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Una encuesta revela que la universidad sigue siendo el bastión intocable de los argentinos. Qué pasa con los empresarios y los medios.
Cuando se trata de la confianza de los argentinos en sus instituciones, la grieta no solo es política: también se cuela en cómo la sociedad evalúa los pilares que deberían sostener el progreso del país. Y en estos años hubo cambios rotundos, que parecieran irremontables.
Según los últimos datos de la consultora Zuban Córdoba, las instituciones académicas y de salud pública son como los grandes bastiones de la confianza ciudadana, mientras que los medios de comunicación y el empresariado protagonizan un desplome que deja al descubierto una profunda crisis de credibilidad. La encuesta la hizo sobre la base de 1300 casos a finales de noviembre.
Con un 71,5% y un 71,2% de confianza, respectivamente, las universidades públicas y la salud pública lideran el ranking. Los porcentajes no son casuales. En un país donde la educación superior gratuita es un emblema de movilidad social y la salud pública fue un escudo frente a las crisis, los dos sectores se erigen como símbolos de un Estado que, pese a las falencias, sigue cumpliendo un rol esencial.
El CONICET, con un 64,3% de confianza, se suma a este grupo de instituciones que todavía logran inspirar orgullo. Es que, pese a los problemas estructurales y la falta de financiamiento de Nación, la ciencia y la tecnología son percibidas como motores de progreso.
En el otro extremo del espectro, solo un 29,3% confía en los grandes empresarios, y un contundente 65,6% desconfía de ellos. El dato refleja un malestar que no es nuevo: la percepción de que el sector privado muchas veces opera pensando más en sus propios beneficios que en el bienestar general.
Las universidades privadas tampoco salen indemnes en la encuesta. Aunque tienen un nivel de confianza relativamente aceptable (56,4%), su distancia con las públicas demuestra que la gratuidad y el acceso universal siguen siendo valores que los argentinos priorizan al evaluar la educación superior.
Pero el verdadero colapso se ve en los medios de comunicación y los periodistas, que acumulan un 75,8% y un 72,7% de desconfianza, respectivamente. El nivel de rechazo está marcado por una agenda salvaje de las redes sociales, que puso en crisis la credibilidad de cómo deberían funcionar los guardianes de la verdad y los puentes de información.
En el ámbito político, la oposición también queda mal parada, con un 67,9% de desconfianza. Hay un escepticismo hacia las figuras que deberían representar una alternativa al oficialismo, y también hacia el sistema político en general, que parece no dar respuestas concretas a las demandas de la sociedad.