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Hugo Carballo abre de todos los día, las puertas de su local de antigüedades en General Roca con las mismas expectativas, esperando que sus clientes vuelvan a conectarse con su historia y quizás con la dimensión de su infancia.
Reciben al visitante ya desde la vereda, una antigua máquina de coser Singer a pedal, un canguro de fibra de una vieja calesita, una enorme bordalesa y montones de latas de productos que, hace tiempo, ya dejaron de vender aún los almacenes más tradicionales.
Un vieja y angosta puerta conduce al interior del local, en cuyas estanterías se destacan sobre el conjunto, patentes antiguas, repuestos y accesorios de automóviles antiguos, botellas de gaseosas, discos de vinilo, revistas y afiches de películas de cine. Desde su lugar preferido del local, Hugo se remonta con su relato al inicio de todo cuanto lo rodea.
“Mi historia con las antigüedades comenzó junto a mi padre con quién compartía esa afición. Mi padre era mecánico de la época de los Ford-T, Ford – A y de muchos otros automóviles antiguos, así que como yo lo acompañaba a buscar repuestos, me fui familiarizando con todo ese tema, además, mi papá fue corredor de Ford- T en la década del 50´acá en Gral. Roca. Mi padre me llevaba siempre a una “Chacarita” de repuestos que se llamaba “Casa Lontrau”. Para mí, aun teniendo 10 años, era maravilloso aprender a reconocer todas esas piezas de las distintas marcas de automóviles y ahí se inició mi interés por las cosas antiguas", dijo.
A2 los quince años inicié mi primera colección y fueron cajas de fósforos y algunas etiquetas de cigarrillos. A eso le sumaba repuestos raros y antiguos que conseguía siempre en esa enorme “Chacarita”. Después vino la época de la colimba, me casé haciendo la conscripción y ya mi mujer me conoció con ese “vicio” del coleccionismo, que es todo un tema ese cuando se comparte entre dos. Con el tiempo agregué a mis colecciones cosas de las chacras como afiches de cajones de fruta, de vinos de la zona y fichas de recolección”, explicó.
La historia de los museos comenzó con los coleccionistas. En la antigüedad, los reyes acopiaban objetos y piezas que recibían como obsequios o que obtenían por encargo y finalmente terminaban convirtiéndose en museos. A pequeña escala, a Hugo Carballo le pasó algo similar.
“La idea del museo me surgió como a todas las personas que empezamos coleccionando algo. Empezamos formando un pequeño museo en nuestra casa. Yo tenía mi propio rinconcito, que es otro de los temas, porque no a todos los dejan armar algo así, no sé si me explico", dijo.
"En 1988 junto a otros amigos hicimos un Encuentro de Folklore a nivel patagónico acá en Roca llamado “Trahún-Huilliche”. En esa oportunidad convocamos únicamente artesanos locales, que producían materiales típicos de la zona, como los sogueros, la gente de telares artesanales, mimbrería y cosas así. Mientras estábamos haciendo el encuentro me hizo un “click” en la cabeza y pensé en hacer algo permanente y al otro día ya quería armar algo para poder mostrar y compartir", expresó.
"Llegamos a hacer más de 46 exposiciones a lo largo de toda la provincia de Río Negro, mostrando todas las piezas que habíamos recolectado con temáticas de automóviles antiguos, elementos de trabajo de las chacras, herramientas tradicionales de trabajadores rurales y de las tareas propias de campo y cosas así. Todo absolutamente ad honorem y financiándolo nosotros mismos. La muestra más grande la hicimos en Las Grutas en la que exhibimos más de 4.000 piezas", siguió.
"Cuando llegó el momento de ponerle el nombre al museo, mi amigo Chiche Maicá del Museo Vintter, me prestó un libro de Don Esteban Erize, que resultó ser uno de los diccionarios mapuches más completos que existen y ahí surgió la idea de llamarlo “Pullu” que quiere decir Alma y “Fuchá” que quiere decir viejo, es decir “El Alma de los Viejos”, aclaró.
Hoy que está de moda más que nunca el negocio de las antigüedades, a partir de las series como “El Precio de la Historia”, podemos darnos una idea aproximada del auge de este rubro, que suma cada día más adeptos.
“La palabra anticuario creo que me queda grande, yo en realidad me considero un recopilador de cosas y una persona que ha podido aprender mucho en la vida. Actualmente estoy relacionado con muchas personas de casi todo el país con los que compartimos la pasión por lo que hacemos y a muchos los he iniciado en este maravilloso mundo, tanto como coleccionistas o bien como comerciantes de coleccionismo", expresó Carballo.
