La postal que volvió a latir: la historia de Nati, quien regresó al Monumento a la Madre medio siglo después de su única foto

Llegó a los seis años desde España para reunirse con su padre, fundador de la primera vidriería de la ciudad. Entre canales de riego, bardas abiertas y médanos, fue la "modelo" involuntaria de una época fundacional que hoy revive en su memoria.

Llegó a los seis años procedente de España. No tenía la más remota idea de a dónde iba a venir a parar; solo importaba estar nuevamente juntos en familia. Antonio Almaraz, su padre, ya se encontraba en Neuquén junto a su hermano, Alberto. Transcurría la década del ’50 y, al igual que miles de sus compatriotas, habían huido a causa de la Guerra Civil Española y la posterior dictadura de Francisco Franco.

Natividad Almaraz está hoy a un paso de cumplir sus 81 años. En todo ese trayecto de vida, esta tierra ha significado muchísimo para ella. Basta con abrir su álbum fotográfico -una suerte de película en blanco y negro- para ver a una joven Nati, como la llama su círculo íntimo, posando en los rincones de un sorprendente Neuquén casi virgen.

En esa trama de diminutas postales, que según recuerda se imprimían así debido al altísimo costo que tenían, se la ve posando a modo de cuasi modelo en el Monumento a San Martín, en el canal de riego que corría junto a la calle Independencia, en plena barda cuando recién se abría la Avenida Argentina -camino a lo que hoy es la Plaza de las Banderas-, en el entonces flamante Balneario Municipal con sus escalinatas, junto al primer vehículo comercial de su padre (Vidriera Almaraz, la pionera en su rubro en la capital neuquina) y en el Monumento a la Madre, entre tantas otras historias impresas que atesora.

Precisamente en esa última postal, Natividad se detuvo a evocar los detalles de una de las obras icónicas que retratan la identidad de la ciudad. Después de 59 años, volvió a ese mismo sitio para un nuevo retrato.

"Nunca más había vuelto. La foto la tomó un novio de esa época al que le gustaba mucho sacar fotos, y yo le hacía de modelo", recuerda Nati. El Monumento a la Madre fue inaugurado el 22 de enero de 1967; se alzó en la plazoleta ubicada sobre Avenida Olascoaga -en la intersección con las calles San Martín e Independencia-, cerca de las vías del ferrocarril.

Casi sin imaginarlo, esa imagen guardaba un lazo de arte puro. Tiempo después, Natividad se convertiría en una de las primeras egresadas de la Escuela de Bellas Artes, que funcionó sobre la calle Yrigoyen al 100 y diagonal Alvear al 50.

Migración y nueva tierra

"Soy importada, nací en España", suelta Natividad a modo de presentación. "Mi hermano (Alberto) era 12 años mayor. Mi padre y mi tío vinieron a principios de los años 50. En ese entonces, la migración tenía un sistema: un familiar podía reclamar a otro", detalló sobre lo que fue su arribo a Neuquén.

"En Neuquén ya estaba un hermano de mi papá, y ese hermano lo reclamó primero a él. Con mi mamá -yo tenía cinco años en ese entonces- nos quedamos en España porque su abuelo estaba vivo. Cuando él falleció a los 81 años, comenzamos a hacer los trámites. Al estar mi papá un año y medio en la Argentina, ya podían reclamarnos a nosotras", explicó.

Sobre la calle Independencia se reunió toda la familia Almaraz. Eran nuevos aires de prosperidad en una ciudad casi virgen. "Era un médano y lo hicieron bajar con un tractor. Mi mamá había traído semillas desde España y decía: ‘Esta tierra no da nada’. Después, abonándola, fue otra cosa", cuenta.

La primera vidriería de Neuquén fue obra de Antonio Almaraz, quien junto a su hijo comenzó a escribir su propia historia familiar y comercial. El local dejó su actividad en 1995.

"Originalmente, la vidriería funcionó delante de la casa (Independencia 664). Después se compraron los terrenos que estaban al lado. Él fue el primer vidriero de Neuquén", asegura Nati. "Mi papá y mi hermano hicieron las ventanas y puertas de la primera escuela del Plan Quinquenal en Chos Malal. Después, mi papá aprendió el oficio en la vidriera de Preis en Cipolletti".

