La mujer que perdió su casa por los movimiento de una obra lindante asegura que nadie le da respuestas y que la situación la enfermó.
A más de un año de que un movimiento de suelo provocado por una obra lindante en Sargento Cabral al 500 dejara su casa inhabitable, Julieta Olivera sigue viviendo una pesadilla. Lejos de encontrar soluciones, la vecina asegura que el riesgo de derrumbe persiste, que nuevas grietas aparecen con el paso del tiempo y que toda esta situación terminó afectando gravemente su salud física y mental.
Tal como publicó LM Neuquén en una nota anterior, el conflicto se inició cuando comenzaron trabajos de excavación en un terreno lindero. Desde entonces, la vivienda de Olivera sufrió rajaduras, hundimientos y el colapso de parte de sus cimientos, obligándola a abandonar su hogar por razones de seguridad. Sin embargo, según denunció, el problema nunca fue resuelto de fondo y hoy el peligro continúa latente.
“Yo veía cómo rompían mi casa todos los días. Al lado, rompían y rompían”, relató Julieta, quien aseguró haber realizado innumerables reclamos ante el área de Obras Particulares del municipio, sin obtener respuestas. “No me daban bola, no sabía qué hacer. Todo eso me generó un pico de estrés terrible”, recordó.
Las consecuencias no tardaron en aparecer. De un día para el otro, comenzó a sufrir una grave afección en la piel que la obligó a atenderse de urgencia. “Se me puso la cara así de golpe. Fui al hospital, pero no había dermatólogos y tuve que pagar una consulta privada. Esa médica me salvó la vida”, afirmó. Según le diagnosticaron, perdió cerca del 80% del colágeno de la piel, una condición que podría haber derivado en una falla orgánica severa. “Eso me pudo haber causado la muerte”, sostuvo.
Desde entonces, su vida cotidiana cambió por completo. “Hay muchísimas cosas que no puedo hacer: no puedo comer ciertos alimentos, no me puedo bañar con agua caliente, tiene que ser tibia o casi fría, no puedo tomar sol. Me afectó muchísimo”, explicó. A esto se sumaron cuadros de depresión profunda y un debilitamiento general del sistema inmunológico.
Pero el impacto no terminó ahí. Meses después del colapso estructural de la vivienda, Olivera sufrió problemas cardíacos. “Toda esta situación tan extrema y violenta desencadenó problemas en el corazón. Tuve un infarto silencioso”, contó. El episodio ocurrió hacia fines del año pasado. Si bien hoy se encuentra estable, aseguró que las secuelas son irreversibles. “Voy a vivir, estoy bien, pero el daño en mi salud ya está hecho”, remarcó.
El riesgo estructural en la vivienda tampoco da tregua. Este jueves, alrededor de las 19, una nueva fisura encendió las alarmas. “Se rajó otra pared. Yo estaba en mi casa en ese momento. Si bien fue un pedazo que se movió, es el que está arriba del paredón que está flojo y que se va a caer. No sabemos cuándo”, advirtió. Según explicó, cuando eso ocurra podría producirse un efecto de arrastre y provocar un derrumbe mayor.
La preocupación se incrementa por las condiciones climáticas. “El calor y, sobre todo, las lluvias fuertes generan movimiento de suelo y hacen que todo se empiece a despedazar”, dijo. Además, remarcó que en el lugar hay niños, lo que agrava el escenario. “Es una situación extrema, agotadora. Te deja sin fuerzas y te hacen sentir que no valés nada”, expresó con angustia.
En el plano institucional, la vecina aseguró estar completamente desamparada. Envió una carta documento a la Municipalidad de Neuquén, pero nunca obtuvo respuesta. “Desde la Muni y desde el Juzgado de Faltas me dicen que derivaron todo a Fiscalía. Pero en Fiscalía insisten con que no hay delitos”, explicó. También mencionó que la feria judicial retrasa aún más cualquier avance.
Para Olivera, el argumento no se sostiene. “Claramente hay delitos. Hay una obra que provocó el colapso de mi casa y un riesgo inminente de derrumbe”, afirmó y agregó: “Entiendo que la Justicia es lenta, pero acá puede pasar una tragedia en cualquier momento”.
A más de un año del inicio del conflicto, Julieta sigue esperando una respuesta concreta que le devuelva seguridad y algo de tranquilidad. Mientras tanto, convive con el miedo, el deterioro de su vivienda y las secuelas de una situación que, según denuncia, nadie quiso resolver a tiempo.