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Entre frazadas y mates compartidos: así acompañan a personas en situación de calle en el hogar Cura Brochero

En el espacio trabajan psicólogos, operadores y voluntarios que brindan apoyo a hombres atravesados por las adicciones y la vida en la calle.

En las noches más frías de Neuquén, cuando el viento helado atraviesa las calles y dormir a la intemperie puede convertirse en un riesgo, hay un lugar en la ciudad donde todavía queda espacio para los abrazos, las canciones y las segundas oportunidades. Ahí funciona el Hogar Cura Brochero, que recibe a hombres en situación de calle y atravesados por consumos problemáticos, con el objetivo de acompañarlos en un proceso de recuperación y contención.

Puertas adentro no solo hay camas, frazadas y comida caliente. También hay talleres, profesionales de salud mental, operadores que brindan asistencia las 24 horas y personas que decidieron dedicar parte de su vida a ayudar a los demás. Entre ellas está Lourdes Salazar, licenciada en Psicología, quien trabaja en el hogar de manera totalmente voluntaria.

Un abrigo es mucho más que una tela. Es decirle a alguien: No estás solo”, resumió en diálogo con LM Neuquén.

Actualmente, el hogar funciona en calle Crouzeilles 2300 y alberga a unos 45 usuarios, aunque con la llegada del invierno el número suele aumentar. Muchos de ellos llegan después de años viviendo en la calle; otros atraviesan procesos de rehabilitación por adicciones y encuentran allí algo que hacía mucho tiempo no tenían: una cama caliente, una ducha, alguien que los escuche y un espacio donde sentirse contenidos.

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Mucho más que un refugio para dormir

Quienes conocen el Hogar Cura Brochero desde hace años recuerdan que en sus comienzos funcionaba principalmente como un espacio de acogimiento nocturno para personas en situación de calle. Sin embargo, con el tiempo el trabajo comenzó a crecer y hoy el abordaje es mucho más amplio.

Dentro del hogar se desarrollan talleres de carpintería, soldadura y diseño, además de actividades recreativas, musicales y deportivas. También trabajan psiquiatras, psicólogos, profesores y operadores que acompañan diariamente a los usuarios.

“Cuando llegué pensé que era solamente un lugar para dormir, pero me encontré con un trabajo impresionante”, contó Lourdes.

La psicóloga explica que el objetivo es acompañar integralmente a las personas que atraviesan consumos problemáticos y situaciones extremas de vulnerabilidad. “Hay muchos chicos que llegan completamente desconectados de sí mismos, de sus emociones y de su vida”, aseguró.

Por eso insiste en que el trabajo no se limita únicamente a tratar una adicción. “Detrás del consumo hay una persona. Y muchas veces esa persona viene de historias muy duras”, explica.

Psicóloga Lourdes Salazar

Lourdes Salazar, psicóloga.

Historias atravesadas por el abandono y la calle

Dentro del hogar conviven hombres jóvenes y adultos que atravesaron distintas situaciones límite. Algunos llevan años viviendo en la calle; otros perdieron vínculos familiares por las adicciones; muchos crecieron en contextos de violencia o abandono.

Lourdes aseguró que mantiene presente especialmente una conversación que la marcó profundamente. Un día le preguntó a uno de los usuarios cuál era su “zona de confort”. La respuesta todavía la conmueve. “El piso”, le contestó él.

Era un hombre que vivía en situación de calle desde los cinco años y que ya tenía 30. “Su cama siempre había sido el piso de una calle”, contó.

La frase le quedó grabada porque, según dijo, ayuda a entender la profundidad de algunas historias que llegan al hogar. “Para muchas personas, tener una cama, una frazada limpia o poder bañarse parece algo básico. Pero para ellos significa muchísimo”, sostiene.

Y explicó que salir de la calle no es solamente encontrar un techo. “Es aprender otra forma de vivir, volver a confiar, volver a darle valor a la propia vida”, afirmó.

psicóloga Lourdes Salazar
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El trabajo silencioso de quienes acompañan todos los días

Una de las figuras más importantes dentro del hogar son los operadores, las personas que acompañan a los usuarios durante todo el día y que atraviesan junto a ellos cada etapa del proceso de recuperación.

Son quienes están presentes cuando aparecen las crisis de abstinencia, la angustia, los enojos o las ganas de abandonar el tratamiento.

“Las personas que atraviesan consumos problemáticos viven cambios emocionales muy fuertes. Por momentos están bien y al rato pueden sentirse desbordados”, explicó Lourdes. Por eso, una parte importante de su tarea consiste justamente en acompañar a quienes cuidan.

Todos los martes participa de encuentros con operadores donde trabajan herramientas de comunicación, regulación emocional y salud mental. “Muchas veces ellos también terminan agotados o angustiados. Y hacen un trabajo enorme, porque están presentes las 24 horas”, señala.

La psicóloga destaca que muchas veces el rol de los operadores no es suficientemente reconocido, pese a que cumplen una función fundamental.

“El psicólogo tiene un espacio terapéutico puntual, pero el operador acompaña el día a día, el desayuno, las crisis, las recaídas, las charlas de madrugada. Están siempre”, cuenta.

Entre mates, guitarras y canciones

A pesar de las historias difíciles que atraviesan quienes llegan al hogar, Lourdes asegura que dentro del espacio también hay momentos de alegría y de encuentro.

“Cuando llego, muchas veces me esperan con el mate y la guitarra”, relató.

