo que después se convertiría en Patagonia Hongos. Calculó costos, evaluó posibilidades, pensó cómo armar las salas de producción y cuánto necesitaba invertir.

Quería hacerlo de manera ordenada, pero también realista. Por eso decidió avanzar paso a paso. Primero armó las salas y sembró unos 500 troncos para probar cómo respondía la producción. La primera cosecha llegó meses después y terminó confirmándole que iba por el camino correcto. Ahí entendió que aquello ya no era solamente una curiosidad ni un hobby pasajero: la idea empezaba a convertirse en algo mucho más grande.

Crecimiento a pasos agigantados

Para su sorpresa, el emprendimiento avanzó más rápido de lo que imaginaba. En apenas un año, Patagonia Hongos se convirtió en proveedor de restaurantes, hoteles y particulares de distintos puntos del Alto Valle.

Hoy abastecen principalmente a Neuquén capital, Cipolletti, Centenario, Cinco Saltos y Plottier, aunque también realizan entregas programadas a ciudades más alejadas como Villa Regina o Cutral Co y Plaza Huincul. Y el objetivo es seguir expandiéndose.

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Todos los días abre un restaurante nuevo, una pizzería o algún local gastronómico. Y nosotros queremos estar ahí”, cuenta Sergio, convencido de que el auge en la región también abre nuevas oportunidades para el emprendimiento.

Los desafíos del camino

A pesar del arranque exitoso, el proceso no estuvo exento de desafíos. El primero apareció casi de inmediato: convencer a la gente de incorporar el producto a su alimentación.

Sergio entendió rápido que el problema no era solamente vender el producto, sino también romper con una cuestión cultural. Durante años, los hongos no tuvieron un lugar protagonista en la cocina cotidiana argentina. “Mucha gente no sabía ni qué era una gírgola o cómo cocinarla”, explica.

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Por eso, además de enfocarse en la producción, comenzaron a trabajar en la difusión y en generar hábitos de consumo. Incorporaron recetas en sus redes y en su página web para que quienes compraran pudieran aprender formas simples de prepararlos. “La principal excusa era: ‘No sé cómo cocinar hongos’. Entonces decidimos darles también esa herramienta”, recuerda.

A eso se sumó otro desafío importante: garantizar constancia. Muchos restaurantes desconfiaban porque los hongos son un producto que comúnmente se asocia a determinadas épocas del año. Por eso Sergio decidió apostar a algo distinto: producción fresca durante todo el año. “En todo este tiempo no hubo un solo día en que dejáramos de entregar producto”, asegura Sergio.

Un proyecto reconocido

Ese compromiso terminó siendo una de las claves para consolidarse rápidamente en la región. Mientras el emprendimiento iba tomando forma, también comenzó a ganar reconocimiento fuera del circuito comercial.

En 2025 participaron de un certamen nacional de emprendedores y quedaron seleccionados entre los diez mejores proyectos de Neuquén, compitiendo con cerca de 200 participantes. Aunque no obtuvieron el premio final, Sergio recuerda esa experiencia como una validación importante que los motivó a seguir creciendo. "Nos fue muy bien, la gente reconoció el proyecto y nos felicitó por cómo lo habíamos desarrollado", dice.

A eso se sumó otro logro clave: la certificación oficial de productos libres de gluten. Si bien los hongos naturalmente son aptos para personas celíacas, contar con ese respaldo formal les abrió nuevas puertas para trabajar con empresas dedicadas a la elaboración de viandas y comidas especiales.

Factor clave: el apoyo familiar

Aunque Sergio es la cara visible de Patagonia Hongos, el proyecto también creció gracias al acompañamiento de sus hijos. Su hija se encarga de las redes sociales, los videos y parte del marketing, mientras que su hijo participa aportando ideas y acompañando el emprendimiento.

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Esa dinámica familiar estuvo siempre presente. Cada vez que alguno decidía emprender en algo nuevo, el resto acompañaba desde el lugar que pudo. Y en el caso de Patagonia Hongos, ese respaldo fue fundamental para que Sergio se anime a apostar por una idea completamente distinta a todo lo que había hecho antes.

“Somos de apoyarnos mucho entre todos”, cuenta y confiesa que a pesar de nunca haber imaginado terminar dedicándose a la gastronomía, siempre encaró todos sus proyectos con "mucho amor y mucha pasión".

Un proyecto para no quedarse quieto

Durante décadas, Sergio trabajó en el rubro de tecnología. Tiene su propia empresa que se especializa en seguridad eléctrica y cercos electrificados desde hace casi 30 años y toda su vida estuvo ligada a eso, muy lejos del universo de los hongos.

Sin embargo, desde hacía tiempo venía pensando en el futuro. Siempre quiso construir algo propio que pudiera acompañarlo el día que llegara la jubilación. No como una obligación, sino como una forma de mantenerse activo. Y Patagonia Hongos apareció como respuesta a esa inquietud.

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Hoy sus días combinan ambas actividades: trabaja en la empresa como siempre hizo, pero también organiza pedidos, controla la producción y después sale a hacer entregas por distintos puntos de la región. Las jornadas son largas, pero lejos de verlo como un sacrificio, Sergio siente que encontró algo que realmente lo apasiona.

“Uno termina cansado, pero vivo. No soy de esas personas que se sientan en un sillón a ver una serie completa, no va conmigo”, sostiene, feliz de haber encontrado un proyecto que, casi sin buscarlo, terminó dándole un nuevo propósito a sus días.

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