Calles vacías, algunos comercios abiertos y obreros activos: así se vivió el Día del Trabajador en una Neuquén a media marcha.
El 1° de Mayo amaneció en Neuquén con un silencio poco habitual. Las veredas vacías fueron el mejor indicador: era feriado y se notaba. Sin embargo, no todo fue quietud. En algunos rincones, la jornada laboral se abrió paso en modo discreto.
Los clásicos kioscos de barrio, algunos minimercados y panaderías —casi todos atendidos por sus propios dueños— levantaron sus persianas. En los barrios, el murmullo de las obras en construcción rompió la calma. Algunos trabajadores, ajenos al asueto, mezclaban cemento y clavaban maderas bajo el sol otoñal.
Así se vivió el Día del Trabajador en Neuquén: con calles calladas, manos que igual siguieron trabajando y otras que se dieron un merecido descanso. Una jornada donde el trabajo se celebró —y se ejerció— de distintas formas, a veces en silencio, pero siempre con dignidad.