Sin incidentes y con notificaciones de una causa penal por usurpación, la Policía desarmó las carpas y mucha gente se retiró pacíficamente.
Alrededor de las ocho de la mañana de este jueves, patrulleros empezaron a llegar al predio de Pedro Genco y Fogwill. Cerca de 80 efectivos policiales, y personal de GEOP con chalecos reflectantes, ingresaron al terreno para ejecutar la orden de desalojo que pesaba sobre la toma conocida como "La Rosa".
Según pudo constatar LM Neuquén, pese al clima de tensión, no se registraron incidentes. No hubo resistencia: el operativo se desarrolló de forma pacífica, sin forcejeos ni corridas, y en pocas horas el paisaje del predio cambió por completo.
Eso sí, desde temprano hubo notificaciones a los ocupantes desde el Ministerio Público Fiscal por el delito de usurpación, la sola mención judicial hizo que, antes de la llegada de la policía, no haya demasiadas personas.
La orden fue liberada por el juez Juan Manuel Kess por pedido del fiscal Juan Narváez. El fiscal acudió al predio cuando ya estaba vacío alrededor de las 13.30 y le estrechó la mano a los comisarios a cargo del procedimiento.
Los primeros en moverse fueron los propios efectivos, que empezaron a desarmar las casillas precarias levantadas con maderas, chapas y lonas. Entre el descampado de escombros y matorrales secos, se veía a la policía retirando estructuras de palos y nylon, mientras una nube de polvo se levantaba con cada tablón que caía.
Muchos vecinos se quedaron con sus colchones tirados directamente en el piso, a la intemperie, sin tiempo o sin adónde llevarlos. Otros, en cambio, colaboraron de forma pacífica con el propio operativo, ayudando a juntar pertenencias o a despejar el lugar.
En el predio había bebés, madres y niños entre quienes esperaban para retirarse, pero la jornada transcurrió en orden: no se registraron incidentes ni forcejeos, y en varios sectores incluso se vio a vecinos sacándose selfies, como quien documenta el cierre de una etapa.
La salida fue, en general, tranquila: algunos se fueron cargando bolsones de nylon con lo poco que habían logrado salvar; otros dejaron plantados, cerca del espejo de agua que le da nombre a la zona, los postes de madera que iban a sostener alguna vivienda y que nunca llegaron a usarse.
Más que la presencia policial, lo que terminó de convencer a los ocupantes de irse fue otra cosa: el temor a quedar con una causa penal abierta.
Después de que trascendieran las notificaciones por usurpación y la detención de tres personas señaladas como parte de la organización de la toma, buena parte de las familias optó por no arriesgarse a un antecedente judicial.
"Nadie quiere tener una causa", resumió una fuente policial presente en el operativo, en lo que terminó siendo la advertencia más efectiva de toda la jornada, por encima de cualquier despliegue de fuerza.
Hacia el mediodía, el predio de más de seis hectáreas que semanas atrás llegó a albergar a cientos de familias quedaba prácticamente despejado, con la tierra removida, restos de basura, colchones abandonados y algunas pertenencias como único rastro de la ocupación.
El predio de seis hectáreas pertenece a una entidad intermedia y la denuncia la hizo el dueño de un desarrollador, donde se harán dúplex familiares.