Dice que suelen compartir canciones, conversaciones y momentos simples que terminan generando un vínculo muy fuerte entre todos. “Eso te llena el alma”, aseguró.

Los sábados también participa de distintas actividades dentro del hogar y este fin de semana formará parte de una vigilia por Pentecostés. “Son espacios muy importantes porque ayudan a que ellos vuelvan a sentirse parte de algo”, sostuvo.

Según explicó, muchas de las personas que llegan al hogar pasaron años completamente aisladas o sintiéndose rechazadas. “A veces alguien vuelve a sonreír después de muchísimo tiempo y eso ya vale la pena”, afirma.

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La historia de Lourdes y su vínculo con el padre Ítalo

La historia de Lourdes está profundamente ligada a la iglesia neuquina y especialmente a la figura del padre Ítalo Varvello, un sacerdote muy recordado en la ciudad por su trabajo social y comunitario.

Desde chica estuvo vinculada a él porque su mamá era catequista en la parroquia de Lourdes. “El padre Ítalo tenía una capacidad impresionante para acompañar a las personas”, recordó.

Lourdes contó que el sacerdote creó el programa Belén, destinado a acompañar a mujeres embarazadas que atravesaban situaciones de violencia, en una época donde todavía ni siquiera se hablaba de violencia de género.

También ayudaba a chicas trans y a jóvenes en situación de prostitución, enseñándoles distintos oficios para que pudieran tener otra oportunidad. “Él inició muchísimas obras sociales en Neuquén”, dijo.

Según relató, incluso fue el propio sacerdote quien eligió su nombre antes de que naciera. Un día, cuando su mamá faltó a dar catequesis porque se sentía mal, el padre le dijo que estaba embarazada y que tendría una hija llamada Lourdes.

Tiempo después, los estudios confirmaron el embarazo. “Mi mamá no lo podía creer”, contó entre risas.

Años más tarde, cuando ella tenía 16 años, le preguntó por qué había elegido ese nombre. “Me dijo que era porque iba a tener el don de acompañar a personas que padecen una enfermedad”, recuerda.

Con el tiempo entendió que esas palabras estaban relacionadas con el trabajo que hoy realiza acompañando a personas con consumos problemáticos.

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Una crisis de fe y un camino que volvió a empezar

La muerte del padre Ítalo marcó profundamente a Lourdes. El sacerdote falleció de cáncer y ella atravesó una fuerte crisis espiritual.

“Me enojé muchísimo con Dios”, admitió.

Durante mucho tiempo se preguntó si realmente creía en Dios o si simplemente había seguido al sacerdote porque era una figura importante en su vida. “Después entendí que él había sido mi guía espiritual y que los valores que me enseñó seguían vivos”, analizó.

Recordó que desde chica lo acompañaba a hospitales y actividades solidarias. “Yo no sabía leer, pero él me había regalado una Biblia con dibujos y yo les contaba historias de Jesús a las personas internadas”, relató.

Aquellas experiencias terminaron marcando definitivamente su vocación de servicio.

La decisión de trabajar gratis

Cuando terminó la carrera de Psicología, Lourdes tomó una decisión que sorprendió incluso a personas cercanas. Se acercó al obispo Fernando Croxatto y le pidió poder colaborar con la diócesis de manera gratuita.

“Le dije que quería ofrecer mis servicios, pero que no quería cobrar”, contó.

Así llegó al Hogar Cura Brochero, donde actualmente acompaña tanto a operadores como a usuarios. “No recibo ningún salario. Lo hago porque amo lo que hago y porque creo profundamente en esto”, afirmó.

Y aunque reconoce que trabajar diariamente con historias tan duras puede ser emocionalmente agotador, asegura que recibe muchísimo más de lo que da.

“Un abrazo, un mate caliente, una canción… esas cosas tienen un valor enorme”, sostuvo.

El invierno y las necesidades del hogar

Con la llegada de las bajas temperaturas, las necesidades dentro del hogar comenzaron a crecer.

Muchos hombres llegan con muy pocas pertenencias y sin ropa adecuada para enfrentar el frío neuquino.

Por eso actualmente están solicitando especialmente:

  • Frazadas

  • Camperas

  • Calzado para hombre

“Hay chicos que llegan solamente con la ropa puesta”, explica Lourdes.

Aunque el hogar recibe ayuda de distintos organismos y espacios solidarios, asegura que durante el invierno la demanda aumenta muchísimo. “Siempre hace falta abrigo”, dijo.

“Neuquén sigue siendo solidaria”

A pesar del crecimiento de la pobreza y de las situaciones de calle que se ven cada vez más en la ciudad, Lourdes sostiene que todavía cree profundamente en la solidaridad de los neuquinos.

Recuerda especialmente lo ocurrido durante la pandemia, cuando organizó campañas solidarias para ayudar a personas sin techo. “La gente ayudó muchísimo”, contó.

Y aseguró que todavía hoy sigue encontrándose con vecinos dispuestos a colaborar. “Neuquén es una ciudad muy solidaria”, afirmó.

Mientras el frío se instala cada vez con más fuerza y las noches se vuelven largas para quienes no tienen dónde dormir, en el Hogar Cura Brochero siguen apostando a algo simple, pero enorme: que un mate compartido, una frazada limpia y alguien dispuesto a escuchar puedan convertirse en el comienzo de una nueva oportunidad.

Quienes quieran colaborar con el hogar pueden acercarse a Crouzeilles 2300 o comunicarse al 299 622-8523.

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