Entre arenales y cardos rusos

En sus primeros años de estudio, Natividad cursó en la histórica Escuela N°2, que se ubicaba sobre Carlos H. Rodríguez y diagonal Alvear, por donde pasaron cientos de hijos de pioneros que construyeron Neuquén (hoy, en ese edificio funciona la Escuela de Música).

"Lo que primero recuerdo era que Neuquén era un arenal detrás de otro. Iba caminando de mi casa a la Escuela N°2. Cuando volvía, por la calle Independencia -que era un corredor del viento- veías cómo venían rodando los cardos rusos. Eran de mi tamaño", suelta entre risas.

"Me tenía que ubicar detrás de un árbol porque si no me llevaban puesta. El viento también levantaba las piedritas; en ese tiempo íbamos a la escuela con falda y nos golpeaba las piernas, te picaban. Era tremendo, el clima seco... Yo me siento patagónica, me identifico mucho", acota.

En esa ida y vuelta de recuerdos, Almaraz se traslada a los momentos de su infancia, a las tardes de calesita y a las caminatas hasta el famoso puente carretero. "Los domingos íbamos a la calesita, que quedaba enfrente del actual Banco Provincia. A las tardes de cine se iba de forma ocasional", cuenta.

"Nuestras madres en ese tiempo tenían el hábito de caminar por las vías hasta llegar al puente. Los niños siempre íbamos corriendo, adelantándonos, y juntábamos plantas que crecían a la orilla de las vías. Me encantaba juntar ramitas de crataegus, que tenían unas bolitas. Las traía a mi casa y me entretenía haciendo collares y pulseras que duraban 24 horas", rememora.

La nada misma

La memoria de Natividad funciona como un guion de rica y pura historia. Y en ese paseo que lleva adelante, describió aquella época como si fuese ayer: "Lo más lejos que tenía era la cárcel (por la ex U9, que alojó presos por más de 100 años). Después hacías dos cuadras más arriba, sobre la calle Córdoba, y estaba el cementerio. Era caminar en la arena". Y agrega: "La Avenida Argentina llegaba hasta el Comando y era todo pedregullo".

En otras imágenes que posee aparece Nati en plena barda neuquina, cuando recién se instalaba Canal 7 de Neuquén. “Íbamos a pegarnos una vuelta, a sacarnos fotos. Había hecho la apertura y podíamos llegar hasta donde actualmente se ubica el Cristo de madera. Ese tramo de la avenida lo habían abierto por la instalación de Canal 7", recuerda.

"La calle Dr. Ramón también estaba recién abierta. Y cuando uno iba se paraba y miraba todas las casitas. No había sitios para sacarse fotos...era lo que había. Estaban los monumentos y el centro que tenía algunos árboles”, recuerda.

Por otro lado, también rescató de su memoria el canal que corría paralelo a la calle Independencia: "Había un derivador para las chacras de Estrella. Y había una compuerta en Villegas e Independencia, estaba llenos de álamos".

A puro arte

Tras cursar el nivel primario, Natividad continuó sus estudios en otro establecimiento tradicional: el colegio San Martín, para luego recalar en Bellas Artes.

"Primero hice varios talleres libres y luego ingresé en Bellas Artes, en donde realicé el magisterio. Después se abrió el profesorado". Nati fue parte de la primera camada que egresó de ese centro de artes: "El primer grupo de egreso del profesorado fue con Ana Zitti, Marta Such, Noemí ‘Mimi’ San Agustín, Trini (la fotógrafa)”.

La Escuela de Bellas Artes se ubicó en diagonal Alvear 59 (donde hoy funciona el boliche La Casona). En esa estructura que todavía se conserva, primero funcionó la Escuela Profesional de Mujeres, y durante varios años albergó parte del taller de Dibujo y Pintura de Bellas Artes (otra sección funcionaba en el edificio de La Conrado, en Irigoyen 138), teniendo entre sus profesores a figuras como Emilio Saraco y Elba Elissetche.

