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La pareja que dejó el petróleo para vender sus pizzas caseras

Se conocieron en la secundaria, se enamoraron después, patearon el tablero en diciembre y hoy apuestan a su marca gastronómica.

Jeannette Roco y Federico Frugoni son los protagonistas de una nueva historia de valientes, esos que se animan a salir de la llamada zona de confort para desafiar al destino e ir por sus sueños, más allá de la incomodidad y el vértigo que implica jugársela el todo por el todo, en pos de un proyecto.

Ella, con el sello de nacida y criada en Neuquén. Viedmense él, se conocieron siendo compañeros de secundaria, pero se empezaron a mirar de otra manera tiempo después de egresar del CPEM 29.

Luego de recibirse de técnico en sonido y grabación en La Plata y de profesora de inglés, ambos encontraron una salida laboral en una empresa de servicios petroleros de Neuquén: él en el sector de compras y ella como administrativa de cuentas corrientes. Por un tiempo la ecuación funcionó, les permitió irse a vivir juntos, viajar y construir su casa. Pero a partir de 2019, el traje de empleados empezó a sofocarlos.

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"Yo daba clases de inglés en forma particular, pero en un segundo plano. Y siempre estábamos viendo qué hacer. Estábamos cansados de trabajar ocho horas, de tener que cumplir un horario, de pedir permiso. No nos hallábamos en ese rol, queríamos tomar nuestras propias decisiones. Teníamos buenos sueldos, pero no nos alcanzaban para tener un ahorro. Entonces no había una motivación económica, tampoco de tiempo. El laburo nos gustaba, pero no era lo nuestro", dijo Jeannette -en diálogo con LMN- al ponderar las razones que los llevaron a torcer el destino.

Así empezó a cocinarse Masarella, el emprendimiento de pizzas caseras, listas para hornear que desde hace unas semanas ofrecen en formato delivery y take away desde su casa; el primer paso de una marca gastronómica que busca ir más allá de las múltiples recetas con masa y muzzarella.

Nuevamente alejados de las carreras que habían estudiado, Jeannette y Federico pusieron la mira en la gastronomía, dejándose llevar por el amor a la cocina y el placer del buen comer.

"El cocina siempre para los amigos, para la familia. Si no son pizzas, es asado, hamburguesas caseras, lo que venga. A mi me gusta comer rico y cocino muy bien. Pero Fede es el especialista. Es el que hace las masas, yo soy más la que ayuda a armar. Para irnos de viaje o juntar plata siempre cocinábamos para vender: empanadas, canelones. Siempre nos salió bien eso", contó "Jea", como la suelen llamar.

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Federico venía fogueado además por una reciente experiencia en el rubro. "En el 2015 abrió una pizzería en Fernández Oro con unos amigos. Después se apartó porque se cansó de viajar tanto y también de los cortes en el puente. Era más lo que viajaba que lo que le rendía. Así que vendió su parte y el proyecto siguió", manifestó la profesora. "Al día de hoy sigue estando", apuntó él, atento a la conversación. "Si, la pizzería sigue estando, se llama La Rocka", añadió ella antes de retomar la historia de Masarella.

"En el 2019 ya habíamos comprado horno, bandejas, moldes, pero el sueño se pospuso porque pasaron muchas cosas. En ese entonces incluso habíamos visto un local que después no estuvo más disponible", recordó y agregó que también se vieron obligados a posponer el salto por un problema de salud de la mamá de Federico y la pandemia de coronavirus, que los dejó varados en Buenos Aires durante cuatro meses y medio.

"Luego nos mudamos a nuestra casa y pudimos empezar a proyectarlo mejor, porque antes vivíamos en un departamento chiquito. Y a lo largo del 2022 usamos los ahorros para comprar otras cosas que necesitábamos como heladera, amasadora, balanzas, cortadora de fiambre, selladora", enumeró.

Más allá de los preparativos, fue recién en diciembre del año pasado cuando las condiciones estuvieron dadas para juntar coraje, firmar el telegrama de renuncia y entregarse a la nueva aventura.

