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La escuela ya quedó vieja

Un referente de la educación universitaria opinó sobre los desafíos de los nuevos tiempos. Cómo formarse "para la vida" y seguir aprendiendo siempre.

Ya no es una sorpresa para nadie: la escuela se quedó vieja. Así, aunque en otras palabras, se expresó Alberto Taquini, doctor en Medicina y responsable de la expansión universitaria en Argentina, cuando fue distinguido como presidente de honor de la Academia Nacional de Educación (ANE).

El educador y científico de 91 años identifica tres olas revolucionarias en la formación universitaria. La primera, que lo educó a él, basada en las ciencias y el conocimiento en un sentido más amplio. La segunda; profesionalística, con carreras pensadas para insertarse en las profesiones del modelo productivo. Y la tercera, que ya atraviesa por completo el escenario actual, basada en una revolución científica-tecnológica de la que nadie puede estar ajeno.

El conocimiento ya no se trasvasa de forma unívoca de profesores a alumnos sino que flota en una nube inconmensurable de información digital. Aprender ya no requiere memorizar datos ni fórmulas sino, como lo expresó él, “desarrollar herramientas de autoaprendizaje sostenido en la matemática, el pensamiento crítico, el manejo de la lengua y el manejo de la tecnología”.

Aprender hoy no se limita al trayecto escolar ni a los cinco o seis años de una carrera universitaria. “Somos aprendices toda la vida”, aseguró Taquini, que vaticina un nuevo modelo educativo, con menor demanda en carreras de formación profesional y más inscriptos en carreras cortas que “forman para la vida”.

Taquini afirmó que el modelo de hoy repite formatos del siglo pasado y que necesita actualizarse para responder a las necesidades de los nuevos tiempos. Para el ritmo del sector público, la transformación resulta tan vertiginosa que cuesta espabilar para proponer cambios serios con propuestas consensuadas -pero también adaptativas- que garanticen formación real, útil y equitativa a los estudiantes.

Entre desafíos concretos, como la implementación de la escuela secundaria online y los riesgos más abstractos, como el del transhumanismo que se desprende del desarrollo de las IA, hay un horizonte claro: educar -hoy- es formar sujetos tan críticos como flexibles, que no memoricen información sino que sepan hallarla y juzgarla con una mirada crítica. Y, sobre todo, una mirada humana.

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