"Con respecto al ramo de Automovilismo empezamos con el auto con el que corría mi papá que quedó acá en la familia, después compramos otros autos antiguos un Studebaker, una Ford-A Camioneta. Los Carballo ya venimos relacionados desde siempre con los autos antiguos y hoy mismo soy integrante del “Club de Antigüedades Móviles de Gral. Roca”, indicó.
La historia del Alto Valle podemos hallarla no sólo en los libros y manuales de historia; también en una enorme diversidad de objetos que reflejan el pulso pujante de la región y las características de las actividades productivas más representativas de su tiempo.
“Es muy interesante lo que pasa con los coleccionistas de objetos de los Viñedos y las Chacras. Empezando por el tema de los Viñedos hay en la zona coleccionistas muy importantes como Carlos Murray de Beltrán, otro amigo que se nos fue hace poco, Concetti, que tenía una hermosa colección de etiquetas de bordalesas. Después tenés a los coleccionistas de Mendoza y de San Juan que siempre tuvieron, muchas más bodegas que nosotros, a pesar de que acá en la región existieron también en su momento también mucha cantidad. Hasta el año 1969 por lo menos aún existían negocios que te vendían el vino suelto en las bordalesas y hoy esas etiquetas son muy buscadas", relató Carballo.
"De las Chacras se coleccionan una rueda de carro, un arado, un aporcador, una rastra de disco cv y hasta un sulky que generalmente se pueden ver en los jardines como decoración. Siempre digo que mientras exista un coleccionista no muere el espíritu de los galpones, las bodegas, los talleres y del recuerdo de todas esas actividades”, aseguró.
Los vaivenes económicos del país tuvieron su impacto lógico en todas las actividades económicas abarcando y afectando lógicamente hasta los más quijotescos emprendimientos de los “locos soñadores” como Hugo y su familia.
“A partir de principio de los 90 no nos fueron bien las cosas económicamente y no pudimos salir a hacer las muestras así que instalamos el museo acá en nuestra casa. Dos enormes salones con más de 4900 piezas, todas distintas y lo tuvimos abierto por tres años más o menos. A pesar de que lo promocionamos, colegio por colegio y escuela por escuela, no tuvimos mucha respuesta y lo tuvimos que cerrar. Ahí empecé yo con el negocio de las antigüedades, aunque el núcleo principal de ese museo ahora está en otro museo privado de acá de Roca", dijo.
El rubro de los anticuarios es en definitiva el valor del pasado y su proyección inmediata sobre la cuál Carballo opina con cautela.
“El futuro del coleccionismo creo que se dará en virtud de los intereses de las nuevas generaciones. Hoy están a full las colecciones de fichas de esquila, las estampillas, las monedas y los billetes antiguos. Se coleccionan mucho los “muñequitos” pero también destapadores, ceniceros, llaveros y muchos objetos de la vida cotidiana", señaló.
"A más de uno cuando entra acá se le escapa una lágrima, cuando ve por ejemplo una botellita de gaseosa de la década del 40 como las que tomaba cuando era pibe. Tenemos clientes prácticamente de todo el país que vienen a visitarnos o que nos contactan", agregó.
"Uno siempre piensa que va a pasar con todo lo que tiene, es algo que se preguntan todos los coleccionistas, si las nuevas generaciones cuando los viejos no estén más, van a terminar tirando todo a un volquete o malvendiendo lo que tienen. Nosotros les aconsejamos siempre investigar sobre lo que les han legado porque muchas veces en los hogares existen verdaderos tesoros", dijo el coleccionista.
"La pandemia nos pegó fuerte a los que nos dedicamos a este ramo pero hemos logrado reconvertirnos y con un grupo de amigos Gustavo López de Fernández Oro, Aldo Precoma e Irma Barazzutti de Villa Regina, Gloria Lucero de Allen y Mirta Cuando organizamos un circuito de Ferias de Antigüedades que comprende Villa Regina, Gral. Roca, Allen, Fernández Oro y Plottier en la Provincia del Neuquén con vistas a ampliarlo sumando nuevas localidades”, cerró.
Conservando algo de errantes y de bohemios, los feriantes anticuarios apuestan a que el pasado pueda visitarnos una vez más invitándonos a un viaje íntimo, a nuestro tiempo a través de un reloj a cuerda, un maltrecho camioncito “Duravit” o tal vez esa figurita difícil del álbum que nunca alcanzamos a completar.
Para comunicarse con el autor, se puede enviar un correo electrónico a lejanatierramia73@gmail.com