Historia, patrimonio neuquino y un nuevo reencuentro

¿Qué se podía hacer un domingo en los años 60 en Neuquén? “Una vueltita al centro”, suelta Nati. "Ese era el único plan que existía para un día domingo También se iba al Cine Español o Belgrano". Y en esa salida de 1967, aprovechó para sacarse una foto en uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

“Tenía 22 años cuando me tomaron la foto en el Monumento a la Madre. Al año siguiente me casé. Fue mi novio el que me sacó la foto; seguro fue un domingo por el trajecito que llevaba”, asegura. El novio en cuestión era Máximo Domínguez, fruto de su relación con quien tuvo dos hijos: Claudia Leonor y Marcos Andrés.

Luego de siete años de convivencia, se separó. En 1977 contrajo nuevamente matrimonio con Ernesto Arturo Serrano, y tuvieron dos hijos: Ernesto Antonio y Agustina María.

"Hay mucha gente que no sabe, pero el monumento fue donado al municipio por la policía provincial. Ellos juntaron el dinero para hacer la obra", revela.

El proyecto tuvo un costo de 496.803 pesos moneda nacional, equivalentes a unos 1.419 dólares de la época, por iniciativa del subjefe de Policía José U. Arriagada y los inspectores mayores Pedro Bianchi y Deolindo Bruce.

"La obra la hizo el escultor Atilio Morosín -quien falleció el 12 de julio de 2001-, que era la figura del momento. Fue algo hermoso porque el monumento en sí tiene un lindo diseño. En algún momento estuvo rodeado de flores, de rosas. Siempre ha sido algo icónico para Neuquén", sostiene.

“Volver a recrear una foto después de tantos años es una experiencia única que nunca imaginé que ocurriría. Era la única foto que tenían junto al monumento", destaca.

"El salir a dar una vuelta en esa época y recorrer los sitios icónicos que había, que eran tan poquitos, habiendo visto cómo ha crecido vertiginosamente Neuquén, me hace darme cuenta de la sencillez de la vida en la que vivíamos. De la forma tan simple en la que se vivía en ese entonces”, reflexiona.

Mujer originaria

Inaugurado el 22 de enero de 1967 -coincidiendo con el Día de la Policía-, la imagen de la madre con su niño fue plasmada en antiguas postales que se enviaban por carta: "El monumento tiene dos metros de altura y fue tallado en piedra Mar del Plata. Representa a una madre Pehuenche, aunque algunos dicen que es mapuche”.

“Entiendo que era una mujer Pehuenche porque eran quienes estaban aquí. Está muy bien representada. Se lo ha respetado mucho, porque nunca sufrió pintadas ni daño", agrega.

Almaraz supo visitar el taller de Morosín en Cipolletti. Y si bien conoció al célebre pintor, ceramista y profesor, también tomó clases con Miguel Barbeito, el escultor, dibujante y pintor que llegó desde Santa Fe y que supo ser director de la Escuela de Bellas Artes de Neuquén hasta su fallecimiento en 2012.

Salidas al Confluencia y los bailes de Pacífico

De fondo en aquella vieja foto asoma también el famoso Hotel Confluencia, que comenzó su actividad en 1905 como el Grand Hotel, y que tras nuevos dueños pasó a llamarse Gran Hotel Confluencia, llegando a tener su propia boîte. Otra forma de sociabilizar eran los bailes que se daban en el club Pacífico.

"Con una amiga de la secundaria siempre nos dábamos una vuelta. Cuando hacía frío nos íbamos a El Ciervo -otro lugar icónico- o al Confluencia, que tenía confitería y bar", recuerda. "Siempre fue más ‘paquete’ y te atendían muy bien. Nos sentábamos en la ventana que daba a la calle Independencia". Aquel emblemático edificio dejó de existir en 1972, cuando se levantó allí la actual Casa Matriz del Banco Provincia del Neuquén.

Seleccionado momentos de sus vivencias Natividad recorre ese Neuquén como nadie. "Otro momento que recuerdo es lo que sucedía frente a la iglesia. Actuaba la banda de la policía que tocaba paso dobles, tangos, valsecitos y algo de música folclórica. No deteníamos a ver la banda, pero era algo que se acostumbraba hacer".

En cada narración y descripción que hace Natividad hay un retrato vivo. Y allí aparecen en primer plano la familia, la vidriería, las aulas de la infancia y las vivencias en ese oasis que era Neuquén, y que ahora se ha convertido en el faro del Mundo en esta parte de la Patagonia.

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