El tramo conocido como Cortaderas que hará en tres etapas en la Ruta Provincial 7 que ya está al 25% de ejecución. Deuda saldada de la obra pública.
El avance de la pavimentación de la Ruta 7, en el tramo conocido como Cortaderas, comienza a hacerse realidad en el terreno y también en las expectativas de miles de habitantes que, durante décadas, esperaron una obra de esta relevancia en la provincia de Neuquén.
Con un 25% de ejecución en su primera etapa de 20 km y los primeros tramos de asfalto ya en marcha, el proyecto comienza a materializar una transformación histórica para la conectividad provincial.
“Llegamos para cambiar las cosas y eliminar las injusticias. Por eso iniciamos la pavimentación de la Ruta Provincial 7 en el tramo Cortaderas, en un acto de reivindicación para tantos pobladores del Norte neuquino que durante más de 100 años recorrieron hasta 100 kilómetros de más para llegar por pavimento a la capital”, destacó el gobernador Rolando Figueroa.
Los trabajos se desarrollan actualmente a unos 8 kilómetros del empalme con la Ruta Provincial 5, dentro del tramo que se extiende desde esa intersección hasta el kilómetro 20 de la traza. En este sector, que registra un avance del 25 por ciento, se está ejecutando la carpeta asfáltica entre los kilómetros 8 y 9.
La pavimentación de la Ruta Provincial 7 forma parte de un proyecto integral que contempla un total de 116 kilómetros de asfalto a desarrollar en tres etapas, con el objetivo de mejorar la conectividad entre distintas regiones de la provincia, reducir tiempos de viaje y potenciar el desarrollo productivo, turístico y social.
Más allá del dato técnico, la importancia de la obra radica en lo que representa: un cambio estructural en la manera en que se conectan las localidades del Alto Neuquén con el resto de la provincia.
Hasta ahora, quienes viven en ciudades como Chos Malal, Buta Ranquil o Barrancas debían optar por rutas alternativas más largas para llegar a la capital neuquina. Ese recorrido implicaba, en muchos casos, sumar hasta 100 kilómetros adicionales de viaje por caminos asfaltados. También es una vía directa hacia la ruta 40 que conecta con Mendoza.
La pavimentación de la Ruta 7 viene a revertir esa situación. Una vez finalizada, permitirá reducir significativamente las distancias, acortar los tiempos de viaje y mejorar las condiciones de seguridad vial. En términos simples: lo que hoy demanda horas extra al volante, en el futuro será un trayecto más directo, ágil y previsible.
Este cambio tiene un impacto concreto en la vida cotidiana, no se trata solo de viajar más rápido. La mejora en la conectividad reduce costos, tiempos y desgaste, y acerca oportunidades.
En ese sentido, la Ruta 7 también se proyecta como un corredor clave para integrar distintas regiones de la provincia. No solo conecta el norte con la Confluencia, sino que además puede convertirse en una alternativa estratégica hacia Mendoza, fortaleciendo los vínculos interprovinciales y ampliando las posibilidades comerciales y turísticas.
El turismo es otro de los sectores que se verá fortalecido. El norte neuquino cuenta con paisajes y destinos emergentes que, hasta ahora, han tenido un acceso más limitado. Con otra ruta asfaltada y de menor distancia, se abre la puerta a un mayor flujo de visitantes, lo que puede traducirse en nuevas oportunidades para las economías locales.
Desde el punto de vista simbólico, la obra también carga con un fuerte sentido histórico. Durante más de 100 años, generaciones de habitantes del norte convivieron con la falta de pavimento en este tramo, lo que implicaba aislamiento relativo y desventajas frente a otras regiones. Por eso, el inicio del asfaltado es la señal de una deuda que comienza a saldarse.
Las imágenes que acompañan este momento -máquinas en plena tarea, los primeros kilómetros cubiertos de asfalto, el contraste entre la traza de tierra y el nuevo camino- reflejan ese cambio de época. Son postales de una transformación que combina planificación, inversión y la decisión política de priorizar la infraestructura para la integración territorial.
A medida que avance la obra, el impacto será cada vez mayor. Lo que hoy es un frente de trabajo con circulación restringida y pedidos de precaución para los conductores, en el futuro será una vía clave para el desarrollo de toda la región.
La Ruta Provincial 7, en su tramo por Cortaderas, empieza así a dejar de ser una promesa para convertirse en una realidad. Y con cada kilómetro asfaltado, el norte neuquino “queda un poco más cerca”.