Alberto Taquini, referente histórico del sistema educativa, cuestiona la escuela tradicional y advierte sobre cambios en la forma de aprender.
La designación de Alberto Taquini como presidente honorario de la Academia Nacional de Educación reactivó una discusión sobre el presente y el futuro de la enseñanza. Con una trayectoria marcada por la expansión universitaria en el país, el académico planteó un diagnóstico directo: el modelo actual ya no responde a la realidad tecnológica ni social del siglo XXI .
El eje de su mirada se centra en una transformación profunda del aprendizaje. La escuela, las universidades y las formas de enseñar aparecen cuestionadas frente a un contexto dominado por la hiperconectividad, el acceso masivo a la información y el avance de la inteligencia artificial.
El planteo parte de una distinción clave: no es lo mismo educación que instrucción pública. Este último concepto, asociado a la transmisión de contenidos básicos, respondió a una etapa histórica donde el objetivo era alfabetizar. Hoy, el escenario es otro.
El sistema sigue estructurado sobre una lógica pensada para una vida corta y lineal, mientras que las nuevas generaciones enfrentarán trayectorias más extensas, cambiantes y complejas. La idea de aprender durante una etapa limitada ya no alcanza.
Un modelo educativo que pierde sentido
“Estamos frente a un cambio copernicano”, afirma Taquini. La frase sintetiza una transformación que no se limita a los contenidos, sino que alcanza la forma misma de aprender. El foco deja de estar en acumular conocimientos para pasar a desarrollar la capacidad de aprender de manera permanente.
El aula tradicional, organizada en torno a la transmisión vertical del docente hacia el alumno, empieza a mostrar límites evidentes. La disponibilidad de información en tiempo real cambia la dinámica y cuestiona ese formato.
El avance de la tecnología aparece como un factor central en este proceso. La expansión de Internet y el acceso a dispositivos móviles generan un entorno donde el conocimiento ya no está concentrado en la escuela.
Inteligencia artificial y nuevas formas de aprendizaje
Más del 70% de la población mundial cuenta con conexión, lo que configura un escenario donde los estudiantes se vinculan con contenidos de manera constante, dentro y fuera del aula.
En ese contexto, la inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante. “Así como hoy las plataformas son imbatibles en ajedrez o en Go, dentro de poco van a enseñar Matemática, Historia o Filosofía con una calidad muy alta”, plantea. Este cambio plantea nuevas preguntas. El aprendizaje formal demanda menos tiempo del que ocupa la jornada escolar, lo que deja en evidencia una estructura que incorpora actividades sin una lógica clara.
“Estamos ante un game over del modelo educativo actual”, señala. La expresión marca un punto de ruptura: seguir analizando el sistema tradicional ya no resulta suficiente. La discusión pasa por habilitar modelos alternativos, apoyados en tecnología y evaluados con criterios equivalentes.
El desafío argentino y el futuro de las universidades
La mirada sobre la Argentina es crítica. El sistema aparece descrito como rígido, con dificultades para adaptarse a los cambios. La imposibilidad de completar la educación secundaria de manera completamente online funciona como un ejemplo de esa inercia.
La caída en la tasa de natalidad y el peso del gasto educativo abren otro frente de discusión. La cuestión ya no pasa solo por cuánto se invierte, sino por cómo se utilizan los recursos.
En el ámbito universitario, el análisis combina reconocimiento y cuestionamiento. La expansión impulsada en las décadas pasadas permitió descentralizar el acceso a la educación superior y generar desarrollo en distintas regiones del país. Sin embargo, el presente muestra tensiones. La baja eficiencia, la existencia de carreras con escasa demanda y el uso político de las estructuras universitarias aparecen como problemas a resolver.
“Las universidades necesitan transparencia y financiamiento orientado a resultados”, sostiene. La propuesta apunta a priorizar proyectos con impacto real y a redefinir criterios de asignación de recursos.
El diagnóstico es claro: la escuela atraviesa una etapa de transición. La discusión ya no gira solo en torno a contenidos o métodos, sino sobre la forma en que se construye el aprendizaje en un mundo atravesado por la tecnología.
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