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Empezó vendiendo ensalada de frutas en el río con una conservadora prestada y hoy sueña con abrir su propio local

Después de perder su trabajo, buscó la forma de generar ingresos y terminó ganándose un lugar en las principales ferias de la región.

Quedarse sin trabajo suele ser una situación difícil de atravesar, pero para Josefina fue el puntapié para empezar de cero. Con una conservadora prestada y mucha convicción, creó un emprendimiento dedicado a la venta de licuados, ensaladas de frutas y productos frescos que hoy sigue creciendo y sueña con dar el gran salto hacia un local propio.

Josefina Villaverde tiene 22 años, nació en Cipolletti y estudia Administración de Empresas en la Universidad de Flores (UFLO). Mientras cursa la carrera, divide sus días entre la facultad, la organización de ferias, la compra de insumos y la planificación de un proyecto que en poco más de un año, terminó convirtiéndose en mucho más de lo que imaginó.

A principios de 2025, después de trabajar durante la temporada previa a las fiestas en un local de ropa, la caída de las ventas durante el verano llevó a la empresa a despedirla. Para muchos, ese momento habría significado volver a repartir currículums y comenzar una nueva búsqueda laboral, pero Josefina decidió tomar otro camino y generar ingresos por su cuenta.

Una opción innovadora

La inspiración llegó de un lugar que conocía muy bien: el Paseo de la Costa. Cada vez que visitaba el río veía una postal que se repetía una y otra vez. Los vendedores ofrecían tortas fritas, churros, panes rellenos y otras opciones tradicionales que suelen acompañar las tardes al aire libre.

Aunque eran productos muy elegidos por el público, Josefina sentía que faltaba una alternativa distinta, especialmente durante los días de más calor. "Veía que había muchas cosas ricas para comer, pero nada fresco", recordó.

Con esa idea en mente decidió apostar por un producto simple, pero poco habitual: ensaladas de frutas. Aprovechó los conocimientos que había adquirido en trabajos anteriores vinculados a la manipulación de alimentos y se lanzó a probar suerte.

Josefina Greenville (3)

Le pidió prestada una conservadora a su mamá, una de esas que cargan con varios años de uso y que ni siquiera contaba con ruedas para facilitar el traslado. Cada jornada implicaba cargarla de manera manual mientras recorría los sectores más concurridos de la costa ofreciendo sus productos a familias, grupos de amigos y turistas.

Durante aproximadamente un mes y medio trabajó de forma ambulante. El esfuerzo físico era grande, pero la respuesta del público no tardó en llegar: salía cada día con la conservadora llena y regresaba a su casa con el stock agotado, una señal de que el plan funcionaba.

El salto a las ferias

Aunque el negocio parecía haber encontrado su lugar en el río, una serie de obras en la zona obligó a Josefina a replantear la forma de trabajar. La venta ambulante ya no era una opción viable y necesitaba encontrar una alternativa para continuar creciendo.

Fue entonces cuando surgió la posibilidad de participar en la Feria de la Economía Social de Cipolletti, lo cual implicaba un cambio importante: "antes yo iba hacia la gente, ahora la gente podía venir hacia mí".

Josefina Greenville (4)

La propuesta llegó acompañada de una cuota importante de incertidumbre. Ni Josefina ni su familia tenían experiencia en ferias, por lo que prácticamente todo sería aprendizaje sobre la marcha. Aun así, decidieron intentarlo y así nació Greenville (@greenville.sabores).

Los preparativos fueron tan improvisados como ingeniosos. Un día antes de la primera jornada de feria, compraron un gazebo y, como no contaban con mesas para exhibir los productos, recurrieron a una solución de emergencia: utilizar el escritorio de su hermana.

Nuevamente la respuesta del público superó todas las expectativas: las ventas fueron tan buenas que se quedaron sin insumos. Con el paso de los meses, a las ensaladas de frutas se sumaron los licuados, que terminarían convirtiéndose en el producto estrella.

Josefina Greenville (2)

Pero el verdadero punto de inflexión llegó con su participación en Neuquén Emprende, una de las ferias más importantes de la región. Allí Greenville alcanzó cifras que hasta entonces parecían difíciles de imaginar. "Rompimos la barrera de los 200 licuados por día", recuerda.