Más allá de las ganas, asumir el riesgo tuvo una cuota de adrenalina y vértigo. "Nos costó un montón por los miedos, el no tener un sueldo fijo, la obra social, los gastos de la casa. Dijimos: 'Bueno, por unos meses podemos manejarnos con los ahorros, pero después de eso hay que empezar a vender y generar para vivir'. Apenas renunciamos nos fuimos unos días de vacaciones. Nos íbamos a tomar 15 días y al día 12 ya estábamos devuelta acá, ansiosos de empezar a trabajar, preparar las cosas. Estuvimos un mes y medio acondicionando la cocina y apenas terminamos hicimos un día de prueba con amigos y nos largamos", sintetizó.

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La rueda comenzó a girar con pedidos de amigos y promoción del boca en boca, en paralelo con el desarrollo de las redes sociales. "Empezamos a contar por Instagram y Whatsapp a nuestros conocidos que habíamos renunciado y que íbamos a empezar a hacer pizzas. Obviamente nuestros amigos ya sabían", manifestó Jea.

"Esta es la quinta semana que estamos vendiendo y la verdad que venimos bien. Se va sumando gente nueva a partir de recomendaciones. Al principio nos pedían amigos, pero ahora ya hacen pedidos gente que no nos conoce. Van llegando de a poco", enfatizó con entusiasmo.

En cuanto a la modalidad de trabajo, indicó: "De lunes a jueves tomamos pedidos y los viernes nos dedicamos a hacer envíos y los retiros, en el caso de quienes vienen a buscar las pizzas a casa. Las entregamos en un paquete sellado y se pueden hornear en el momento o freezar para comer otro día. La idea es simplificar la vida del cliente, que sea una solución accesible, rápida y fácil para su vida cotidiana", precisó y calculó que - por el momento- van despachando un promedio de 45 pizzas por fin de semana.

Acostumbrados a compartir el espacio laboral, Federico y Jeannette siguen aprendiendo de si mismos, mientras respetan la clave del éxito en su sociedad amorosa y comercial. "Nos llevamos muy bien. Eso siempre lo supimos, pero lo confirmamos en la pandemia, durante la cuarentena. Los dos tenemos nuestros personalidades, pero somos muy tranquilos. Y cada uno sabe en lo que es bueno el otro. Y se lo reconoce. Fede no se mete en mi Excel, ni yo me meto en su receta de pizzas", sentenció entre risas, al revelar su pacto tácito. "Cada uno respeta el espacio del otro. Y si bien compartimos el día a día, cada uno tiene sus actividades después", agregó.

El deseo de abrir una fábrica y expandirse

A mediano plazo, la dupla emprendedora busca sacar el horno pizzero de la intimidad de su hogar e inaugurar un espacio de elaboración diferenciado. "En principio, la idea es tener nuestra propia fábrica. Además, queremos forjar una marca que no se limite solo en pizzas. Al día de mañana nos gustaría sumar otro tipo de comidas para compartir y disfrutar. Este es el comienzo, la idea es crecer", anticipó la encargada de la parte contable y administrativa de Masarella.

"Estamos con mucha confianza y ganas., ahorrando de a poco para poder ir avanzando. Está bueno ser tu propia jefe, las oportunidades están, solo hay que moverse. No es fácil pero tampoco es tan difícil como uno se imagina", dijo haciendo alusión a las barreras mentales que suelen poner trabas e incluso truncar anhelos.

"Siempre hay amigos, familia que te apoyan, que te recomiendan. Sin ese grupo, todo sería más difícil. Los primeros clientes fueron ellos", concluyó, remarcando la importancia de las redes de contención.

Massarella cuenta con una carta de 10 variedades de pizza. Entre las clásicas se encuentran la de muzzarella, jamón y muzzarella, jamón y morrón, fugazzeta, napolitana con jamón, roquefort, tomate, morrón y verdeo. También se destacan la de roquefort, apio y nuez, napolinatana vegetariana y panceta ahumada con verdeo. Los pedidos pueden hacerse vía Instagram (@masarellapizzas) o vía Whatsapp al 0299 155688848.

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