El sacrificio detrás del crecimiento

Más allá de las ventas, aquella experiencia le permitió comprobar algo fundamental: el emprendimiento era rentable y tenía potencial para seguir creciendo.

La participación en eventos cada vez más grandes también impulsó nuevas inversiones. Llegaron más gazebos, conservadoras, un generador eléctrico, carritos para trasladar mercadería y distintos elementos que permitieron mejorar la logística y afrontar jornadas de trabajo cada vez más exigentes.

Sin embargo, detrás de ese crecimiento también hubo sacrificios. Durante mucho tiempo, todo el dinero que ingresaba se volcaba completamente al emprendimiento. Mientras otras personas de su edad cobraban un sueldo fijo y podían destinarlo a sus gastos personales, Josefina eligió reinvertir cada peso para seguir fortaleciendo Greenville.

La decisión implicó resignar muchas cosas. Salidas, compras personales y pequeños gustos quedaron en segundo plano frente a la necesidad de seguir construyendo una estructura que le permitiera crecer. Además, debía convivir con una incertidumbre que no existe en los trabajos tradicionales: "con un trabajo formal vos sabés que a fin de mes vas a cobrar determinado sueldo. Cuando emprendés no tenés esa seguridad y muchas veces apostás todo a que el proyecto funcione".

A pesar de las dificultades, sostiene que nunca pensó en abandonar. Por el contrario, cada pequeño avance la ayuda a reforzar la sensación de que estaba construyendo algo propio y que es el camino correcto.

El apoyo familiar: una pieza clave

Aunque Greenville nació como una iniciativa personal, Josefina confiesa que su crecimiento no habría sido posible sin el acompañamiento de su familia. Su padre se convirtió en una pieza fundamental de la logística diaria: la ayuda a trasladar equipos, montar los puestos y resolver cuestiones operativas. Cuando las ferias o los eventos se multiplican, sus hermanos también se suman para colaborar.

Josefina Greenville (1)

Mientras tanto, su abuela es la responsable de algunos de los productos más recientes incorporados al menú, como los pastelitos caseros que tuvieron gran aceptación en Confluencia de Sabores. "Empezó como algo puntual para una feria y terminó quedándose", cuenta.

Pero el aporte familiar fue mucho más allá de la ayuda práctica. También representó un sostén emocional durante los momentos de incertidumbre. En los primeros meses, sus padres pensaban que la venta de ensaladas de frutas sería una actividad pasajera mientras conseguía otro empleo. Sin embargo, a medida que el proyecto creció comenzaron a comprender que la apuesta iba en serio. Hoy acompañan cada decisión y celebran cada avance de su hija.

Animarse a dar el primer paso

A la par que Greenville va creciendo, Josefina también avanza con sus estudios. Aunque todavía le quedan materias por cursar, asegura que cada conocimiento adquirido encuentra rápidamente una aplicación práctica en el emprendimiento, desde cuestiones vinculadas a la organización y la gestión hasta herramientas para pensar la formalización y expansión del negocio.

Además, participa de capacitaciones para emprendedores y ya comenzó a dar algunos pasos importantes, como el registro de la marca. A futuro, su objetivo es seguir fortaleciendo la estructura del proyecto, acceder a más equipamiento y, eventualmente, abrir un local propio.

ECP JOSEFINA GREENVILLE

Sin embargo, más allá de los planes y las metas, hay una enseñanza que resume el camino recorrido desde aquel día en que se quedó sin trabajo y decidió salir a vender ensaladas de frutas con una conservadora prestada. "No va a ser perfecto desde el primer día. Si tienen una idea, arranquen cuanto antes. Si esperás a que el momento sea oportuno, nunca vas a emprender", reflexiona.

A poco más de un año de haber dado ese primer paso, Josefina está convencida de que gran parte del crecimiento de Greenville se explica por haberse animado a empezar con lo que tenía a mano, aun sin certezas ni grandes recursos. Porque, como descubrió en el camino, muchas veces los proyectos más importantes no nacen cuando todo está listo, sino cuando alguien decide intentarlo de todas formas.

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